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¡Hay duendes en un parque de Santa Fe! 

Si algo le faltaba al Parque Garay santafesino es una inquietante leyenda: duendes traviesos. 

Cuenta la leyenda urbana que, en ciertas zonas del parque Garay, hay duendes que se manifiestan para cuidar la flora del lugar. Algunos parapsicólogos aseveran que esto ocurre porque, hasta 1904, el tradicional espacio verde de la capital santafesina funcionó como un cementerio. Por eso, sería un lugar propicio para que criaturas mágicas se manifiesten

Nuestros amigos de la fanpage Leyendas Santafesinas se animaron a contar un atrapante relato sobre estos duendes.  

Dicen que era Marzo del 2019. Un temporal fuertísimo azotó la ciudad y entre muchas calles y zonas santafesinas, el Parque Garay fue de los más afectados. 

"Trabajaba en la municipalidad y nos mandaron a retirar ramas y lo que quedó de la tormenta. Era un quilombo, de todo tirado. Había muchos pajaritos muertos y troncos de árboles muy viejos. Una lástima. Estaba en una cuadrilla a cargo de la chipeadora que usamos para reutilizar la madera. Trabajaron 70 cuadrillas y se sacaron más de 1000 toneladas de árboles, fueron días movidos y solo se sentía olor a aserrín en las mañanas. Movíamos un tronco de la calle y miro en otro lado del parque a un compañero que corría entre el ramerío”, describe nuestro leyendista. Y continuamos la historia, directamente de boca suya:

—¿Que le pasa a aquel boludo? —pregunté al que me estaba ayudando. 

—Andá a fijarte y traéte el mate. 

Me acerqué y vi que el loco buscaba algo entre todos los restos y los que estaban cerca se reían. Sé que con el viento murieron varias aves, y cayeron nidos de loros, pensé que quizás había uno vivo y lo querían agarrar. 

—¡Un duende Mario, mirá un duende! —le gritó a su compañero mientras levantó un tronco. 

Que los hay, los hay 

El vago me contó que vio a un bicho entre las ramas, que pensó era algún pájaro, pero vio algo corriendo. Un hombrecito, un enano como del tamaño de un gato escapándose entre las hojas. Tenía como un trajecito verde y disparó con ramitas en las manos...  Nos reímos todos. 

Ese día sacamos todo lo que molestaba a la circulación vial y, de noche, pasé en el auto con mi familia, de camino a casa, para mostrarles el desastre que todavía me quedaba para limpiar. 

Está re lavado tu mate, negra—le dije a mi mujer y frené despacito para que los chicos que venían atrás miren como quedó el parque. Habíamos sacado a todos los pajaritos muertos, así que no me preocupé porque miren eso. 

Me bajé un minuto con ellos y en la base de un árbol tiré la yerba y limpié el mate con el agua caliente. Miro de reojo y siento unos pasitos. Vuelvo a mirar y lo veo. Un hombrecito a las corridas. Habrá tenido 30 o 40 centímetros, con un puñado de ramitas que soltó apenas lo vi. Desapareció entre las ramas. Miré la yerba que tiré en los yuyos. Apenas tomé aire y apunté como un loco al lugar donde apareció. 

Después, me enteré más o menos algunas historias de los duendes del parque Garay. Pero yo no creía nada de eso, hasta que lo vi. Me pareció que estaba ayudando a limpiar el lugar, moviendo esas ramitas.  

Al otro día no pude contar nada. Me daba vergüenza. Tampoco pude mirar al compañero, que andaba a las corridas buscando a uno.  

Y, mientras veía a la gente del parque descansando un poco, prendiéndose un pucho y tirándolo al piso me reí y pensé: ¡Sí! ¡Hacé mugre! Total, lo limpian los duendes. 

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