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Un corazón grande en medio de la Puna jujeña

Un estudiante de ingeniería dedica su tiempo a enseñar a pequeños que no pueden acceder a Internet.

Historias de gente

La historia de Alejo es admirable. Vive en Cochinoca, donde sus habitantes batallan diariamente con la falta de conectividad. En medio de la pandemia, donde Internet se volvió una herramienta indispensable, no todos pueden gozar de estos beneficios. Por esto, el joven se propuso demostrar que el mejor camino para sortear las dificultades empieza con un gran corazón.

Yamil Alejo tiene 22 y vive en esa localidad de la provincia de Jujuy. A su corta edad entendió la importancia de ser solidario en tiempos difíciles como los que atraviesa el mundo en la actualidad. De este modo, buscó aportar su granito de arena y para hacerlo utiliza su mejor herramienta: la educación. Alejo dedica sus ratos libres a enseñar a pequeños que, por problemas de conectividad, presentan dificultades con el aprendizaje.

El joven estudia Ingeniería Industrial en la Facultad de Ingeniería en la capital jujeña. Desde el momento es que se desató la pandemia y las disposiciones gubernamentales cerraron los edificios públicos, Alejo tuvo que regresar a Cochinoca junto a su familia. Internet facilitó el desarrollo de diversos trabajos y también el dictado de clases, lo que se vio suspendido debido a la pandemia. Cursos y talleres pudieron continuar gracias a que las personas podían mantenerse en contacto con los docentes. 

Pero no fue para todos igual. Las bondades de la red en algunos casos continúan siendo una “fantasía”. La Argentina todavía dispone de lugares donde la comunicación satelital representa un inconveniente. La mayoría de los pueblos del norte tienen muy poca señal de wi-fi y son contadas las veces en que los alumnos pueden descargar el material que les envían los profesores. Además, no todos cuentan con una computadora, por lo que el envío se realiza por celular dificultando aún más el modo de acceso.

Cochinoca se encuentra en medio de la Puna jujeña, a 3484 metros sobre el nivel del mar, y es un ejemplo de falta de conectividad, lo que complica la educación a través de la modalidad virtual. Aunque los habitantes supieron adaptarse y siempre se las “rebuscan” para encontrar señal. Incluso algunos creen que a la madrugada hay mejor conexión, por ende internet funciona más rápido y aprovechan para responder losWhatsApp y enviar trabajos.

Esta es la realidad del departamento jujeño donde vive Alejo. El joven explicó que los jóvenes reciben la tarea, pero que no cuentan con la explicación del profesor. A causa de la falta de internet no pueden realizar una clase online o descargar videos como harían otros estudiantes. También contó que, cuando fue al pueblo de Pozo Colorado, los alumnos se conectaban por la red de la escuela, por lo que se volvía más lenta. ,Y cuando esta cerraba, los niños se quedaban afuera con frío, calor o viento para poder tener un poco de señal.

Alejo notó todos estos inconvenientes, sobre todo en los más jóvenes. Veía cómo los pequeños no entendían los contenidos que les enviaban y se dispuso a ayudarlos. Al principio sus alumnos eran pocos y comenzó con matemática y física. Pero, como sabían que era estudiante de ingeniería, comenzaron a sumarse cada vez más al igual que las materias. La predisposición de Alejo funcionó como incentivo para que los chicos puedieran sortear dudas e incluso continuar sus estudios en mejores condiciones.

Como lo bueno también puede ser contagioso, un instituto de inglés de la zona se enteró de la acción solidaria y empezó a darles inglés a los “chicos de Alejo”. De a poco se fueron sumando otras personas para colaborar siendo conscientes de que no todas las familias pueden pagar Internet y las que sí muchas veces no cuentan con la conectividad adecuada.

En la actualidad Alejo Yamil realiza un relevamiento de las principales comunidades de la zona para la fundación “Puna”, que busca ser parte de la acción solidaria. El esfuerzo del joven, la dedicación, sus ganas de enseñar, son la mejor conexión que pudo tener el pueblo de Cochinoca. 

Fecha de Publicación: 05/11/2020

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