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¿Querés que te dé tutuca?, parte 2

Conocé cómo es Alcides, este entrañable señor de 90 años que inventó una genialidad: la tutuca.

Criado en el campo, Alcides Klenzi siempre tuvo inquietudes de hacer otra cosa que no fuera trabajar allí. No porque el trabajo rural sea malo. De hecho, San Carlos Sud, su pueblo de origen, es uno de esos prósperos puntos de Argentina. Además de la riqueza del campo, los sancarlinos son pioneros argentinos de la cerveza, grandes trabajadores del cristal y sede de una de las principales fábricas de golosinas del país.

Pero, cuando Alcides era chico, la “meta de vida” promedio de sus pares se reducía a un buen pasar en el tambo. Y eso a él no lo motivaba. Aún hoy, a sus 90 años, tiene una personalidad inquieta.

Ya en su vida en Córdoba, Alcides se formó como profesional. Es decir que, a su capacidad para los negocios y a su optimismo innato, les agregó capacitación. Una de las cosas que lo marcaron fueron los talleres de “calidad de vida”. Allí aprendió que, en vez de llorar lo que falta, hay que disfrutar lo que se tiene. Perfeccionó aquello de estar siempre viendo lo positivo y no lo negativo de las cosas. En una entrevista, Alcides se enorgullecía de decir: “Soy muy feliz con la vida que he hecho. Todos me dicen que siempre estoy contento”.

Con el tiempo, cuando ya no tuvo más la fábrica, fundó, junto a otros socios, Pekos. El haber inaugurado uno de los complejos de diversión más importantes de Argentina, no hace más que confirmar la gran cabeza emprendedora de este hombre.

Pero no nos vayamos lejos de la tutuca. El gran diferencial que tiene este producto, en el mundo de las golosinas, es que es económico y absolutamente alimenticio. Solo lleva maíz y azúcar. Los padres no se preocupan, porque no tiene componentes malos.

¿Cómo se hace la tutuca?

Cuando nació el emprendimiento en La Falda, el proceso era más o menos así: en una pequeña vasija de hierro, la que era calentada con sopletes, se colocaba el maíz. Luego de unos minutos, se liberaba la presión, lo que ocasionaba que el maíz se inflara. Una vez listo, le incorporaban aditivos para hacerla dulce. Luego, se empaquetaba y se llevaba a la escuela para su venta. Así nació la Tutuca, hace más de medio siglo, creada en La Falda por el inquieto santafesino Alcides Klenzi.

Con el gran éxito escolar del producto, decidieron imprimir folletos y salir a distribuirlo a la salida de las escuelas. Naturalmente, llegaron a ofrecerlo a localidades vecinas de La Falda. Y no pasó mucho tiempo hasta que la demanda de la tutuca llegara a oídos de las restantes provincias. Esto demandó un nuevo esfuerzo logístico para distribuirlo y venderlo en el resto del país, apelando en sus momentos a los trenes de carga. Pero, cuando algo es muy bueno, no necesita marketing, dice un famoso dicho. En este punto de la historia, y para graficar esta idea, va un recuerdo de Alcides: de San Juan y Mendoza llegaban a Córdoba vagones llenos de fruta. Se volvían rebalsando de tutuca.

Las culturas preincaicas ya elaboraban un producto similar antes de la llegada de los españoles al continente. Sin embargo, en la zona de la Puna norteña, los ciudadanos fueron probando diversas formas de explotar el maíz. Hasta que en Bolivia lo hacían en cápsulas de hierro calentadas con sopletes. Esta es la técnica que llega a La Falda y es perfeccionada para luego ser comercializada, hasta llegar a ser la popular y conocida tutuca.

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