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Ferromodelismo: De los trenes reales a las miniaturas

Los trenes en miniatura son reproducciones del mundo real y, aunque los trenes reales no son lo mismo que antes, no pierden vigencia.

No hay dudas: el tren argentino ya no ocupa el mismo lugar de importancia que antes. Pero existen los ferromodelistas -aquellos aficionados que buscan la imitación a escala de trenes y sus entornos - que recuerdan este medio de transporte, detienen el tiempo y simulan la eternidad.

A pocas cuadras de la Estación Flores de la Línea Sarmiento se escucha, a intervalos de tiempo regulares, a la máquina aullante sobre rieles que aún hoy despierta fascinación en muchos, a pesar de que hayan pasado más de dos siglos desde su invención en Inglaterra y sea actualmente un elemento común del paisaje urbano en todo el mundo. 

Desde la introducción del ferrocarril en la Argentina, a cargo de los ingleses, este medio de transporte ha sido siempre sinónimo de progreso, riqueza, expansión comercial y fundación civilizatoria.

Hoy son muchos los recorridos de la red ferroviaria que se encuentran clausurados, circulan con frecuencia reducida o simplemente ya no paran en algunas estaciones. Así mismo, pueblos enteros del interior han quedado abandonados y cubiertos por la maleza a falta de conexión con los centros metropolitanos y puertos. 

Por décadas, el Estado se desentendió del ferrocarril y de su mantenimiento. Éste entró en decadencia y, con los años, fue ganando mala fama; incluso en este siglo, habiéndose producido una notable modernización en las formaciones, el tren ya no ocupa el mismo lugar de prestigio que supo tener anteriormente en el imaginario de los argentinos.

Los ferromodelistas comparten este amargo diagnóstico, quizás por eso despliegan su pasión con resignación. No solo por la nostalgia de algo que fue y ya no es más, sino también porque la forma que encontraron para rendir culto a los trenes forma parte de un mundo analógico en franca retirada desde la emergencia de los entretenimientos virtuales y digitales.

Bajo a esta necesidad de mantener vigente este medio de transporte y todo aquello que simboliza, nació hace años de la mano de un grupo de aficionados este hobbie ferromodelista  -que cada vez crece más- basado en la realización de maquetas a escala, en las que se encuentran miniaturas de este vehículo ferroviario. 

Movidos inicialmente a cuerda y más tarde por electricidad, los "trenes eléctricos" se popularizaron y alcanzaron su auge en las décadas de los cincuenta y sesenta con un gran desarrollo en cuanto a calidad y realismo, que continúa hasta el día de hoy.

Actualmente, los sistemas más difundidos son el de dos rieles de corriente continua y el de tres rieles de corriente alterna. En el último tiempo, gracias a los avances en la electrónica, se ha generalizado, también, el sistema de dos rieles con control digital, conocido como DCC. Este último permite enviar comandos directamente a cada locomotora para habilitar efectos de sonido, luces y humo. Además, los trenes y sus itinerarios pueden ser controlados desde una PC e incluso desde celulares y tablets.

La poca disponibilidad existente de espacio en los hogares impulsó otra forma de modelismo, en la que los ferromodelistas se unen para construir cada uno una sección de una gran maqueta comunitaria. Estas secciones se llaman "módulos" y este tipo de ferromodelismo se denomina "ferromodelismo modular". Son cada vez más las personas que desean unirse a esta iniciativa tan comprometedora y positiva.

Porque este hobbie no solo desarrolla el sentido de la estética y la observación de la realidad, investigando la historia y el entorno para representarlo de forma realista en una maqueta a escala, sino que permite el desarrollo de habilidades motoras, especialmente durante el armado y decoración de la maqueta, en la que se aprende el uso de distintos materiales, técnicas y herramientas. Sin mencionar, claro, al desarrollo de los vínculos interpersonales. 

 

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