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El castillo oculto que apareció en Villa Crespo

Con la demolición del puente de Juan B. Justo, el paisaje urbano tiene ahora un castillo que esconde un sinfín de historias.

Durante 50 años, quien transitaba por la Avenida Juan B. Justo, en la Ciudad de Buenos Aires, se topaba con un puente vehicular a la altura de los barrios de Villa Crespo y Palermo. Dos años atrás, ese puente fue demolido en el marco de un proyecto para elevar las vías del ferrocarril San Martín. Este hecho, por supuesto, cambió la fisonomía del barrio. Sin embargo, hay una construcción en particular que llama la atención de automovilistas y transeúntes: un castillo que sobresale entre las medianeras de las casas. Un castillo abandonado. Pero ¿cuáles son las historias que oculta?

Desde la Avenida Córdoba se las ve claritas: tres torres que parecen surgidas de la nada, pero cuyo aspecto denota que datan de varias décadas atrás. Para encontrar la entrada principal hay que dar una vueltita. La fachada se encuentra en Darwin 1251, entre Castillo (una casualidad del destino) y Jufré. Esa zona, donde funciona el Distrito Audiovisual, está viviendo una pequeña resurrección a partir de la demolición del puente. Alrededor del castillo hay casas antiguas, departamentos modernos, depósitos y talleres. Pero, a pesar de la variedad de construcciones que allí se encuentra, el castillo es el que genera todos los interrogantes. ¿Cuándo se construyó? ¿Cuál fue su función? ¿A quién pertenece? Nadie parece tener una respuesta concreta.

 

Un castillo, muchos misterios

Los arquitectos consultados al respecto dicen que el estilo del castillo es difícil de definir. Por eso, desde el Gobierno de la Ciudad afirman que no está protegido porque no tiene valor arquitectónico alguno. Remite a las usinas de electricidad de principios del siglo XX, pero –aparentemente– fue construido en la década del 70. En el frente posee ladrillos rojos y aberturas en arco de medio punto, lo que se relaciona con el estilo románico y neorrománico. Hoy el abandono se puede ver en los vidrios rotos de su portón y en los grafitis de las paredes. El porqué de esa elección arquitectónica, sin embargo, es todo un misterio.

La propiedad cuenta con una superficie cubierta de 1341 metros cuadrados y posee cuatro plantas. En la actualidad, pertenece al Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC), desde donde afirman que se realizarán obras para que queden habilitadas nueve viviendas en su interior.

Ya que no existen registros oficiales y nadie parece saber muy bien de qué se trata, recurrir a los vecinos de la zona es la mejor forma de averiguar la historia del castillo. Sin embargo, las versiones sobre su origen y lo que pasaba allí dentro son muy diversas.

Existen quienes dicen que allí funcionaba una discoteca y, luego, la sede de un partido político. Otros dicen que también existieron tiempos en los que fue un prostíbulo. Pero también hay quienes afirman que allí funcionó una sede del Ejército de Salvación.

Sin embargo, la versión más firme dice que allí funcionaba una envasadora de fragancias y que fue su dueño, un empresario español, quien mandó a construir el edificio con esa particular arquitectura, ya que era amante del estilo medieval. La fábrica –que habría funcionado en las décadas del 70 y 80– tenía las patentes para elaborar en Buenos Aires fragancias importadas: Reynolds, 7 Brujas y Gloria Vanderbilt fueron algunas de ellas.

 

Leyendas urbanas

Cuando el empresario murió en los años 90, el negocio terminó y la fábrica quedó abandonada. A partir de entonces, las historias comenzaron a aflorar. Hoy quedó descubierto a la vista de todos como un testigo de la historia de una Buenos Aires que no para de revelar secretos escondidos.

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