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Un cordobés de alta estirpe

Te contamos la historia de uno de los herederos de Aristóteles Onassis, un cordobés que de la riqueza ancestral no vio ni un peso.

Historias de gente
Jaralampos

Aristóteles Sócrates Onassis (1906 –1975) es definido por la enciclopedia online más famosa como “el magnate griego más famoso de la industria naviera del siglo XX y el hombre más rico del mundo en su época”. Este hombre llegó a la Argentina escapando de la Primera Guerra Mundial, luego de superar la persecución turca. Emigró a Buenos Aires y recién llegado se desempeñó en varios trabajos, entre ellos como mozo y oficinista. Hasta estabilizarse debido a su facilidad para los negocios. Comenzó a exportar tabaco y se transformó en el dueño multimillonario de una flota naviera sin precedentes.

Pero en esta nota hablaremos de uno de sus familiares directos, que de heredero no tuvo nada. Sin embargo, comparte una historia muy dura de guerras, exilios y hambrunas con el famoso Aristóteles. Se trata de Jaralampos, que es hijo de un primo hermano del magnate griego. Como su tío multimillonario, Jaralapos nació en Grecia. Y, en medio de una guerra que se cargaba miles de vidas a diario, se exilió desde Salónica a Argentina junto a su familia. Con solo 7 años, Jaralapos atravesaba el mundo en busca de una nueva oportunidad para él, para su hermana Penélope y sus padres Hércules y Helena. Corría el año 1957 y la familia Onassis buscaba un poco de estabilidad entre tanto caos. 

En busca de calma

“Después de la Segunda Guerra Mundial, en Grecia se vivió una guerra civil, que fue más cruel que la mismísima guerra. Se pelearon los griegos para ver si iban a ser comunistas o no. Nací en ese contexto. Éramos muy pobres, y mi papá se contactó con Aristóteles para pedirle ayuda. Entonces nos vinimos para Argentina, con la promesa de trabajo y un futuro mejor”, cuenta Jaralapos, el cordobés por adopción que pertenece a una de las estirpes más reconocidas. 

En principio se instalaron en Salta, para luego moverse hacia el centro del país, por cuestiones laborales. El padre de Jaralampos contaba con una oferta laboral de su primo hermano. Durante 12 años ocupó un puesto en Frutos Argentinos SRL, la empresa de Aristóteles dedicada al acopio de tabaco. Todo iba mejorando. En comparación con la situación en Grecia, Villa Dolores era un paraíso. Hasta lograron agrandar la familia: nació Sergio Onassis, el hermano menor de Jaralampos y Penélope.

Nuevos destinos, nuevas oportunidades

Jaralampos estudió Administración de Empresas en la ciudad de Córdoba e hizo carrera en la empresa Volkswagen por unos años. Pero pronto decidió viajar con su hermana hacia Nueva York. En busca de nuevos horizontes, nuevas experiencias y con el apoyo del tío Aristóteles, quien esperaba a Jaralampos para trabajar en diferentes puestos. En aquel momento la empresa del magnate se había expandido y había adquirido la poderosa aerolínea Olympic Airlines. “Penélope era bioquímica. En Estados Unidos hizo dos carreras más: geología y biología. Comenzó a trabajar como gerente de seguros en la empresa. Yo, en cambio, pasé por todos los sectores. Aristóteles quería que yo hiciera carrera”, cuenta Jaralampos. 

Tragedia familiar

Luego de las aventuras en New York, todo comenzó a complicarse para esta rama de la familia Onassis. Por un lado, la competencia internacional hizo que la flota de Aristóteles se viniera a pique. Por otro, el padre de Jaralampos se vio sumido en una enfermedad letal. La leucemia se lo llevó, luego de varias intervenciones quirúrgicas. En ese interín, le diagnosticaron cáncer de mama a Helena de Onassis. Los dos mueren en Estados Unidos, a donde habían ido para llevar a cabo sus tratamientos, con el visto bueno de Aristóteles. Jaralampos vuelve a Villa Dolores a superar sus duelos, lamentando no poder trasladar los cuerpos de sus progenitores. Mientras, su hermana se queda en Nueva York y muere casi quince años después, a sus 40 años. 

¡A la tutuca!

Con su vuelta a Córdoba, Jaralampo se veía casi obligado a emprender. Necesitaba vivir de algo, y solo le quedaban los últimos ahorros, que usó para instalar un kiosco, un proyecto que fracasó. 

“Lo que más se vendía eran las tutucas. En paquetitos. Entonces dije: ’Voy a fabricar tutucas'. Empecé a investigar cómo se hacían y conseguí un galpón de 1000 metros cuadrados. Y fue mucho más difícil de lo que imaginé, porque las tutucas se hacen con una explosión. Es decir: una olla a presión, le ponés maíz, luego la tapa para que no pierda la misma. Y cuando llega a 15 kg de presión (tomada por un manómetro), le liberás la tapa. Allí hace una explosión. Pero la tapa que liberaste se golpea contra algo, entonces al comienzo vivía rompiendo máquinas”, cuenta a los medios.

Y, así, Jaralapos sin el capital de su tio, pero con su ingenio y capacidad para los negocios, logró tener éxito. Su marca “Kalimera” se ubica en el barrio San Pedro Nolasco y emplea a 11 personas. Actualmente, el pariente directo del gran magnate griego tiene 70 años y tres hijas. Su empresa es su legado, y recuerda diariamente a sus raíces.

 

Fecha de Publicación: 31/08/2020

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