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De hadas, novias y sirenas

Son escalofriantes las historias que nos cuenta la tierra del “Champa”. Tierra sagrada que esconde secretos de la provincia de Córdoba. Te contamos una de tantas...

El Cerro Champaquí es el pico más alto de nuestra provincia. Se ubica en el oeste y cuenta con una altura de 2790 metros. Se puede subir caminando a través de senderos marcados y siempre se recomienda ir con guías o con alguien que conozca bien el lugar. Se puede acceder desde Calamuchita, Traslasierra, o desde el cerro Los Linderos de Villa Yacanto. Es uno de los puntos maravillosos de Córdoba. Por eso te contamos algunos datos sobre estas tierras.

Etimología del Cerro

El nombre del cerro tiene su historia: Champaquí, deriva del quichua "champa" vocablo que se refiere a césped o pastos con raíces en suelo de humedad permanente. Esta es una de las características del suelo del Cerro. Sin embargo, son muchas las acepciones, por ejemplo, el quichuista Domingo Bravo, dice que la palabra "champa" significa: 'césped arrancado para construir una corriente de agua, para limitarla o derivarla'. 

Pero, si nos vamos más pa’l norte, la cosa cambia. En la provincia de Salta, la palabra "Champa" se utiliza para designar trozos de tierra o de barro con raíces también a leña delgada, que es la primera que se coloca para encender el fuego. Algunos investigadores refieren que el sufijo “Qui”o “Ki” refiere a un título de poder, y le concedería al lugar la fuerza de un cacique.

Así, con la reconstrucción de la historia y con datos lingüísticos, se deduce que el cerro fue habitado por un cacique que reinaba en la Región del Césped ("Champa-qui"), aunque no hay más pruebas que las descritas. En este cerro tan hermoso, se esconden muchas leyendas. 

Cuentan las malas lenguas...

Varios lugareños cuentan la leyenda lo siguiente:

Después de la pampilla de la cima, farallones a modo de fuerte custodian una laguna circular, alimentada por arroyos. En los atardeceres se alza un suave vapor, que el sol tiñe de rojo y oro. Entonces aparece una mujer de cabellos rubios envuelta en blanco y anaranjado tul, que después de danzar desaparece entre las brumas. 

Es la novia de la laguna. En una de las grandes cuevas, en la falda oriental, poco antes de llegar a la cumbre del cerro, vivía un jefe indio, que desde ese atalaya natural vigilaba toda la región. Desde ese amplio horizonte descubrieron un día que gente de raza blanca, acechaba la zona al oeste del Valle de San Javier. En una de sus incursiones al otro lado de la Sierra de los Comechingones, este jefe raptó a una muchacha rubia de rara belleza y la llevó a la cueva de la montaña, tal como hizo el indio Bamba en el Valle de Punilla.

Las expediciones de los españoles para rescatar la chica fracasaron, pues la abrupta montaña no les daba paso, que sólo se flanqueaba por tres peligrosos desfiladeros: la cuesta de las cabras, la quebrada del tigre y la cuesta de las totoras. No estaban resignados a perderla y en su angustia en la esperanza de verla, miraban al Cerro. Sólo en los atardeceres sin niebla, luminosos, aparecía como una ilusión. 

El rojo color del crepúsculo y el blanco de vapor de agua formado por hermosas combinaciones, por un natural espejismo, reproduce una figura humana de mujer que parece danzar envuelta en gasas sobre la cabeza del Cerro Champaquí. Por eso la llaman la Novia de la Laguna.

Otras versiones

Otras versiones cuentan finales más trágicos para la novia de la laguna. Y dicen que, en realidad, la cautiva en su desesperación por volver con los suyos se suicidó. Fue arrojándose al vacío desde el cerro que pudo calmar su angustia. Y, luego de eso, aparece durante el atardecer para hacernos recordar su historia y mostrar que su alma aún vive en las alturas.

Cada uno elige qué historia contar. Están los que la llaman el hada del Champaquí y quienes dicen que un gaucho viajero que pasaba por la zona quedó extasiado con la belleza de “la joven”. Pero que, al querer confesarle su amor, ella siempre desaparecía. En uno de los tantos intentos, él quedó atrapado para siempre alrededor de la laguna, con la esperanza de poder declararle sus sentimientos.

Los baqueanos del lugar aseguran que un toro con cuernos de oro acompaña al hada. Mientras muchos más cuentan que no es un hada ni una mujer, sino una sirena que aparece a medianoche.

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