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Loco Banderita, el fútbol argentino te saluda

El Loco Banderita no solo fue una genial creación de Cacho de Villa Urquiza. Fue la personificación inimitable de la pasión del hincha que sostiene algo más que un juego.

El box, el asado, el truco, la familia, la murga y la hinchada de Boca, La Doce, están de luto en la Argentina. Oscar “Cacho” Laudonio, el famoso “Loco Banderita”, que flameaba la bandera xeneize a la salida del túnel de la Bombonera,  no estará firme en el próximo partido. Símbolo nacional del hincha, en sus tres trajes “únicos” bordados de ídolos populares e imágenes de las Islas Malvinas, calaban hondos los sentimientos y valores del barrio. Sacrificio, amistad, amores y alegría transmitía desde sus épocas de solicitado docente de box y que llegaban a las charlas informales, en su rol de utilero, con los jugadores de todas las divisiones de Boca. Viveza, Cachito, el Loco pudo perder un round con el maldito coronavirus pero ganó la pelea alentando desde el tablón con un temple de fierro, leal, solidario “Maravilloso”, “Espectacular”, “Apoteótico”, “Extraordinario”, así era el Loco Banderita.

Nació el 15 de septiembre de 1936 en Parque Chas dentro de una familia numerosa, nueve hermanos, y un papá empleado municipal, barrendero de una feria en Triunvirato y Mendoza. Asado infaltable cada domingo  “Crecí en un hogar hermoso, donde sobraba calor de hogar” recordaba Cacho en el documental de Augusto Famulari. De adolescente colaboraba con su familia en aquella feria municipal desde las cuatro de la mañana y, sus amigos de barrio, que lo acompañaron toda la vida, lo apodaron “Viveza” por las picardías entre puesteros e inspectores.  En aquel momento su padre Ángel, un inmigrante italiano, era buen amigo del famoso boxeador José “Cucusa” Bruno. Así que no costó demasiado que sus hijos Oscar y Abel en 1946, amantes de los piñas y los clubes de barrio además, empezaran a entrenar  en el Club Parque Chas, con un campeón de peso pluma, y orgullo de Villa Urquiza. A Cacho también le tiraba la murga porteña, participaba en varias comparsas del barrio, y hasta sus últimos años bailó en Los Fantoches de Villa Urquiza y el Centro Murga Los Inocentes. El carnaval corría en sus sangre al igual que su amor por el azul y oro. Conocido de Jorge Gorena, líder de la barra de Nueva Chicago y Boca, a principios de los cincuenta empezó a seguir al club de sus amores, y a veces viajando al Interior del país sobre los techos de los colectivos.

A la par el boxeo se estaba transformando en una profesión de tiempo completo, Cacho termina la primaria en la nocturna, y consigue un empleo en el Correol, donde pasó casi treinta años entre mensajero, encargado de llevar telegramas “buenos y de los otros”, y teletipista. Una tarde de 1954, cuando eran reconocidos semifondistas en las peleas de “Cucusa”, llega una de las primeras oportunidades importantes para los hermanos Oscar y Abel, una pelea de exhibición ante el general Perón durante un entretiempo de un Boca-River. Y no solamente consiguieron saludar al presidente sino que pidieron una bicicleta y Perón les consiguió una casa en San Martín “El deporte, el box, me dio todo. Por eso es importante para sacar a los pibes de la droga y el paco”, repetía cuando lo visitaban ya de profesor de box en el gimnasio de su hermano frente al Club Comunicaciones -allí llegó a entrenarse Carlos Monzón, y se filmaron películas con Jorge Porcel y Palito Ortega. Cacho además actúo de “atorrante” en “La barra de la esquina” con Alberto Castillo. Al año siguiente deben decidir entre hermanos el Campeonato Peso Mosca de Novicios y Don Ángel dice, “Cacho, entre hermanos no pueden pelear, no es bueno que se peleen -respondía Oscar- Y bueno, hacemos lo que vos quieras, papá” Y a cara y cruz en el living de la casa paterna se decidió el primer campeonato para Abel, quien sería uno de los grandes boxeadores latinoamericanos, campeón en Lima en 1958, y ganador de la medalla de bronce en Roma 1960. Y de los pocos que derrotó a Nicolino Locche en el Luna Park, en uno de los duelos más esperados de la década del sesenta.

Cacho seguía intentado en el boxeo hasta que en 1959 pierde la chance de representar al país en los Juegos Panamericanos y se anima a probar suerte en Europa, “Sus amigos del Club El Progreso, en Villa Urquiza, habían juntado moneda tras moneda. El mismo había rifado hasta su radio portátil –por entonces, una rareza- hasta juntar los 12.000 pesos del pasaje. Finalmente pudo hacerlo junto a Oscar Perretano, un boxeador profesional, que había conseguido un contacto en Génova”, recogía Carlos Irusta en la revista El Gráfico de la gira en 1961 que lo llevó por Italia,  España, Francia y la isla de Melilla, en Africa. Allí recibe un tremendo golpe en la nariz -quedaría chata, su rasgo inimitable junto con la sonrisa prendida y un estado físico envidiable- y lo empuja de nuevo a Villa Urquiza  a los brazos de su amada Mary, madre de Mónica Lucía, que les dio dos nietos –Marina y Gonzalo-, Alejandro Martín y Gustavo Ángel.

