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El mito de la Cruz Negra

Un viejo puestero cuida a los viajantes que toman la ruta 40. Pero está muerto, y lo hace desde su lecho, debajo de la Cruz Negra.

Viajeros que se trasladaban en carretas, en los primeros automóviles, o quienes viajan hoy a enormes velocidades. Todos tienen algo en común: al pasar por la Cruz Negra, se paran. Para rendir culto y hacer algún pedido. Confían en que, debajo de este objeto, muy atentamente, escucha Raymundo Palleres, el hábil y leal puestero que sufrió una emboscada a mitad del silgo XIX, perdiendo la vida en el lugar, pero asegurando el resguardo del dinero de su patrón.

Los protagonistas

En esta historia mencionaremos algunos nombres propios que hoy dan nombre a departamentos y distritos de Mendoza. El primero es Eugenio Bustos. Hoy es un distrito del departamento de San Carlos, 100 kilómetros al sur de Mendoza. Pero también hay que tener en cuenta que la historia se centra en el Valle de Uco mendocino. Más precisamente, entre Luján de Cuyo y Tunuyán, pasando por el distrito de Zapata. En fin, presten atención porque aquí en Mendoza, esta historia, es palabra santa.

La leyenda

Eugenio Bustos era un terrateniente de mediados del siglo XIX. Gozaba de un buen pasar económico gracias a la venta de los productos de su estancia. Pero, también, ese éxito se debía al leal trabajo que prestaba Raymundo Palleres. Se trataba del hombre de confianza de Don Eugenio, capaz de dar la vida por su patrón, como veremos en esta leyenda.

Una vez, Raymundo viajó desde San Carlos hasta la Ciudad de Mendoza. Unos 100 kilómetros. Como es de suponer, lo hizo a caballo y acompañado de algunas mulas, ya que debía traer un poco de mercadería. Aunque, en realidad, el motivo de su viaje era cobrar y traerle a su patrón una cuantiosa suma de dinero, correspondiente al previo envío de productos de su estancia, efectuado semanas antes.

Palleres viajó durante dos días hasta llegar a la Ciudad. Cobró el dinero, cargó las mulas, y emprendió la vuelta. Cuando el Sol comenzó a caer, el enviado tomó algunos recaudos. Ató las mulas a su caballo para no perder a ninguna, y avanzó un poco más lento para evitar cualquier accidente. Así continuó durante algunos kilómetros.

Pero en un momento, cuando sólo escuchaba los pasos de los animales que lo acompañaban, sintió la presencia de otras personas o animales. Dicen que el campo avisa. Muchos creen que Palleres debió haber sido advertido por una bandada de teros. Lo cierto es que supo que algo malo estaba ocurriendo. Rápidamente, sacó el dinero de la alforja de su caballo y, dando una acrobacia, la metió en la que trasladaba una de las mulas. Sabiendo que éstos son animales muy inteligentes. La guasqueó por detrás, empujándola para que, sola, llegara a la estancia.

Emboscada

A la otra mañana, Eugenio Bustos se sorprendió al ver llegar, primero a la mula con el dinero, y luego al resto de los animales. Incluso al caballo que trasladaba a Raymundo. Enseguida alistó su caballo y se dirigió hacia la dirección desde donde habían llegado lo animales. Al cabo de unos 30 kilómetros halló tendido y desangrado a su puestero predilecto. A unos pocos metros estaba su facón y, mucho más allá, yacía un malhechor. Al acercarse, Bustos entendió todo.

Se trataba de un grupo de hombres que emboscaron a Palleres. Por las huellas en el camino y los rastros en la escena, debieron haber sido 4, al menos. Raymundo sólo pudo acabar con uno, los otros acabaron con él. Sin embargo, Bustos reconoció la inteligencia y la fidelidad de su puestero, el cual envió el dinero con la mula y dio su vida por su patrón.

La Cruz Negra

Eugenio Bustos decidió enterrar a Raymundo al costado del camino, ya que ese era el sitio que más visitaba, teniendo en cuenta que había hecho ese viaje durante toda su vida. Sobre su lecho, una enorme Cruz Negra quedó adornando la escena, hasta el día de hoy.

Desde aquel momento, miles de devotos pasan por el lugar y dejan carteles, peticiones, botellas de agua y otro tipo de elemento, confiando en la Cruz Negra, o en Raymundo Palleres.

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