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La fuerza de la solidaridad: se encontraron con un refugiado ucraniano en la calle y decidieron ayudarlo

Carla y Tomás conocieron a Vitalii mientras pedía ayuda en una esquina porteña. Había viajado solo desde Ucrania a causa de la guerra, no hablaba el idioma ni tenía dinero. Sin dudarlo un minuto, lo ayudaron a llegar a su destino final.

La palabra guerra nos suena anacrónica. Suena a película de ciencia ficción, a libro de historia, a los relatos del abuelo. En la Argentina, tenemos la suerte de que las guerras nos quedan lejos, en el tiempo y en el espacio. Pero hay quienes viven con las bombas sobre sus cabezas, quienes deben escapar con lo puesto para poder salvar sus vidas, quienes ven cómo su mundo se desmorona por completo de un momento a otro.

Es prácticamente imposible imaginarnos esa sensación tan desgarradora, pero tenemos una herramienta que nos permite ponernos en el lugar del otro y, al menos, intentar comprender lo que está atravesando: la empatía. Fue eso lo que empujó a Carla y a Tomás a ayudar a un extraño con quien se encontraron en una esquina, absolutamente desamparado.

La historia de Vitalii

Vitalii es ucraniano y trabaja de albañil. De un día para el otro, su país se convirtió en un campo de guerra y se vio forzado a escapar, dejando atrás todo lo suyo. Cargó lo poco que pudo en una mochila y abandonó su casa con esas escasas pertenencias y una caña de pescar. Tenía la intención de llegar a Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, donde unos amigos habían ofrecido darle refugio.

Para acercarse a su destino final, eligió volar a Buenos Aires, porque el pasaje estaba barato. Llegó a la Argentina solo, sin hablar español ni inglés. No tenía dinero, no conocía a nadie en la ciudad y debía encontrar la manera de llegar a Bolivia. Confeccionó un cartel escrito en español, en el que se presentaba como un refugiado ucraniano y pedía ayuda. Se paró en una esquina con el cartel a esperar que alguien escuchara su historia.

Fue entonces cuando se encontró con Carla y Tomás, una pareja del barrio de Villa Crespo que se interesó por Vitalli y decidió ayudarlo. Lo primero que hicieron fue intentar buscar el apoyo de organismos oficiales: se comunicaron con el consulado, con la embajada y con la policía, pero nadie les brindó una solución. Se dieron cuenta, entonces, de que tendrían que asistir al ucraniano ellos mismos.

Cadena de favores

Primero, le dieron a Vitalii algo de comer. Luego, a través de un traductor online, les explicó que lo que necesitaba era llegar a Santa Cruz de la Sierra. Lograron contactar a una mujer que manejaba el idioma y, entre los cuatro, comenzaron a buscar pasajes de micro para que pudiera arribar a destino.

El trayecto en micro a la ciudad boliviana demoraba 40 horas y salía 13 mil pesos. Carla y Tomás, sin pensarlo, se hicieron cargo de los gastos. El único inconveniente era que el micro partía en una hora, por lo que debían llegar a la terminal de Retiro en tiempo récord.  

Sin perder un minuto, la pareja pasó por su casa a recolectar la comida y la bebida que tenían, para que Vitalii pudiera contar con provisiones para su largo viaje. Luego, se subieron a su auto y fueron lo más rápido que pudieron hasta la estación de Retiro. Llegaron quince minutos antes de la hora de partida del micro.

Sin embargo, los problemas no terminarían allí. En la compañía de transportes, requerían que el pasaporte estuviera traducido al español o al inglés. Luego de explicarles la situación y apelar a su buena predisposición, lograron que Vitalii pudiera subirse al bus. “Gracias, amigos” fueron las palabras del ucraniano hacia los argentinos.

Allí, conocieron a Jenni, una boliviana que iba a viajar junto con el ucraniano y se ofreció a ayudarlo a ingresar a su país. Intercedió cuando intentaron impedirle el ingreso en la frontera y, una vez en Bolivia, lo albergó su casa, le dio de comer y lo puso en contacto con la comunidad ucraniana de Bolivia.

Finalmente, gracias a la ayuda desinteresada de esos extraños que se cruzaron en su camino, Vitalii pudo reunirse con sus amigos en Santa Cruz de la Sierra, donde planea empezar una nueva vida, muy muy lejos de casa. 

 

Imagen: Pixabay

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