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La madre de la hija de mis amigos

Parece un acertijo. Pero, en realidad, es la situación en la que está Luciana Correa, quien les prestó su vientre a sus amigos homosexuales.

Víctor y Ezio se casaron en 2017. Y más allá de haber logrado algo que, muchos años atrás, era inimaginable, no se conformaron. Buscaron coronar ese amor con una nueva vida. Luciana es mendocina, pero sus amigos son de Buenos Aires. Ella, por estos días, ya se encuentra en casa de sus amigos, a la espera de la cesárea, que ya está programada para el 14 de octubre.

Subrogación de vientre

La llegada de la pequeña Pilar se da gracias a la subrogación de vientre. Luciana solo (y no es poca cosa) aporta el vientre. El espermatozoide es de uno de sus amigos, mientras que el óvulo es de donación anónima.

Luciana tiene 34 años, está casada con Eduardo y es mamá de cuatro hijos, dos nenas y dos niños que van desde los 18 a los 3. Sin embargo, cuando supo del dolor y lucha de sus amigos por ser padres, tras hablar con su esposo se animó y ofreció su vientre para gestar ahí al bebé. El próximo 14 de octubre, de no mediar el apuro de la pequeña Pilar, se hará la cesárea en el Hospital Suizo Argentino de Buenos Aires.

El 10 de octubre, Luciana cumplirá las 40 semanas de gestación, y desde el 30 tendrán que estar atentos por si se adelanta el parto. Ella tiene cuatro hijos, y todos fueron por parto normal. Lucía sabía desde mucho tiempo atrás que ellos querían tener un hijo. La pareja estuvo averiguando en Estados Unidos y otros lugares, y supieron que la subrogación de vientre era muy cara, cercana a los 150 mil dólares, lo cual los hizo olvidarse un poco de la idea. Sin embargo, un día, Luciana estaba en su casa y le propuso a su marido prestarles el vientre a sus amigos. Este contesto positiva y entusiasmadamente. Decididos, llamaron a sus amigos y les hicieron la propuesta. Se emocionaron y se pusieron a llorar, aunque decidieron “tomarse un tiempo” para pensar la respuesta. Pero ese tiempo fueron apenas 30 minutos, cuando los chicos devolvieron la llamada, rebalsados de alegría.

Luciana se muestra orgullosa de su decisión, ya que ostenta un gesto solidario, en contra del alquiler de vientre y el negocio que hay de por medio. Además, la solidaria mendocina aclara que sus amigos no han podido vivir el momento del embarazo ya que los agarró la pandemia casi por completo.

Por otro lado, Luciana no teme a los riesgos físicos de un embarazo, porque su cuerpo ya lo conoce, al haber dado a luz a 4 hijos. Mas sí le tiene un poco de temor a la cesárea, algo que no conoce.

Odisea

No por el embarazo, sino por el viaje a Buenos Aires, el cual, con la cuarentena de por medio, fue bastante más largo que lo común. Salió un viernes a la tarde y llegó a la madrugada del domingo siguiente. Las famosas “burbujas” en San Luis y los protocolos hicieron de un viaje lleno de amor, una verdadera odisea. Aunque su postura es optimista. Confía en que todo valió la pena, los chicos estaban muy contentos de ver la panza, ya que ellos no pudieron presenciar las ecografías. Pero Luciana se las mandaba por WhatsApp.

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