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Volver a empezar: la historia del caminante salteño

Conocé la apasionante travesía de Gustavo, un hombre que perdió su trabajo y tuvo que volver caminando desde Santa Cruz hasta Salta.

Gustavo Manuel Gallardo había encontrado una forma de sortear las dificultades laborales de millones de argentinos. En el 2017 decidió irse a vivir al sur, a Caleta Olivia, buscando al igual que muchos la posibilidad de aumentar sus ingresos para poder mantener a sus cinco hijos. Pero la crisis que desató la pandemia hizo que perdiera su trabajo y junto con él las esperanzas. Desesperado y sin muchas opciones decidió regresar caminando a Salta, su provincia natal, para reencontrarse con su familia. Conocé la historia del caminante salteño.

El 14 de octubre fue un día que Gustavo no olvidará. La angustia por haber perdido su empleo, la preocupación por no encontrar “changas” para sobrevivir, una mezcla de emociones que hicieron que olvidara que aquel día no había desayunado. Antes de partir sacó del armario todas sus pertenencias, que fueron reducidas a un bolso de mano. Se abrigó con la única campera que tenía, se puso el barbijo y partió a las 8 de la mañana al hogar de sus padres en la provincia de Salta.

Iba cómodo porque su valija era pequeña, pero Gustavo llevaba cargas más pesadas con las que lidiar. Desde el mes de agosto que no pagaba el alquiler, no había podido comprarse comida y mucho menos ayudar a su familia. Esa fue la poderosa razón por la que decidió partir sin pensarlo demasiado, solo impulsado por la necesidad se vio obligado a atravesar el país de una punta a la otra.

Hacía tres años había dejado Salta por un futuro mejor. Había encontrado un trabajo y podía enviar dinero a sus hijos. Cuando se desató la pandemia pocos creían que el impacto iba a ser tan drástico. El caso de Gustavo es la cara visible del efecto “coronavirus” en la economía, sus oficios como pintor y albañil cayeron en picada junto con sus ilusiones de que la situación mejore.

Emprendió el viaje sin miedo porque no tenía nada que perder. Solo contaba con dos cosas: la primera era un permiso de circulación y la segunda era su fe. Ese día Gustavo guardó la esperanza de que alguien lo levante en la ruta, pero a medida que pasaban las horas, al igual que los vehículos, comenzó a entender que quizás el viaje sería más largo y pesado de lo que había pensado. Charlando con la policía y pasando algunos controles, un gendarme le regaló una milanesa y ese fue su primer alimento en tres días.

Fue entonces cuando un periodista lo vio, de inmediato supo que aquella historia que tenía que ser contada y decidió hacerle una nota. Desde ese momento su nombre pasó a ser “El caminante salteño”. Con dinero que el reportero le ofreció, se hizo un sandwich para recargar energías. Ignoró el dolor de sus pies, el cansancio y las incomodidades, y retomó su viaje. Un auto paró y fue la primera vez que Gustavo recibió un aventon. Además, aquel hombre le ofreció dormir en su casa y darse un baño.

Respaldados por la nota que le habían realizado, los familiares del caminante iniciaron una campaña a través de las redes sociales para solicitar ayuda y recaudar fondos para que Gustavo pudiera volver a su hogar. La conmovedora historia llegó a oídos de Laura, una mujer de Río Negro con un corazón gigante, quien se ofreció a financiar el viaje. Como los micros aún no estaban funcionando, solo quedaba la opción del traslado privado. Sin pensarlo demasiado, Laura pagó un remis, el hisopado y resolvió el problema de Gustavo. El generoso gesto costó unos 70 mil pesos.

Todo comenzó a conspirar para que la situación de Gustavo mejorara y fue así como llegó a Córdoba, donde iba a realizarse el hisopado. La estadía corrió por cuenta de Ariel, el chofer, quien también le ofreció desayuno y almuerzo antes de partir rumbo a Salta para reencontrarse con sus padres y sus hijos.

El recorrido que pareció tan largo, que resultó tan cansador, se convirtió en una de aventura que Gustavo no olvidara. Deambuló durante horas por la ruta en las penumbras de la noche, pero finalmente vio la luz al final del camino. En esta historia esos faros fueron el gendarme, el periodista, sus familiares, Laura. Todo un pueblo que se solidarizó con la travesía de Gustavo. Un país que hizo que el caminante nunca perdiera la fe.

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