Ser Argentino. Todo sobre Argentina

La mejor estrategia de marketing

Conocé la política comercial de este negocio mendocino que se basa en la confianza.

La confianza es un valor fundamental en las relaciones humanas. Sin embargo, por definición, los argentinos somos desconfiados. Siempre estamos tratando de que no nos pasen por encima; siempre cuidando que nadie saque provecho de nosotros. Pero, a veces, nos encontramos con pequeñas historias que cuentan algo distinto. Hoy queremos compartir con vos una de esas historias de gente común.

Luis es un vecino de la ciudad de Mendoza que necesitaba comprar dos matafuegos: uno para su casa y otro para su auto. Se dirigió a W Seguridad, un comercio de la zona, y decidió comprar ambos allí. El más grande no estaba en stock, por lo que el dueño del negocio le propuso encargarlo para la semana siguiente. Luis se ofreció a dejar una seña, pero el hombre le indicó que no hacía falta.

Sin embargo, lo más sorprendente fue cuando, al querer abonar el matafuegos que se estaba llevando, el comerciante le dijo que se lo pagara cuando volviera a buscar el otro. Es decir, se lo estaba dejando llevar solo con la promesa de volver por el otro y abonar los dos.

Al comentarle sobre lo riesgoso de su estrategia comercial, la respuesta del dueño del local lo dejó helado:

 

"No me pueden cagar nunca. Solo puedo salir ganando. Mirá, a mí el matafuegos que te llevás no me cuesta 900, me cuesta 600. Por 600 pesos, que además me vas a pagar la semana que viene, tengo la mejor publicidad que yo puedo pagar. ¿A cuántos les vas a contar esto? ¿Con cuántos me vas a recomendar? Esos son los clientes que yo quiero. Los que vuelven y seguirán volviendo siempre y los que vienen recomendados por los que volvieron.

"Uno de cada tres no vuelve. Con los dos que vuelven salgo hecho con los matafuegos para autos, que los vendo solo para esto, y gano clientes gratis. ¿Vos comprarías mañana un matafuegos en otro lugar? Y el que no vuelve a pagar… me cuesta 600 pesos deshacerme de un mal cliente. Es barato".

 

Cuando conocemos historias así nos sorprendemos ante la amabilidad de otro argentino y ante su estrategia de comercio a largo plazo. Pensamos que son poco verosímiles las actitudes de personas como el dueño del negocio de matafuegos, porque asociamos al compatriota con un ser narcisista, obsesivo, histriónico y desconfiado. Consideramos que por nacer y vivir en nuestro país tendemos a sentirnos superiores a las reglas. Que somos personas que demandamos un trato especial por ser excesivamente sensibles a la falta de respeto, pero que, al mismo tiempo,  perdemos los estribos por nada y aprovechamos cualquier situación para sacar ventaja.

La denominada “profecía autocomplida” -esa que supone que al evocar  cierto comportamiento erróneo con regularidad, se termina concretando - es un concepto que, quizás, grafica esta situación. El argentino es visto, muchas veces, de forma despectiva frente a personas de otros lugares por aquellas características pero, sobre todo, porque suele ser el propio argentino quien decide mostrarse e identificarse con cualidades negativas. Somos nosotros mismos los que aseguramos ser cortoplacistas, interesados y chantas.  Y parece que eso nos habilita a hacerle honor a estos preconceptos a través de nuestras acciones. 

De más está decir que la  personalidad de la gente es algo que se construye con el tiempo y que depende de muchos factores, pero no podemos justificarla siempre por nuestro lugar de pertenencia.

El ejemplo del comerciante de Mendoza es una muestra más de que no todo está perdido. Es un recordatorio de que siempre podemos ir más allá de lo que se espera de nosotros, de lo que se supone que deberíamos ser y hacer por haber nacido acá. 

 

 

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