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El misterio de Ana Frank en Córdoba

Te contamos la historia de la escultura característica de la ciudad que tiene muchísima historia, tal como su homenajeada. Se trata de la clásica obra que homenajea a Ana Frank, ubicada en Plaza España.

Esta escultura de Ana Frank fue hecha en 1995 y, desde ese momento, se encontró ubicada frente a Plaza España, al inicio de la Av. Deodoro Roca. Es un homenaje de la colectividad judía de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) y fue realizada por un escultor cordobés de renombre. En 2013 el monumento fue vandalizado y su cabeza arrancada, lo que generó controversias e indignación colectiva. Sin embargo, ese fue el comienzo de una historia llena de idas y vueltas.

Un desastre

Para sanar los daños causados y que todo vuelva a la normalidad, la municipalidad encargó una réplica a quien era tenido por el autor de la obra de acuerdo con los registros disponibles. Esto sucedió en el año 2015 y el responsable de la restauración fue el arquitecto Isaac Nahmias, supuesto autor de la obra original. Él es el exvicepresidente de la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas). La réplica demoró varios meses y, en el momento de la inauguración de la escultura, surgieron nuevas controversias...

El acto inaugural se dio el 12 de junio, con motivo del 85° aniversario del nacimiento de Ana Frank. Cuando el intendente Ramón Mestre y dirigentes de la comunidad judía dieron a conocer la nueva escultura, todos quedaron sorprendidos. ¿El motivo? El nulo parecido del nuevo rostro con el de la figura homenajeada, la poca semejanza entre la obra anterior y la actual y, además, la falta de proporción entre la cabeza y el cuerpo de la estatua. 

Nada volvió a ser lo que era

Entre las críticas y la desilusión, los medios locales y el pueblo argumentaban en contra del nuevo homenaje. La obra quedó desproporcionada y no respetaba la escala humana; el cuerpo de la figura expuesta era robusto, mientras que la niña homenajeada era delgada. Y miles de diferencias entre lo que era y en lo que se convirtió esta obra de arte. Para el momento de las críticas, surgieron chistes e historias en torno a la escultura. Incluso muchos trajeron a colación el recuerdo de la señora que restauró el Ecce Homo de Borja.

La verdad de la milanesa

Pero, entre tantas idas y vueltas de la escultura, un dato excepcional salió a la luz. El verdadero autor de la obra no fue Isaac Nahmias, quien se encargó de la restauración, sino el mismísimo Carlos Beldever. Gracias a los incidentes, se supo quién había sido el verdadero artista. La historia verdadera es que Nahmías lo contrató y que, luego de haber hecho la obra maestra, ni siquiera fue invitado a la inauguración oficial (1995). Además, en la segunda inauguración (2015), el arquitecto recibió varias plaquetas de reconocimiento por un trabajo que, en realidad, no le pertenecía.

Al poco tiempo, y para restaurar el orden dejando a toda la población tranquila, se convocó al autor original de la obra para que restaure la cabeza de Ana Frank, cosa que logró con soltura, regalándole a la ciudad una escultura digna de admiración.

Volver a empezar

Sin embargo, esto no termina acá. Con toda su trayectoria de engaños, plagios y refacciones, la escultura de Ana Frank se volvió un ícono de Córdoba. Se trata de una de los pocos bustos que ya va por su tercera cabeza. Pero la historia renace una y otra vez como el ave fénix. Este año un portero halló la cabeza original de la estatua, y los mitos sobre la escultura salen a flote.

Luego de siete años, apareció la cabeza que había sido extraída allá por el año 2013. El protagonista de este hallazgo fue un portero que la descubrió mientras iba a buscar su moto, caminando por calle Obispo Oro al 450, de barrio Nueva Córdoba.

“Cuando la vi la pateé pensando que sería telgopor, pero como era algo duro me acerqué a ver de qué se trataba. Cuando vi la escultura la guardé porque me pareció familiar”, aseguró Juan José Torres. Cuando regresó a trabajar este martes a la mañana, se comunicó con autoridades de museos para contarles del hallazgo. Entre risas, contó que autoridades de diferentes museos “se estaban peleando por quien se la llevaba”. Finalmente, se la llevó Alfonso Uribe, de la Agencia Córdoba Cultura.

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