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María Soledad

Un nombre que se volvió emblema de la lucha contra la violencia de género. A 30 años de su muerte, la recordamos.

Aparecer tirada en una zanja. Muerta. Todas las mujeres sentimos ese miedo alguna vez en la vida. O todos los días de nuestra vida. Tenemos un miedo más, un miedo que está siempre presente, con el que estamos acostumbradas a convivir. Lo sentimos cuando pasamos por una esquina llena de hombres, cuando caminamos solas por la calle de noche, cuando nos subimos a un taxi. Vivimos con miedo a que nos violen, a que nos maten. Con miedo a aparecer tiradas en una zanja. Como le pasó a María Soledad.

Pasaron 30 años, y las cosas no cambiaron mucho. Todos los días nos encontramos con casos de violencia de género, que más veces de las que quisiéramos terminan en femicidios. Niñas y mujeres son abusadas y asesinadas por extraños y allegados a cada minuto. A María Soledad la mataron hace tres décadas y –en todo ese tiempo– tantas otras corrieron la misma suerte.

Un caso emblemático

María Soledad Morales vivía en Catamarca y estaba a punto de cumplir 18 años. Iba a 5° año del colegio secundario, le gustaba escribir poemas y quería ser maestra jardinera. Vivía junto a sus padres y a sus seis hermanos. Y, al parecer, estaba enamorada. Una noche, asistió a una fiesta de egresados en un boliche. Les dijo a sus padres que se quedaría a dormir en la casa de una amiga, pero en medio de la fiesta se despidió de sus compañeras y salió a encontrarse con Luis Tula, su novio. Esa fue la última vez que la vieron con vida.

Luis Tula –quien era 12 años mayor que ella– la llevó a otro boliche, donde le presentó a otros hombres, todos ellos hijos de funcionarios políticos y policiales de la provincia, entre los que se encontraba Guillermo Luque. Al poco tiempo la subieron a un vehículo. Estaba drogada.

María Soledad no volvió a casa al día siguiente, como les había dicho a sus padres. La encontraron tres días después. Tenía moretones en todo el cuerpo y semen en la vagina. Según la autopsia, le habían "arrancado el cuero cabelludo, cortado las orejas y vaciado un ojo”. La mandíbula había sido rota a golpes y el cráneo, “aplastado”. La saña que tuvieron con ella solo se entiende de una forma: quienes lo hicieron, se creían impunes. Sentían que nadie podía tocarlos.

Los hijos del poder

¿Por qué fue tan emblemático el caso de María Soledad? ¿Por qué todos conocemos su nombre? María soledad no fue la primera joven violada ni asesinada, ni la última. Su caso cobró especial relevancia porque estuvo vinculado con los llamados “hijos del poder”. Porque las autoridades de Catamarca trataron de encubrirlo de una forma indignante. Porque puso sobre el tapete las condiciones semifeudales de ejercicio del poder que tenían lugar en muchas provincias argentinas y produjo un cambio político en Catamarca.

El caso desencadenó históricas movilizaciones populares, que contaron con el apoyo de amplios sectores en todo el país, tras lo cual se logró el esclarecimiento del homicidio. Tuvieron lugar las primeras marchas del silencio masivas. Esto derivó en la remoción de la cúpula policial y en un primer juicio que terminó en escándalo. Ocho años después, condenaron a Guillermo Luque –hijo del entonces diputado nacional Ángel Luque– a 21 años de prisión tras declararlo culpable por la violación y el homicidio de María Soledad. Luis Tula fue sentenciado a 9 años como partícipe secundario del crimen. Sin embargo, se estima que participaron más hombres en el crimen. Hoy todos están en libertad.

A 30 años

La esperanza es que ella, y todas las que le siguieron, no hayan muerto en vano. Por eso, para el aniversario de su muerte distintas organizaciones convocaron a encuentros virtuales para concientizar sobre la violencia de género. Con esto en mente, su familia, varias ONG y grupos feministas organizan distintas actividades para recordarla el 8 de septiembre. Además, se entregarán notas al Municipio para poder instalar más bancos rojos en la ciudad, con la siguiente leyenda: “En memoria de todas las mujeres asesinadas por quienes decían amarlas”.

Ojalá no pasen 30 años más hasta que las cosas cambien. Ojalá algún día, finalmente, podamos librarnos del miedo.  

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