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Investigación y compromiso social

Federico es un ingeniero que decidió dedicarse a un tema que puede ser de gran ayuda: reciclar el plástico para construir.

Con su tesis de grado en Ingeniería, Federico Ortiz demostró que las calles, casas y edificios podrían hacerse aprovechando el desecho plástico. No le fue nada mal, porque hoy está becado por el CONICET para obtener un doctorado con esta temática. El plus de su tarea es el de ayudar a un sector social muy vulnerado, como es el de la gente que vive de juntar basura.

Cuando a este santafesino “se le ocurrió” (las comillas son porque una investigación científica es mucho más compleja que eso) la idea de que el asfalto puede ser reemplazado por plástico, muchos lo miraban como si estuviese loco. Al mismo tiempo, militaba en el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), del cual participan los cartoneros de Santa Fe. Conocer su realidad lo movilizó a hacer algo por ellos. El germen de todo fue imaginar que la basura que esta gente junta pueda tener un valor. A su vez, por supuesto, su trabajo aportaría a la conciencia ambiental. Esto es clave porque, en la actualidad, en Santa Fe es muy poco lo que se aprovecha para reciclaje, del enorme caudal de basura que se genera.

Un círculo vicioso positivo

La investigación de Federico presenta una situación de feedback muy interesante. El desecho plástico puede ser redituable, lo que redundaría en menos basura circulando. Se combatiría en gran medida la existencia de microbasurales, que son muy frecuentes en barrios de Santa Fe.

Para fabricar los “ladrillos de plástico”, Federico se encargó primero del reciclaje: lavado y triturado del plástico en un molino. Para los materiales utilizó botellas de tereftalato de polietileno (PET) trituradas, porque es el plástico que tiene mayor resistencia, sobre todo si se apunta a la construcción de edificios enteros. Esa mezcla que Federico ideó fue llevada luego a la bloquera ponedora, la cual les dio forma a los materiales

Si los ladrillos consumen gran cantidad del plástico que las personas desechan, aún más lo harían los adoquines para colocar en calles, que están fabricados solamente de arena y plástico reciclado. La cantidad de desechos que Federico utilizó para los adoquines fue, al menos, tres veces mayor a la de los bloques de hormigón. La razón es simple: los plásticos ya no reemplazan un porcentaje de la arena, sino que ocupan el lugar del cemento. El plástico se derrite y funciona como ligante, es decir, cumple la función del cemento, el cual tiene propiedades nocivas para el medio ambiente.

Manos a la obra

El investigador fue construyendo adoquines de manera casera, junto a sus amigos cartoneros, hoy están próximos a formar una cooperativa que los entre en licitación para vender las piezas al Estado, y este construya veredas y también calles. Así, además de apostar al cuidado ambiental, se podrá generar trabajo en un sector olvidado de la sociedad.

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