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Y así funciona la danza de la vida

Lucila Munaretto es una joven misionera que se dedicó a la danza desde que tenía cinco años. Pero un accidente le cambió todos los planes.

Historias de gente
Danza

Nació el 1° de diciembre de 1994 en la ciudad de Oberá, Misiones. Un problema de salud hizo que su médico le aconsejara alguna actividad artística. Y así fue que Lucila se encontró de frente con lo que se convertiría en su gran pasión: la danza. La joven recuerda su reflejo frente al televisor mientras miraba sin parar Barbie en el Cascanueces e imitaba los pasos de la protagonista. Quería ser como ella. Una ambición y fuerza que la llevaron a pertenecer a grandes academias del mundo. Sin embargo, a mediados de 2015 su futuro quedó en pausa. Fue cuando una camioneta la atropelló mientras patinaba por las calles de Vancouver, en Canadá.

Para aquel entonces tenía 20 años y un camino prometedor dentro del ballet. Se trató de una fecha bisagra, en la que un corazón, el suyo, decidió seguir latiendo dándole la oportunidad de volver a nacer. La joven sufrió graves lesiones cerebrales, como así también en su columna vertebral, pelvis, brazos, piernas y mandíbula. Hasta el día de hoy no recuerda absolutamente nada de lo ocurrido. Pero, gracias a los testimonios de su entorno, puede relatar que los médicos aseguraban que iba a quedar en estado vegetativo. De hecho, estuvo internada durante dos semanas por un coma del que logró salir contra todo pronóstico. Y lo logró, desafiando a cualquier tipo de ciencia.

Pisar fuerte un escenario

En 2001 la Argentina atravesaba una de las peores crisis sociales y económicas de su historia. Lo cual representó un motivador para que la familia Munaretto se radicara en la localidad brasileña de Guaratuba. Nadie iba a imaginar que ese sería el comienzo de la carrera de Lucila. Es que allí continuó tomando clases de danza, donde rápidamente se destacó del resto de sus compañeras. Por lo que su profesor le sugirió a sus padres que la probaran en la escuela del Teatro Bolshoi de Brasil. La sorpresa llegó cuando, con apenas 11 años, quedó seleccionada entre los mejores treinta, de un grupo de 250 niños. Todo un hito, ya que se trataba de la única sucursal de la mítica institución rusa en todo el mundo.

En 2012, le ofrecieron una beca para bailar en el ballet Coastal City de Vancouver. Si bien le costaba separarse de su familia, apostó incondicionalmente a su pasión. En Canadá su carrera no paraba de crecer, al punto de que la vieron bailar coreógrafos de Estados Unidos y Alemania. Inclusive, en 2014, logró obtener su primer protagónico en la obra de Hansel y Gretel. Un momento único al que describe como tocar el cielo con las manos. Un año más tarde, ocurrió el trágico accidente que la dejó inactiva. Sin lograr entender la gravedad del hecho, se rehusaba a quedarse quieta para no perder flexibilidad. La situación llegó al punto de que tuvieron que atarla a la cama.

Aprendiendo a caminar de nuevo

Un mes y diez días después del suceso, Lucila fue dada de alta. Para mediados de octubre estaba usando muletas y en 2016 ya contaba con el aval para volver a bailar. En julio ya estaba de puntas en los escenarios nuevamente, pero había algo que no andaba bien. Con los días, se dio cuenta de que sus movimientos eran limitados y empezó a tener convulsiones que la hacían temblar sin parar. Los profesionales le recomendaron que intentara tranquilizarse y ella jura que lo intentó. Sin embargo, en un momento de claridad tomó una ardua decisión: dejar de exigirse. Aceptó que podía seguir bailando y disfrutar de ello, pero ya no de manera profesional.

Nuevos desafíos

Una vez que procesó su realidad, empezó a pensar qué podría hacer. Se anotó para estudiar Gastronomía y tuvo que abandonar porque el calor y lo cerrado de la cocina la hacían convulsionar como antes. Finalmente, en diciembre de 2018 se recibió de licenciada en Administración de hotelería y negocios. Hoy, recuerda las exigencias de su antigua rutina y las siente lejanas. Asegura que no quisiera pasar de nuevo por la soledad y el estrés al que sometía a su cuerpo, como el no alimentarse. Aunque, también, considera que lo ocurrido fue necesario para que aprendiera a valorar la vida de otra manera.

Actualmente, y sin buscarlo, se reencontró con el ballet desde un lugar distinto. Se dedica a dar clases de danza y es feliz haciéndolo. Además, duerme tranquila por las noches sabiendo que tuvo la oportunidad de cumplir sus sueños y anhelos más buscados. Con esfuerzo se convirtió en una reconocida bailarina profesional y bailó en destacados escenarios del mundo. Argentina, Brasil, Canadá y Estados Unidos fueron algunos de los países que la vieron fluir en su movimiento. Y lo más importante: eligió vivir.

Fecha de Publicación: 07/12/2020

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