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Pedro Vargas, mucho más que el nombre de una calle

Esta es la historia que reivindica el refrán que afirma que las apariencias engañan. Pedro Vargas, un tipo común que arriesgó todo por nuestra libertad.

Me propongo a hacer un poco de historia. Porque los tipos comunes, y menos recordados, también hicieron tanto como los próceres más destacados de nuestra vida como país. Quizás escuchaste su nombre alguna vez. Quizás en tu ciudad haya una calle con su nombre. Pues aquí en Mendoza hay varias. Se trata de Pedro Vargas, un don nadie que grabó su nombre a fuego como pieza clave de nuestra independencia.

La gesta sanmartiniana

Alrededor de 1814, San Martín se preparaba para cumplir con uno de los hechos bélicos más importantes de la época: cruzar la Cordillera de Los Andes y liberar a Chile del poder español. Para ello necesitaba no solo de la fuerza, sino también de la inteligencia. Y para esto último lo convocó a nuestro amigo, Pedro Vargas. Era un hombre común, pero valiente. Que sin peros aceptó y obedeció las órdenes del General San Martín, por entonces gobernador intendente de Cuyo. 

El plan era osado. Lo ubicaría a Vargas en posición de traidor, de vende patria. Tendría que lidiar, tal vez, con ese mote durante el resto de su vida. Pero el bueno hombre lo aceptó y acató directrices. Lo que San Martín le pedía era, básicamente, que simulara, de un momento para el otro, haber cambiado de parecer y de ideales. Que comenzara, de repente, a bregar por la causa española. Que menospreciara a los criollos y se codeara con los realistas, que en Mendoza todavía eran unos cuantos.

El objetivo era claro: conocer los movimientos del enemigo y despistarlo con mentiras y patrañas sobre la estrategia propia. Pedro Vargas consumó el hecho a la perfección. Brindaba información errónea sobre los movimientos del Ejército de Los Andes a la vez que recaudaba datos sobre el plan de los españoles. A tal punto llevó su proeza a la perfección que hasta su esposa pidió por su exilio. No soportaba ver tamaña traición. No creía posible que su esposo, de un día para el otro, hubiera cambiado tan radicalmente de opinión.

La reivindicación

El tiempo pasó. San Martín cruzó Los Andes y liberó al vecino país. A costa, entre otras cosas, de la reputación del pobre de Pedro Vargas. Y fue ahí, después de la Batalla de Chacabuco, cuando San Martín escribió la carta consagratoria. Aclaraba y describía, en un escrito hacia Cuyo, la honradez, el valor y el sacrificio de Pedro Vargas. Contaba quién era y qué pensaba Vargas en realidad. Así, su esposa, vecinos y mendocinos en general, volvieron a quererlo y a respetarlo, todavía más que antes.

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