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Hizo 700 km en bicicleta para volver a su pueblo en La Pampa

Conocé esta historia de valores y desafíos: Juan Quispe recorrió una provincia entera para volver a visitar a su familia de La Pampa

El estado de excepción sanitario decretado en todo el planeta salvó muchas vidas, pero también tuvo otros efectos y consecuencias. Si bien las economías nacionales se vieron duramente afectadas, algunos rubros crecieron exponencialmente durante la pandemia. 

El caso de las bicicletas es un ejemplo claro de cómo las prohibiciones llevan a las personas a rebuscarselas. La peligrosidad de contagio en el transporte público de corta y larga distancia, y el encarecimiento de los transportes privados, multiplicaron exponencialmente el uso de la bicicleta. Se estima que en el mundo se venden y circulan 400% más de bicicletas que antes de la pandemia. La extensión de nuestro país y la imposibilidad de circular libremente,llevaron a que este medio de transporte sea el preferido. Además, cada provincia decidió independientemente durante la pandemia qué normas debían cumplirse para el ingreso y egreso de personas

Es de público conocimiento que La Plata, Buenos Aires y Córdoba capital son los lugares elegidos por miles de adolescentes y jóvenes para estudiar alguna carrera universitaria. Un muchacho oriundo de Rancul, al norte de La Pampa, decidió emprender una aventura en bicicleta para volver a su pueblo natal desde La Plata, donde estudia Arquitectura. Los 700 kilómetros que separan a ambas localidades fueron un desafío personal que quedará para siempre en la memoria de Juan Vicente Quispe.

La preparación de Juan para emprender el viaje no fue fácil y llevó varios meses. “Me hice mi propia alforja para llevar colgada en la parrilla de la bici; conseguí una carpa y me preparé mental y físicamente durante mucho tiempo”, le indica a un medio local. Las paradas del intrépido ciclista fueron Las Heras, Chivilcoy, Junín y Coronel Granadas. “La primera noche dormí en un monte al costado de la ruta. Estaba con muchísimo miedo, pero el resto de los días entendí que lo mejor era acampar pegado a una estación de servicio”. Todo un aprendizaje para el joven. En cuanto a las posibilidades de moverse hacia Rancul, Juan indica que, desde La Plata, no estaban saliendo micros a La Pampa y los autos particulares estaban carísimos.

La solidaridad de la gente también tiene cabida en esta historia: a Juan le ofrecieron aventones en camioneta y palabras de mucho aliento, pero, al ser su viaje un desafío de superación, rechazó las ayudas. “Quería saber qué tan capaz era de cumplir esto. Extraño a mi familia, las cosas sencillas de la vida de pueblo como ver el horizonte y escuchar los grillos por la noche, así que quería que esto fuera algo especial, un desafío personal”. 

El joven también contó con la ayuda del tiempo, ya que le tocaron días sin lluvia y con viento a favor. Esto último hizo que, en vez de tardar siete días, como tenía planeado, haya tardado dos menos. En cuanto a su futuro, Juan indica: “Cuando me reciba volveré a Rancul, quiero aportar algo al pueblo. Estar en la universidad pública te hace consciente del esfuerzo familiar y del valor de la comunidad, quiero aportar lo que pueda”.

El reencuentro de Juan con su familia fue muy emotivo, ya que, además de no verse desde febrero, el joven debió realizar la cuarentena obligatoria en un hotel para terminar de cumplir con los protocolos sanitarios. Toda una aventura.

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