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La historia detrás del tortugo Jorge

El tortugo habita el acuario municipal de Mendoza y tiene cerca de 120 años. Sin embargo, una hermosa historia de vida se esconda bajo su caparazón.

El tortugo Jorge es la principal atracción del acuario municipal de Mendoza. Se calcula que su edad es mayor a 120 años y despierta la atención de niños y adultos, dentro de su pequeña pecera. Pero ¿cómo llegó una tortuga marina a Mendoza?, ¿en qué condiciones?, ¿por qué se llama Jorge? El destino ha querido que el autor de esta nota sea el nieto de quien fuera el director del acuario durante la llegada del tortugo. Por eso, de primera fuente, acá va la historia.

Alejandro Víctor Nacevich se desempeñó como director del acuario durante más de 30 años. Heredó ese cargo de su madre, quien fue la fundadora de la institución. Fue el encargado de traer la gran mayoría de las especies que nadan hoy en las peceras. Anguilas, cazones, caimanes y el propio Jorge.

La historia cuenta que, en el año 1984, se contactaron con Alejandro desde el puerto de Bahía Blanca, con quien tenía ya una relación. Los bahienses le informaron sobre la existencia de una tortuga marina que habían encontrado pero que la creían muerta. Entonces se la ofrecieron para embalsamarla y exhibirla en algún museo o en el mismísimo acuario. Alejandro dio respuesta afirmativa y recibió, días después, una caja de madera con el futuro Jorge adentro. Rápidamente se percató de que estaba con vida y se puso a trabajar para salvarlo. Improvisó una pecera, calculó la salinidad del agua y lo sumergió.

Sin embargo, el problema era ahora alimentar al animal. Probó con varias cosas, pero el tortugo no quería saber nada. Hasta que un día, accidentalmente, a Alejandro se le cayó un poco de cáscara de huevo en la pecera y Jorge la devoró. Listo, ya tenía el alimento para el animal.

La historia detrás del nombre

Así, Jorge es la atracción principal del acuario desde hace más de 30 años. Sin embargo, una particular historia se esconde detrás del nombre. Es que, desde su exhibición en la pecera, el tortugo era visitado por cientos de personas, niños y adultos. Pero había uno que era un visitante un poco más frecuente. Con solo 10 años iba todos los días a preguntar por el gigante de la pecera. Era hijo de inmigrantes y su nombre era George. Así, Alejandro decidió bautizar a la tortuga con su nombre, pero en español, claro.

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