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El origen de los delfines

Unidos, solidarios, siempre en familia, los delfines tienen un origen particular, según el pueblo selk'nam

Los delfines se movilizan juntos para poder ayudarse entre sí. Los selk'nam explicaron la razón. Dependiendo quién lo cuente, puede variar el origen de esa especie.

La leyenda selk'nam cuenta que, hace mucho tiempo, los habitantes de lo que hoy conocemos como Tierra del Fuego se dedicaban a la caza y la pesca para sobrevivir. Algunos eran más dóciles para conseguir el alimento en el mar y otros en la tierra.

Pero todo cambió un día que el cielo comenzó a rugir y la tierra retumbó como nunca lo había hecho. El rugido se repitió varias veces y la angustia invadió a las familias. Mientras algunos creían necesario adentrarse en el territorio, otros aseguraban que lo mejor era ir hacia el mar, mientras que otro consideró que no era necesario hacer nada, porque se trataba de una tormenta que en algún momento terminaría.

Hubo una familia que decidió meterse al agua, pero uno de sus integrantes no sabía. Quería quedarse en la tierra, pero casi que lo obligaron a sumergirse en el mar. Entre todos lo ayudaron a mantenerse a flote y poco a poco perdió el miedo y dejó de necesitar ayuda.

El cielo continuaba rugiendo, pero de repente el mar comenzó a retirarse, hasta que una inmensa ola comenzó a acercarse a la costa y arrasó con todos quienes se habían quedado. En cuestión de segundos no quedó nada, ni nadie.

La familia, desde el mar, fue testigo de la tragedia y todos ellos sintieron tanta tristeza que decidieron no regresar a tierra firme.

Fue así que se transformaron en delfines, animales inteligentes y emocionales, capaz de ayudar a los demás, en recuerdo de no haber podido ayudar a los demás aquella vez que la ola arrasó con todo.

Otra versión

No es esa la única versión del origen de los delfines.

Hay otra historia que cuenta que una familia selk'nam fue capturada por invasores que habían llegado a Tierra del Fuego. Corrompidos por la ambición y la avaricia saquearon y destruyeron todo a su paso, y tomaron prisioneros a quienes se encontraron. Los subieron a un barco y los encerraron bajo la cubierta.

La familia era muy unida y en todo momento buscó la manera de escapar de sus captores. Cuando los invasores se durmieron, se asomaron por una de las aberturas del barco y, con ayuda de la luz de la luna, se dieron cuenta de que el navío se había detenido en una isla, con grandes salientes rocosas en el borde.

En silencio lograron llegar a la cubierta del barco y comenzaron a arrojarse al mar, hasta que llegó el turno de uno de los integrantes, que reconoció que no sabía nadar. Les pidió que lo dejen, pero se subieron al barco y lo arrojaron al mar

El joven comenzó a hundirse y entre todos lograron sacarlo a flote. Lo ayudaron a mantenerse en la superficie y de a poco perdió el miedo, hasta que pudo sentirse cómodo en el agua.

La familia continuó escapando, pero pasaron tanto tiempo nadando para volver a casa que sus cuerpos se transformaron: sus piernas y brazos se convirtieron en largas y ágiles aletas, sus rostros se alargaron y en sus espaldas surgió otra amplia aleta dorsal. Todo esto les permitió nadar de manera más veloz, además de pasar más tiempo bajo la superficie. 

Ahora eran delfines y se sentían completamente cómodos en el agua. A pesar de que lograron alcanzar Tierra de Fuego nuevamente, nunca más quisieron salir del océano.

Dos historias distintas sobre el origen de los delfines, que coinciden en la unión, la solidaridad y el amor de familia para que el otro no transite solo por la vida.

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