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Un amor que ni el COVID-19 vence

Te contamos una gran historia de amor que culmina por causa del COVID-19… ¿o no termina nunca más? Estos cordobeses parecen estar unidos por el resto de la eternidad.

Historias de gente
 historia de amor Covid 19

Es la historia de dos cordobeses médicos que compartieron toda una vida de amor, hasta la muerte, juntos. Compartieron sus caminos por mucho tiempo, incluso estudiando juntos, formaron familia y se fueron a la eternidad, juntos también. Gustavo Salemme tenía 67 años y su esposa Adriana Cheble, 62. Estaban unidos por el amor, el compañerismo y la familia que formaron. Pero también los mantenía pegaditos la carrera que estudiaron juntos y a la que se dedicaron con pasión y vocación: la medicina. Tras cuarenta años juntos, el coronavirus se los llevó casi a la misma vez. Dejando un capítulo cerrado antes de tiempo, ya que no pudieron conocer a su nieto que está por nacer.

El comienzo de una historia de amor

Gustavo y Adriana eran compañeros, compinches, amigos, amantes y médicos. Él, especialista en diagnóstico por imágenes y médico laboral; ella, médica clínica y auditora médica. Desde el inicio de la pandemia se encontraban con alta demanda laboral y trabajaron muy duro hasta el final. Lamentablemente, la posición en primera línea de combate contra el virus aumenta el riesgo de contraerlo para todos los trabajadores de la salud. Quienes son los que más se cuidan y los que más se ven afectados cuando la sociedad no lo hace. En este caso, primero se contagió ella y, poco más tarde, le tocó a él. Por desgracia, y porque el destino así lo quiso, sus cuadros se agravaron y ambos fallecieron el mismo mes, con pocos días de diferencia. La eternidad también quería que fueran compañeros en esta situación. 

Ellos dos se conocieron cuando eran adolescentes y estudiaron la carrera de Medicina juntos. Se fueron acompañando en diversas etapas de la vida, con la misma convicción y el mismo amor. Mientras cursaban, trabajaron en un colegio de Córdoba para costear los estudios: él como secretario y ella como preceptora. Además de ser compañeros de estudio, lo fueron en el trabajo, en la vida, en la familia y en la muerte. Luego de recibirse, ambos se dedicaron de lleno a la medicina y lo hicieron con un sentido humanitario que superaba lo meramente profesional.

Matías, su hijo, cuenta: "Cuando fue el brote de cólera (a principios de los 90) se fueron a trabajar al Norte. Papá compró una filmadora y registró lo que pasaba con la idea de armar un documental. Tenían mucha vocación y amor por el prójimo".

La cuarentena

Cuando sus padres se contagiaron, Matías se puso al hombro la situación. "Mi hermana está embarazada y mi hermano menor, como vivía con ellos, también se contagió. Fui el único de la familia que no se tuvo que aislar", narra. Durante todo ese tiempo, se encargó de las compras de la familia y del apoyo moral. Ya que se quedaba y conversaba con sus padres desde la vereda. Pero todo empeoró, los dos médicos fueron hospitalizados. El estado de Gustavo pronto requirió su ingreso en cuidados intensivos, algo que pronto también ocurrió con Adriana.

El adiós en palabras de su hijo

Matías Salemme tiene 37 años y vive en la ciudad de Córdoba, es el hijo de esta pareja de profesionales destacables. Cuenta que, en los últimos días, ha recibido incontables mensajes de gente que amaba a sus padres y quería hacérselo saber. "Vos no me conocés, pero tu papá fue mi jefe en el Hospital Pediátrico durante muchos años: lo apreciaba muchísimo", cuenta uno. "Trabajé muchos años con tu mamá en el Hospital Provincial. Sinceramente la noticia fue una piedra directo al corazón. Compartí con ella muchas horas y, fiel a su estilo noble y de buen corazón, forjamos una amistad", recuerda otra. 

 "Mis viejos estaban casados hace 40 años. Nacieron para estar juntos y se fueron juntos. No podía suceder de otra forma", dice Matías. "Mis papás estaban en su mejor momento: viajaban, compartían tiempo con nosotros y estaban muy ilusionados esperando a su primer nieto. Su muerte es un dolor enorme que solamente se calma gracias al cariño infinito de la gente", concluye.

Con esta historia de amor eterno, queremos abrazar fuerte a esta familia en la despedida. Y, sobre todo, reconocer y agradecer a los trabajadores de la salud, que cada día se juegan la vida. 

Fecha de Publicación: 10/11/2020

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