Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El temible hombre-oso argentino 

Dicen que, en el interior de Santa Fe y de otras provincias, anda un aterrador hombre-oso. 

En todo el litoral argentino se habla del Ucumar. Nadie puede narrar con exactitud las apariciones. Solo dan datos de los espantos que este ser provoca. Para quienes lo describen, el Ucumar es un hombre-oso, o simplemente un oso de grandes proporciones con algunos rasgos humanos. Dicen que emite un gemido tan fuerte y cortante que hiela la sangre. En otras ocasiones, imita la voz humana. Cuando los cazadores escuchan una voz que los llama desde lo profundo de los montes, evitan dirigirse hacia allí. Es que Ucumar los llama para internarlos en la espesura y perderlos. 

Escuché a alguien, alguna vez, contar con preocupación, haber escuchado un llamado. Venía desde lo profundo del bosque. Una voz que era familiar, pero no conseguía deducir a quién pertenecía. Que lo llamaba y, ante su concurrencia, la voz se escuchaba cada vez más lejos, adentrándose en el monte. Ese, afirman, es el llamado del hombre-oso. 

En algunos lugares se asocia a Ucumar con el sexo. Dicen que se dedica a raptar jóvenes vírgenes, para aparearse y procrear. Entonces las madres de muchachas montaraces les recomiendan no escuchar el llamado y también no internarse solas monte adentro. En este sentido, otras historias del interior cuentan que una mujer joven suele llamar a los mancebos, internarlos en el monte, aparearse para procrear y luego perderlos.  

Ucumar significa “el viejo hombre del bosque”. Él habita en lo profundo de las cuevas ubicadas en valles alejados. A pesar de su enorme tamaño, sube con facilidad las laderas montañosas o trepa a los árboles en busca de frutos, huevos o pichones de pájaros para alimentarse. En esas zonas montañosas dicen que Ucumar se baña en los arroyos. Cuando termina la ceremonia, deja las huellas de sus pisadas que, al advertirlas, provoca miedo en los solitarios caminantes. 
 
Mitología argentina 

Algunos paisanos tienen a este hombre-oso como una deidad protectora de los montes. Deidad que gusta de asustar a los solitarios caminantes. La espera en algún recodo, desde donde les aparece súbitamente profiriendo horribles alaridos. Como también tendría la habilidad de transformarse en cualquier ser viviente, a veces, convertido en hombre, imita la voz de un conocido de su víctima, llamándolo hacia lugares apartados, hasta que el confiado caminante se pierde en las barrancas. 

se suelen escuchar muchos relatos increíbles de nuestro hermoso interior argentino. Historias de cazadores que erraban disparos a distancias para ellos infalibles, o de persecuciones de extraños animales, o de pescadores que tuvieron lidias con peces gigantes. Parece que, en los diferentes puntos del país, todos temen un encuentro con alguno de estos seres. 

Es notable cómo en las sociedades de todos los tiempos, los mayores han apelado a la fabulación para que, de un modo sencillo, como es el relato oral, se transmitan determinados valores o enseñanzas. Este recurso propio de los europeos de los primeros tiempos y en la actualidad en sectores sociales con menor desarrollo intelectual, también se verifica en nuestra América, sobre todo en grupos rurales o ciudades pequeñas. Así, La Solapa es un pretexto para impedir a los chicos permanecer levantados durante la siesta o el crepúsculo. 

En esa misma línea, el modernismo habla de cuidar el equilibrio ecológico, y preservar las especies en vías de extinción. Pero, al igual que nuestros padres, los aborígenes ya cuidaban el detalle de evitar la caza indiscriminada, atemorizando a los cazadores, utilizando el tabú o generando duendes que todavía tienen vigencia. Seguramente ese es el origen de las fabulaciones como la de este temible hombre-oso.

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