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Tejiendo por un sueño

Te contamos la historia de Beatriz Pelaitay. Una jubilada que dedicó su vida entera a ayudar a los demás, persiguiendo el sueño elemental de vivir dignamente.

Bety es una enfermera jubilada de 62 años que, lejos de dedicarse a tomar el té con sus amigas y mirar series de Netflix, decidió abocar su tiempo libre a ayudar a los demás. Su objetivo es colaborar con las personas que más lo necesitan, para que ellas puedan cumplir un sueño tan básico para el resto de la sociedad: vivir dignamente.

En el marco de la colecta “No más hambre-Las Heras solidaria”, la Municipalidad de ese departamento ha iniciado una campaña de ayuda para los sectores más vulnerables. Y, dentro de este programa, Bety ofreció sus servicios y, desde que comenzó la cuarentena, ha estado juntando ropa y elementos de primera necesidad. Sin embargo, por si la solidaridad de los demás no fuera necesaria, la jubilada altruista se propuso tejer, para complementar la ropa que reúne.

“Yo soy una colaboradora. No pertenezco a la Municipalidad de Las Heras, pero soy partícipe de todo lo que ellos hacen”, aclara. “Yo estoy acostumbrada a hacer muchas actividades en los centros de jubilados y ellos también han colaborado. Ellos te sonríen cuando vas con esa idea”, confiesa sobre los centros que ella suele frecuentar. De hecho, es reina del centro que se llama “Paz y alegría”.

Si bien, entre su inherente condición de persona solidaria y su profesión de enfermera, ha ayudado a los demás durante toda su vida, consideraba que todavía no estaba realizada: “Me parecía que algo me faltaba, que estaba cayendo. Y, cuando empezó la campaña, que estábamos en cuarentena, me di cuenta de que eso era lo que tenía que hacer”. En cuanto se fue flexibilizando la cuarentena, la cosa se hizo un poco más simple: “Empecé a golpear las puertas de mis vecinos y a pedirles a mis amigas, con todo el cuidado que había que tener. Y juro que nunca pensé que tendríamos tanto éxito, ni que la gente iba a colaborar de la forma en que lo ha hecho”.

Y durante la charla, hace un pequeño inventario de lo recaudado: “En este momento, mientras estoy ordenando, me doy cuenta de que llevamos 20 pantalones, camisas, pulóveres y otras prendas. Ha sido una satisfacción increíble, nunca pensé que me iba a sentir tan realizada”. Y, lamentablemente, las idas y vuelta que ha significado la cuarentena y sus diferentes fases, han afectado su vida: “Con mi edad, soy persona de riesgo, así que me han ayudado desde la Municipalidad para llevar las prendas”.

Pero, además, Bety es perseverante, y no se come el cuento de “me fijo y te aviso”. A propósito, aclara: “A veces he ido a golpear dos o tres veces, porque me han dicho ‘me fijo y después te aviso’, entonces vuelvo a ver qué pasó”.

Todos invitados

Si bien esta movida solidaria se enmarca en el programa que lleva a cabo la Municipalidad de Las Heras, Bety considera que un poco de ayuda no vendría mal: “Por ahora lo estoy haciendo sola, pero quien quiera colaborar, bienvenido sea, porque todos podemos aportar”. Y, si no se aporta, se reemplaza con producción propia: “Estuve tejiendo, en el tiempo en que no podíamos salir a buscar ropa. A veces tengo mucho tiempo libre y ahí aprovecho a tejer bufandas o zapatitos para dormir para los niños”.

Incluso, Beatriz también ofrece la modalidad “take away” o “pase y lleve”, tan de moda en épocas de confinamiento: “Ha venido gente a buscar la ropa directamente a mi casa, y yo se la he dado”, concluye. Así, Bety se mantiene más viva que nunca. Se jubiló, pero su salud y su jovialidad la muestran reluciente.  Aprovecha su positiva condición y la pone al servicio de los demás.

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