Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Requisito laboral: ser argentino

Philip Stephens es australiano, tiene 62 años y está en silla de ruedas desde los 18. Para que lo asistan en sus tareas diarias y en sus viajes, solo contrata cuidadores argentinos. Enterate por qué.

A la hora de establecer los requisitos en la búsqueda de un postulante, el empleador brinda una lista de habilidades, experiencias y cualidades necesarias para el puesto de trabajo en cuestión. Estas pueden ser de lo más variadas, pero en este caso llama la atención uno de ellos: ser argentino. Sobre todo, porque quien busca llenar la vacante está a miles de kilómetros de nuestro país, en Australia.

Philip Stephens tiene 62 años, es australiano y, debido a un accidente que sufrió en su juventud, está en silla de ruedas desde hace 44 años. Debido a su condición física, requiere de asistencia permanentemente, en especial cuando se embarca en aquello que más le gusta hacer en esta vida: viajar. Para ocupar este rol tan importante para él, los candidatos tienen que cumplir una condición: ser argentinos.

Phillip reside en la ciudad balnearia de Manly, donde alquila algunas habitaciones de su casa a viajeros argentinos. Se siente parte de la comunidad de argentinos que allí reside y el motivo por el cual los elige como sus acompañantes es que se siente muy cómodo entre personas de esa nacionalidad.

Pero ¿por qué solo argentinos? Hasta hace 10 años, Phillip prefería trabajar con personas de su misma nacionalidad. Luego comenzó a contratar gente de distintos países, hasta que conoció a su primer argentino, Santi, quien al poco tiempo le presentó a un amigo que también se convirtió en su cuidador. Cuando ellos regresaron a argentina, otros dos amigos tomaron sus puestos, y así fue como comenzó la tradición. Lo que más le gusta a Phillip de trabajar con argentinos es su personalidad espontánea y su facilidad para entrar en confianza y demostrar sus emociones.

My Lucky Break

La vida de Phillip no es fácil, pero él se siente afortunado de todas formas. A los 18 años, justo después de haber terminado la escuela secundaria, salió de vacaciones a la playa. En una edad en la que no se miden las consecuencias, saltó de una roca al mar y su cuello golpeó contra el fondo. Al poco tiempo, le confirmaron que ya no podría caminar y, además, difícilmente podría usar sus brazos y sus manos. Luego del accidente, pasó un año internado, primero en el hospital; después en su casa.

Asimilar su nueva vida no fue sencillo, pero él no bajó los brazos: comenzó la universidad, estudió Finanzas y pudo conseguir un buen trabajo. Gracias a eso, le fue posible hacer lo que más le gusta en la vida: viajar. Su pasión comenzó a los 24 años, cuando conoció las ruinas de Chichén Itzá, en México, con unos amigos. Desde ese momento siguió recorriendo el mundo y visitó destinos tan diferentes como Egipto, Perú, Grecia y, por supuesto, Argentina. En Perú, incluso se animó a llegar a la cumbre del Machu Picchu, siempre con la ayuda de sus cuidadores argentinos.

Hoy, ya retirado, puede dedicarle más tiempo a su gran pasión. Además, escribió un libro autobiográfico, con la colaboración de una periodista, en el que cuenta por qué se considera una persona afortunada a pesar de su condición. El título del libro es My lucky break, en un juego de palabras que hace referencia al accidente en el que se rompió el cuello.

Historias como las de Phillip nos inspiran y nos demuestran que no importa qué tan duro se ponga el camino, siempre hay una manera de seguir adelante.

 

Imágenes: Philip Stephens

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