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Duendes neuquinos: el testimonio del montañés que cayó en una trampa

Conocé la escalofriante historia del montañés langosturense a quien supuestos duendes le tendieron una trampa

Leyendas Urbanas
Duendes neuquinos

Las historias paranormales son moneda corriente en nuestro país. Fantasmas, alienígenas, animales sobrenaturales y brujerías de todo tipo se encuentran en el top de los mitos y leyendas argentinas. La Patagonia no está exenta de nada de esto. Al contrario, los frondosos bosques cordilleranos y la mística lacustre esconden uno de los misterios que más da que hablar: los duendes.

Estos curiosos seres mitológicos han formado parte de la cosmología humana anterior a la época medieval. Se los vincula con la fortuna, las travesuras y la protección de la naturaleza. Su global presencia hace que la fisionomía de los duendes (o por lo menos cómo los imagina la cultura popular) cambie de lugar en lugar. El duende patagónico es un claro ejemplo de cómo este mítico ser adquiere variadas formas y engloba distintas historias.

Te presentamos un bosque neuquino que encierra las más misteriosas leyendas sobre duendes.

La pasta del duende

Villa La Angostura es una parada obligada para todo amante de la Cordillera. Sus pintorescas calles están a la altura de uno de los bosques más bellos de nuestro país. Además, los alrededores de la Villa, con sus lagos y lagunas, hacen de esta zona un punto paradisíaco en el sur neuquino. Sin embargo, no todo es belleza en esta localidad: el misticismo también está presente en el bosque langosturense.

Muchos son los testimonios que dan cuenta de la presencia de duendes en la naturaleza. Huellas que no corresponden ni a personas ni a animales, aparición y desaparición de objetos y, más directamente, testigos oculares son la base de estos testimonios. Para graficarlas, te presentamos la historia del montañés que cayó en una trampa de duende.

Se cuenta en Villa la Angostura que este señor montañés (así se lo conoce, ya que no se menciona su nombre) fue una temporada al escondido lago Urunquehué. Con la idea de vivir de la pesca y aislarse de la civilización, este hombre recorrió los arduos 3 kilómetros de sendero desde la laguna Totoral. Su estadía en la naturaleza no era algo nuevo y pasó allí varios días sin ningún sobresalto más que la propia excitación de sacar un pez del agua.

Tanto era el acostumbramiento que tenía el montañés con este camino que decidió emprender el regreso cuando caía el atardecer. Con la linterna en la mano menos hábil y, en la otra, un hacha encargada de quitar la maleza del sendero, emprendió el descenso del lago a la laguna.

Varios kilómetros avanzados en el recorrido, la linterna del montañés dejó de funcionar súbitamente, y lo dejó a oscuras en el frondoso bosque. Apoyó el hacha en un toscón chato para revisar las pilas de la linterna, que se encendió sola apenas se la acercaba a la cara. El montañés se calzó su mochila y agarró nuevamente el hacha para seguir los kilómetros que le restaban hacia la laguna. Cuando afirmó el mango y dio el primer paso, se exasperó por una sustancia viscosa que embadurnaba completamente toda la herramienta. Al apuntar con su linterna al hacha, notó que el líquido era de un verde y una textura nunca antes vista. Su instintivo razonamiento fue el de oler esta pasta para intentar reconocer el olor. Según el testimonio del montañés, esto fue lo último que recuerda. Amaneció al día siguiente (aunque del tiempo que pasó no está seguro) acostado en el mismo lugar donde había estado acampando todos los días anteriores.

El rumor es que los duendes, a través de sus heces, despistan a los invasores de su territorio. En palabras del protagonista, el aprendizaje que tiene esta historia es que los duendes son los protectores de ciertas zonas boscosas donde habitan. El hecho de que el hacha haya sido el elemento con el que aleccionaron al montañés no es un dato menor.

Creer o reventar: los duendes neuquinos y sus heces tienen notorio protagonismo a la hora de defender los derechos ambientales.  

Fecha de Publicación: 31/05/2021

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