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Argenchina

Como muchos extranjeros, Ana llegó de China para trabajar en nuestro país. Pero tuvo que acudir a la Corte Suprema para pelear por su ciudadanía argentina.

Historias de gente
liu

“Ana” nació en China hace 43 años. Un día, decidió emigrar en busca de un destino amigable para forjar su vida. Eligió la Argentina, porque le dijeron que acá los extranjeros eran bienvenidos y los derechos de las mujeres eran respetados. “Ana” es el nombre con el que se bautizó en estas tierras, porque cuando llegó aquí descubrió que el suyo –Liu Cairong– era demasiado difícil.

Luego de dos años de residir en el país, donde atiende un supermercado en Junín (Buenos Aires), decidió ir ante la Justicia para pedir su ciudadanía argentina. El juez federal Hector Plou le otorgó el aval, pero el fiscal apeló porque, según él, Ana no hablaba español: estaba nerviosa y casi no pudo pronunciar palabra. Entonces comenzó su lucha.

Los jueces de la Cámara Federal de La Plata le negaron la posibilidad de nacionalizarse, a pesar de que la ley no obliga a los extranjeros a hablar español. Pero ellos afirmaban que el conocimiento del idioma nacional constituye una “exigencia implícita” porque resulta imprescindible para el ejercicio de los derechos políticos.

Los únicos requisitos que establece el artículo 2 de la Ley 346 de Ciudadanía y Naturalización es que los extranjeros sean mayores de 18 años, residan en la República Argentina dos años continuos y manifiesten ante los jueces federales de sección su voluntad de ser argentinos. Abogados de por medio, Ana apeló el fallo.

Final feliz

La historia tuvo un final feliz. La Corte Suprema revocó la decisión de la Cámara Federal: “Carece de sustento la afirmación según la cual el conocimiento elemental del idioma nacional resultaría una condición imprescindible para el ejercicio de los derechos políticos, pues no es evidente que la falta de ese conocimiento constituya en la actualidad una barrera que impida a todo extranjero residente en el país acceder a la información necesaria para ejercer diligentemente su derecho a votar”, sostuvieron.

Los clientes que Ana atiende todos los días saben muy bien que ella habla español, pero el punto de esta historia no es ese. Lo importante es que la Justicia estuvo del lado de la ley y que Ana, finalmente, puede decir que es argentina.

Fecha de Publicación: 05/03/2020

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