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El pianista de Malvinas

Te contamos la historia de uno de los caídos que juntó y difundió valor con las estrofas del himno argentino, dándoles fuerzas a sus compañeros de guerra para no que no se rindieran ni aun vencidos.

Historias de gente
Himno argentino

En esta fecha patria, en la que conmemoramos las hazañas de los jóvenes que sacrificaron sus almas y vidas por una guerra perdida, recordamos episodios nobles que no se borrarán nunca de nuestra memoria. En esta nota te contamos la historia del pianista de Malvinas que, prisionero de los ingleses, ejecutó el himno nacional argentino para infundirles valor a sus compañeros.

 

Clave de sol: comienzo de una historia

Es la historia de Sergio Ariel Vainroj, que a los 14 años ingresó al Conservatorio de Música Alberto Ginastera de Morón, donde llegó a estudiar piano con el maestro Néstor Zulueta. Desde su ingreso a la institución no se despegó de su fiel compañero de vida: el piano. Mientras tocaba cada tecla, soñaba con ser pianista y organista profesional y vivir de la música. Pero nunca imaginó que su música le daría ritmo y color a un momento único de una guerra cruenta. 

 

Do, re, mi bandera

Vainroj se había incorporado al servicio militar en 1981 y lo cumpliría en el Regimiento de Infantería 3, que entonces tenía sus cuarteles en La Tablada. Sus intentos por acercarse a la banda del Regimiento fallaron, pero su esencia siempre estuvo compuesta por partituras y notas musicales. Para la época, fue designado apuntador de FAP en la Compañía C "Ituzaingó".

El día en el que estalló la guerra, Vainroj se enteró de la situación cuando ya se encontraba aterrizando en las Islas Malvinas. Allí, integró el grupo de Logística del Regimiento, dentro de la Compañía Comando y Servicios. En las islas, siempre estuvo en Puerto Argentino, pero pasando por distintos puntos. El joven soldado había llevado de casualidad una flauta dulce, que tenía desde que había sido incorporado al pelotón. Ese pequeño instrumento musicalizaría momentos límite de su vida y la de sus compañeros. 

Con ella, Vainroj se encargó de llevar la música a las islas y de espantar al miedo y ahuyentar la soledad. Cuando podía, tocaba la flauta o escribía en hojas pentagramadas diferentes melodías de compositores de renombre. Algo que hacía a escondidas, ya que no se permitían pasatiempos ni distracciones que no tuvieran que ver con la guerra o la estrategia.

 

Al gran pueblo argentino, salud

Una vez que la guerra terminó, el panorama era más que desalentador. Las cruentas batallas finales habían dejado los campos de combate cubiertos de cuerpos llenos de sangre. El 14 de junio de 1982 el general Mario Benjamín Menéndez firmó la capitulación ante el general Jeremy Moore, comandante de las fuerzas británicas. La guerra había llegado, ¡por fin!, a su fin.

 

La vuelta en barco

Vainroj fue uno de los 200 argentinos a los que ubicaron en el salón "Meridian" del Canberra. En medio del silencio de la derrota y de la mezcla de emociones, hubo un desafío. Uno de sus compañeros advirtió que en la habitación de la embarcación había un piano y, entre todos, comenzaron a alentar al músico para que tocara alguna canción. El sentido común le impedía a Sergio Ariel tomar la decisión con soltura: un prisionero argentino en barco inglés, queriendo apropiarse por unos minutos de un instrumento único. La cuenta no cerraba.

Pero el impulso y la esencia musical fue más fuerte: se acercó al soldado paracaidista que estaba apoyado en el instrumento y le dijo en un inglés rudimentario: "I play the piano", a lo que el inglés le respondió: "Ok", y levantó la tapa que cubría el teclado. En el libro A very strange way to go to war: the Canberra in the Falklands (Una forma muy extraña de ir a la guerra: el Canberra en Malvinas), de Andrew Vine, se describe este momento único e inesperado.

 Sergio Ariel Vainroj

 

Una que sepamos todos

Los argentinos rodeaban en silencio al pianista empedernido y los marines de la Royal Army sonreían y hasta se mostraban complacidos. Sergio Ariel tocó melodías de Bach, "Adiós Nonino" y hasta "Let it be" de Los Beatles. Hasta que su compañero y amigo Claudio Szpin lo incitó: "¡Tocate el Himno!", y otros siguieron insistiendo con el pedido. Cuando Sergio comenzó a ejecutar la introducción de la canción patria, un oficial argentino gritó: "Soldados, de pie, ¿no escuchan el Himno?". Como si hubiesen sido un solo hombre, los 200 se pararon. "Los ingleses no comprendían qué era lo que estaba pasando, y nosotros no sabíamos si habían reconocido al Himno", contó Vainroj alguna vez a los medios.

 

El castigo de tener valor

El clima general del barco cambió. Los británicos se sintieron amenazados y comenzaron a ordenar a los gritos: "Sit down, sit down!". Llamaron refuerzos que fueron llegando desde distintos pasillos del barco para controlar la situación. Distribuyeron a todos los excombatientes en distintos camarotes a modo de castigo. Y, a partir de ese momento, solo se les permitía salir una vez por día a caminar por cubierta hasta llegar a Puerto Madryn.

39 años después, las notas del himno siguen sonando en los dedos de Vainroj y musicalizando la memoria de los valientes veteranos de Malvinas. 

 

Fecha de Publicación: 02/04/2021

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