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Ir a la secciónBuenos Aires - - Viernes 16 De Octubre
Hay momentos que pueden cambiar vidas para siempre. Eso le pasó a Gastón Vigo Gasparotti, un santafesino de 32 años que, hace dos, escuchó en una conferencia a la persona que le encendió el corazón y la mente. Hoy, vive para hacer realidad el sueño de salvar a miles de la pobreza.
Vigo Gasparotti es Doctorando y Magíster en Economía. Licenciado en Administración de Empresas y autor de cuatro libros. Además, es egresado del Colegio de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Santa Fe, prestigiosa escuela jesuita que, si bien inculca a sus alumnos la conciencia social y el trabajo por los necesitados, es “productora” de grandes políticos y empresarios que, la mayoría de las veces, lejos están de la necesidad de la gente.
Gastón es una de esas honrosas excepciones. Siempre había militado en movimientos que tienden a mejorar la vida de los que más sufren, pero algo le decía que no estaba haciendo lo suficiente. Cuando conoció, aquel día, la obra del Padre Pedro Opeka y su fundación Akamasoa, en Madagascar, quedó fascinado. Dejó todo lo que estaba haciendo y se fue a África, a aprender de primera mano cómo se puede “sacar a gente de la pobreza” sin regalarles nada.
“El Padre Pedro es nuestro héroe. Es una máquina de hacer. Construyó, con los más pobres, de un basural, 22 barrios, 3000 casas, escuelas de todos los niveles, maternidades e infraestructura para una ciudad de 29 mil personas. Se calcula que la organización ha sacado a 500 mil personas de la extrema pobreza. Candidato al Premio Nobel de la Paz. Se lo conoce en el mundo como el albañil de Dios”, afirma Gastón en su sitio web.
Los datos duelen e invitan a comprometerse. El 63,4% de los menores de 17 años son pobres y el 50% de los alumnos no concluye la secundaria. Ya han muerto por desnutrición más de 130 mil personas en los últimos 70 años. “¿Viviremos en un estado de pasividad desesperante? Hay que actuar ahora, porque no podemos seguir sufriendo el peor de los males: la apatía ante una realidad que es contundente”, asegura el activista.
En Lima, Zárate, está la sede central de Akamasoa Argentina. También traban en Rincón de Milberg, Tigre. Todos los días buscan replicar el milagro de Akamasoa en Madagascar. Codo a codo y junto a los más pobres, están construyendo el primero de los oasis de esperanza en el país
Lima tiene 22.000 habitantes de los cuales 8000 viven en la pobreza. Se encuentra a pocos kilómetros de los dos polos industriales más grandes de la Argentina: Zárate y Campana, a unos 100 kilómetros de Capital Federal. Un estudio demográfico demostró que, de 197 niños, el 34% tiene desnutrición infantil; de 354 adultos, el 49% no trabaja y solo el 30% tiene educación secundaria; de 180 familias, el 69% no tiene agua caliente, y el 46% está hacinado. Ante estos datos duros, muy duros, la fundación propone salidas viables. En Akamasoa se enseñan oficios. Hay una escuela para adultos, según el Programa Nacional FinEs, una escuela debate. Hay, también, una huerta que produce y un equipo de producción de calefones solares, como medida transitoria para las familias que no tienen agua caliente.
“Tengo la certeza de que, pase lo que pase, voy a seguir adelante, porque esto no es un proyecto: es una causa por la que estoy dispuesto a dar la vida, tratando de lograr que cada una de las personas que ayudamos, salga de la pobreza”, sentencia este santafesino de gran corazón.
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