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Dos leyendas fantasmagóricas de Tierra del Fuego

Estas dos leyendas de fantasmas fueguinos forman parte del folclore de los habitantes del fin del mundo. 

Los habitantes de Tierra del Fuego cuentan con un puñado de leyendas fantasmagóricas que han sido transmitidas de generación en generación. Ya sea para continuar la tradición o para inculcarles buen comportamiento en la naturaleza a los turistas, estas dos historias se repiten año a año en la boca de los fueguinos. La primera hace referencia a la renombrada cárcel del fin del mundo y al nombre de un curso fluvial. La segunda tiene como protagonista a un monte embrujado y a la historia de dos mujeres

 

El fantasma de Pipo, en el río Pipo

El penal de Ushuaia (o la cárcel del fin del mundo como popularmente se la conoce) funcionó desde 1902 hasta 1947 como presidio de máxima seguridad. Los libros de historia indican que en 1889, en la Isla de los Estados existía ya un penal de similares características, pero que debió ser trasladado por sus extremas condiciones climáticas. También existen versiones que señalan a la construcción del presidio en Ushuaia como un hecho político, debido a la cercanía con Chile y la falta de argentinos en la zona.

Lo cierto es que el penal fue ampliándose en número de personas y en número de pabellones. La mano de obra utilizada con este fin, estaba compuesta por un puñado de presidiarios que tenían un buen comportamiento ante los ojos de los carceleros. 

Los presos se movían en tren desde el penal hacia el bosque, pasando por un aserradero. La función que cumplían era la de talar árboles donde hoy está el Parque Nacional Tierra del Fuego. Uno de los presidiarios era Pipo, quien le daría nombre al río más famoso de la provincia. Un frío día de invierno en 1917, Pipo decidió huir del tren y saltar hacia su libertad. Presos y guardiacárceles vieron como Pipo corría a toda velocidad en dirección al río Ajej, que en ese momento estaba congelado. El suelo de hielo se quebró y Pipo desapareció, sin dejar rastro alguno pero marcando un precedente y dándole una nomenclatura popular a aquel cauce de agua

Hasta la actualidad hay quienes dicen ver al fantasma de Pipo los días de tormenta invernal. La leyenda, cierta o no, funciona por lo menos para que los turistas desprevenidos no se acerquen al agua congelada. El río Pipo es hoy uno de los atractivos turísticos más bellos de la isla.

 

La leyenda del Cerro Susana

Cuenta la leyenda que en uno de los cerros de la cordillera fueguina, vivían una mujer y su hija Susana. La madre era de personalidad dura y rígida y maltrataba físicamente a la sumisa Susana a diario. Un día Susana desapareció largas horas y volvió a su hogar con golpes y rasguños, con los que su madre no tenía nada que ver. Esta se preocupó pero optó por no dirigirle la palabra. 

Al otro día ocurrió lo mismo, solo que los golpes de Susana eran más marcados y denotaban más violencia. Su madre le preguntó quién la había golpeado de tal manera, a lo que ella respondió con un simple“usted”; esta sería la última palabra que pronunció Susana ya que al otro día desapareció. Su madre la buscó con más furia que tristeza, hasta que encontró su cuerpo a la orilla del lago Fagnano. 

El funeral de Susana se llevó a cabo sin más que la presencia de un cura y de la madre. Meses más tarde, los habitantes de Ushuaia se empezaron a preguntar qué sería de aquella ríspida señora y la fueron a visitar a su casa. Dieron vueltas por todos los senderos del cerro pero jamás pudieron hallar el humilde hogar. En el sitio donde se suponía que estaban los aposentos de las mujeres, existen hasta la actualidad dos cuevas en las que, se dice, si alguien entra con una linterna encendida, esta se apaga, o al revés, si la linterna está apagada, esta se enciende. 

Así nació la leyenda del Cerro Susana. 

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