Cacho Laudonio ostenta el récord de 62 peleas en amateur (23 ganadas por puntos, 29 por KO, cuatro perdidas y seis empates) y siete como profesional en Europa (cinco ganadas por KO, una por puntos y otra perdida por abandono) A su regreso intenta un fugaz retorno al boxeo local pero se inclina por el retiro, vencido por Roberto Palavecino en 1962. A partir de esa decisión se especializa en la docencia del boxeo, “me dediqué a lo que siempre me gustó en mi vida, enseñar”, aseguraba, primero en el mítico Almagro Club, y luego durante décadas en la Federación de Box, donde fue ayudante del recordado Nicolás Preciosa, quien fuese manager de José María Gatica. Sparring de campeones, entre ellos Ringo Bonavena, estuvo en el cuerpo técnico de varios retadores por el título mundial, por citar Jorge “Locomotora” Castro. El último fue Sandro Vázquez peleando por el campeonato en Holanda en 2003. Y precisamente los guantes fueron la puerta de entrada a la institución de La Ribera, ya que se acercó como instructor de box juvenil en los ochenta. La historia de Loco Banderita estaba por empezar.

 

La motoneta del Loco Banderita

En aquel viaje por el Atlántico, Cacho para entretener al pasaje se había disfrazado de mujer y entonaba “Siam Lambretta por aquí/ Siam Lambretta por allá / Un millón de Siam Lambrettas / invadieron la ciudad / Miguelito de Molina -cantante español célebre en la década del cincuenta- dijo en tono veraz / Si tuviera Siam Lambretta andaría marcha atrás” Cuarenta años después cantaría la misma melodía murguera en los festejos por la Copa Intercontinental de Boca en 2000. Pero para llegar a esa historia Cacho, luego de enseñar boxeo a los jóvenes en el gimnasio de la Bombonera, lograría trabajar en el club de sus sueños por una gestión de Antonio Alegre en 1985. Primero fue control de entrada y terminó en Utilería hacia 1990.

Cacho Laudonio ahora estaba cerca de los jugadores de primera y Reserva, llegaba a las seis de la mañana y preparaba los balones y el agua con el esmero de un artesano, cuentan ex jugadores, y no se perdía ni uno de los partidos en su querida Bombonera. Era la máxima emoción del hincha estar en el mismo césped. Pero sentía que algo faltaba para cumplir su máxima, “Ya que viniste al mundo viví la vida” Hasta ese momento la entrada de Boca era anticipada por Mocolita, un señor de traje beige. A Cacho le parecía solemne e intentó que adopte otro color pero Mocolita sostuvo en sus trece hasta su fallecimiento en 1994. La hora del Loco Banderita había sonado “Boca es pueblo, Boca es alegría, Boca es carnaval carioca, Boca es murga de barrio” pensaba Chacho y se vistió con Irma, la modista de Villa Urquiza, con la llamativa levita murguera y la bandera que “pesa como 500 kilos pero se ve desde la popu”, comentaba del trapo que tiene a Perón, La Raulito - María Esther Duffau otra reconocida hincha xeneize, también nacida en Villa Urquiza- y Maradona, entre tantos (que esperamos quede en el denominado Museo Laudonio, en La Bombonerita, espacio de fotografías de Cacho con personalidades del ambiente político, deportivo y artístico. Al Loco seguro le gustaría…) Sobre quién pudo haberle puesto el apodo, o al menos popularizarlo a fines de los noventa, uno puede ser Alejandro Fantino que incluía en su relato al “Loco Banderita” cada vez que ingresaba el equipo de primera división de La Ribera.

Amo a los jugadores de Boca y ellos me aman a mí. ¿Es Boca? Entonces está con el “Loco Banderita”, su alegría máxima”, confesaba a www.periodicoelbarrio.com.ar  en los dos mil, quien era el hincha número uno de Boca, figura tan querida como Martín Palermo o Juan Román Riquelme.

 

Se viene la estatua del Cacho, se viene

“Yo no puedo pedirles camisetas a ellos, que tienen tantos compromisos, debo dar el ejemplo y no pedir, porque la mayor alegría que puedo tener es, simplemente, estar con ellos, ser su alcahuete, como algunos dicen, hacerlos reír –¡Es hermoso ser payaso!– y sentirme amigo de ellos” reconocía a Irusta en 2010. Laudonio acompañó a los conjuntos campeones del mundo 2000 y 2003, uno vez invitado por Carlos Bianchi, y otra vez por los mismos jugadores -y en 2001 Boca perdía la final sin él. Estuvo presente en todos los partidos decisivos de la década dorada de su club (1998-2007), con Boca constituyéndose en el club con más torneos ganados del fútbol mundial, menos un par de meses en 2005. Cacho fue sancionado por agredir a un jugador mexicano del Chivas en un partido de Copa Libertadores.

Siguió trabajando Laudonio en Boca hasta que en un confuso incidente de 2018 se desvinculó, tras casi 30 años de alegrías y tristezas en todas las divisiones, en todos los deportes “Me van a hacer un monumento en Boca, me van a poner a poner al lado de Palermo por el día del hincha del hincha” sostenía Cacho que recibió las disculpas tardías de la institución, pese al apoyo de Diego Armando Maradona y Carlos Tévez. Falleció el pasado 22 de marzo por complicaciones derivadas del coronavirus “El hincha de fulbo (sic) es lo más lindo que hay. Amo a todas las hinchadas del mundo. Te digo más: ojalá que cada hinchada tenga a su propio “Loco Banderita”, estampaba cada nota con su volea favorita, Cacho Laudonio que firmaba autógrafos a las par de su equipo. Ojalá Cacho, vos que fuiste la bandera de lo más lindo del fútbol, la pasión que nos une.

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