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El Castillito de Floresta, una joya arquitectónica escondida en un barrio porteño

Más de 100 años de historia se esconden entre las paredes de esta casona de Floresta, que posee protección patrimonial gracias a la intervención de los vecinos, lo cual impide que pueda ser demolida.

Nos dijeron que el progreso era lo mejor que nos podía pasar. Nos llenaron de edificios altos. Nos fueron arrancando la identidad de barrio. Si bien nadie quiere vivir en el pasado —y el avance demográfico en las ciudades es una realidad innegable, que empuja un cambio en su fisonomía—, arrasar con todo lo viejo para que llegue lo nuevo, sin medir, sin evaluar, sin quedarnos con nada, tampoco es el camino. Por eso sentimos una emoción difícil de explicar cuando nos encontramos con estos pedacitos de historia escondidos en una calle cualquiera.

El Castillito de Floresta —como le dicen— es una casa, y siempre lo ha sido: una vivienda de uso particular, como tantas otras del barrio. Sin embargo, lo que la destaca de sus vecinas es la historia que se aloja en sus ladrillos, ya que han estado en pie por más de 100 años. ¿Nunca nadie quiso demolerla para construir sobre sus ruinas algo más “moderno”? Claro que sí, pero la fuerza conjunta de los vecinos logró evitarlo. Hoy queremos contarte su historia.

De terratenientes y parcelas

Ubicado sobre la calle Dolores, muy cerca de la avenida Directorio, el Castillito de Floresta es el tesoro más preciado de los vecinos. La casona fue construida a principios del siglo pasado, como anexo de una chacra. Con un estilo inglés, gótico y victoriano, su cúpula hexaédrica es lo que más llama la atención de la vivienda.

Todo comenzó en 1808, cuando las tierras eran parte de una chacra propiedad de un lechero de origen vasco llamado Norberto de Quirno y Echandía. Con su fallecimiento, se vendió la parcela donde está actualmente la casa a Vicente Celestino Silveyra y su esposa, Antonia Vivot, cuyas familias eran accionistas de los primeros bancos que se instalaron en la Ciudad de Buenos Aires.

Los herederos de los terratenientes fueron quienes fraccionaron las parcelas y las vendieron, entre 1904 y 1908. De acuerdo con los registros, el Castillito de Floresta fue construido en el año 1906. Hay quienes dicen que el arquitecto que estuvo a cargo del proyecto fue el noruego Alejandro Christophersen, quien estuvo al frente de algunas de las obras más destacadas de la Ciudad. Otras versiones indican que la construcción pudo haber tenido como responsable al mismo arquitecto que edificó el castillo de Felicitas Guerrero, situado en la localidad de Domselaar.

Los dueños de la vivienda no escatimaron en gastos para llevarla adelante: trajeron materiales de Francia, Italia y Alemania. La casona cuenta con varios ambientes, entre ellos, distintas habitaciones y cuartos de baño, un comedor, una cocina, una sala de música y dependencias de servicio.