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Padre Mario: la historia de un cura que cura

En esta nota recordamos la vida y obra de uno de los padres que dejó su huella y caló hondo en los corazones argentinos.

Desde Ser Argentino buscamos reivindicar la argentinidad y mostrarla con sus defectos y virtudes. Por eso, buscamos dar a conocer, también, las biografías de personas que conforman nuestro imaginario popular argentino. En este caso, a pedido de un lector, recordamos la historia del gran Giuseppe Mario Pantaleo. También conocido como José Mario Pantaleo o Padre Mario.

Este fue un sacerdote Italiano nacido en Pistoia, que vivió la mayor parte de su vida en Argentina. El reconocido padre fue popular como sacerdote sanador y por su obra en favor de los pobres y desposeídos de González Catán. Y no solo profesaba su religión, sino también se cultivó convirtiéndose en Licenciado en Psicología y Filosofía. Esto le permitió compartir su conocimiento con sus seguidores y ayudar con más herramientas a quienes lo necesitaban.

De viajes y misiones

Este hombre nació el 1 de agosto de 1915. En 1924, como muchísimos italianos,  él y su familia emprenden un viaje a Argentina, buscando un futuro mejor. Llegan a Buenos Aires el 28 de enero y se dirigen a la ciudad de Córdoba. Allí, Mario fue alumno en el Colegio Pío X y, a partir de 1927, en el aspirantado salesiano de Colonia Vignaud, Córdoba. En 1931, su familia vuelve a Italia y se afincan en Arezzo, Toscana.

En 1932, Mario ingresa en el seminario Diocesano de Arezzo y continua sus estudios en los seminarios de Viterbo y de Salerno. Sin embargo, la guerra iba arrasando con el destino, por motivos políticos el seminario cierra y el padre Mario termina sus estudios, siendo ordenado sacerdote en Matera. El 8 de diciembre, un día muy especial para la religión, pero de 1944, oficia su primera Misa en Pomarico. Ese sería el inicio de una larga trayectoria como profeta y consejero del pueblo.

El camino de regreso

El 29 de julio de 1948 regresa de manera definitiva a la Argentina. Las autoridades eclesiásticas lo destinan primero a la Iglesia de San Pedro en Casilda, provincia de Santa Fe; luego a Rosario, a la Parroquia Nuestra Sra. de la Guardia; y, posteriormente, como capellán, al Hospital Ferroviario; más tarde a Acebal y, por fin, a Rufino. En 1958, luego de 10 años de misión sacerdotal en Santa Fe, pide su traslado a la ciudad de Buenos Aires. Allí se suceden diversos destinos, la Capellanía del Hospital Ferroviario y del Hospital Santojanni, y la Parroquia del Pilar.

Milagroso padre

A lo largo de los años, comienza a hacerse conocida su capacidad para diagnosticar y aliviar el sufrimiento físico y psíquico de las personas. A fines de los años 70, esta virtud lo vuelve muy popular. De pronto miles de creyentes (y no tanto) buscan entrevistarse con él.  El padre cumplía sus misiones y regalaba sus dones. A todo aquel que lo visitaba, él lo consolaba, contenía y aconsejaba. Su refrán más famoso dice: «Yo soy la guitarra; el guitarrero está arriba, y es Él quien verdaderamente hace todo”.

Un hogar de todos

A fines de los 60, Aracelis “Perla” Gallardo acude a él buscando alivio a un problema de salud que la aquejaba. Gracias a la ayuda del padre logró componerse contra todo pronóstico, y es por eso que ella decide  ayudarlo  junto a su familia en la construcción de una iglesia. Esta funcionaría en González Catán como una obra social y espacio para los más necesitados. La Capilla sería conocida como la del Cristo Caminante y se fundó en 1972, para que, el 8 de diciembre de ese año, el Padre Mario oficie la primera misa.

Ya más adelante, entre 1976 y 1992, se pusieron en marcha gran parte de los proyectos actuales. Jardín de Infantes, Escuela Primaria, Escuela Secundaria, Policonsultorio, la Escuela Laboral para personas con discapacidad, el Centro de Atención para Adultos Mayores y el Polideportivo.

Adiós

El Padre Mario Pantaleo falleció en 1992, luego de dar consuelo a muchos. Miles de personas acudieron a la capilla ardiente y acompañaron el cortejo a su primer destino en el Cementerio de la Recoleta y otros miles a su destino final en su Obra de González Catán. La Obra siguió creciendo sin pausa, se incorporaron nuevos proyectos como ser la formación en arte y oficios, formación universitaria, programa de vejez activa, educación no formal, entre otros. Su paso por este mundo no fue en vano, e inspiró a muchas personas a seguir con misiones colaborativas y aportar un granito de arena para cambiar el mundo. 

¡Aplausos a este ícono solidario!

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