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El milagro argentino del papa Juan Pablo I

El papa Juan Pablo I será beatificado gracias a que se le reconoció un milagro obrado sobre una niña argentina de 10 años en 2011. Te contamos la historia.

Cande se muere esta noche”, le dijeron a Roxana, la madre de la niña de 10 años que estaba internada en la Fundación Favaloro, con un cuadro irreversible, el 22 de julio de 2011. Solo un milagro podía salvarla. Y el milagro ocurrió, gracias a la intersección de un cura de la zona y del papa Juan Pablo I. Recientemente, el pontífice fue convertido en beato de la Iglesia católica por el papa Francisco debido a este milagro que tuvo lugar en suelo argentino.

Albino Luciani fue papa por solo 33 días, hasta que la muerte lo sorprendió de forma inesperada. Nació el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale, Italia. Tuvo una infancia muy pobre y a los 12 años ingresó al seminario, donde fue ordenado sacerdote en 1937. Durante toda su vida realizó un fuerte trabajo con los más necesitados y, poco a poco, fue ascendiendo en la jerarquía eclesiástica: obispo, patriarca de Venecia, cardenal y, finalmente, fue elegido papa en 1978, tras la muerte de Paulo VI, su antecesor.

Por la cordialidad que lo caracterizaba, fue apodado la Sonrisa de Dios. En la madrugada del 28 de septiembre de 1978, fue encontrado sin vida en su cama y, a partir de ese momento, las teorías conspirativas comenzaron a aflorar. Se dijo que, en su muerte, había estado involucrada la mafia italiana, la logia P2 y el Banco Vaticano. Sin embargo, la versión oficial indica que falleció debido a un infarto agudo de miocardio. Su sucesor, Juan Pablo II, lo declaró Siervo de Dios en 2003, lo que dio inicio a su camino hacia la santidad. El papa Francisco lo proclamó Venerable en 2017 y, próximamente, será beatificado por el milagro que se le adjudica haber logrado en 2011.

El milagro de Cande

Candela Giarda tiene hoy 21 años y vive en Paraná, Entre Ríos, donde estudia Higiene y Salud Animal en la universidad y lleva adelante un emprendimiento de venta de miel. Es fanática del deporte y de la vida sana, y no toma medicamentos de ningún tipo. Quien la ve ahora difícilmente pueda imaginar que, hace poco más de 10 años, Cande estuvo a punto de morir y fue salvada por un milagro realizado a través de la intersección de un papa que había fallecido más de tres décadas antes, del que seguramente ella nunca había oído hablar.

De la noche a la mañana, literalmente: así fue como se revirtió el estado de salud de la niña que, en ese momento, tenía tan solo 10 años. Todo comenzó con un fuerte dolor de cabeza inexplicable que no cesaba. A la semana, se sumaron al cuadro vómitos y fiebre. Roxana, su madre, consultó con cuanto médico pudo en Paraná, pero nadie podía darle una respuesta sobre cuál era el mal que aquejaba a su hija. Hasta que comenzó a convulsionar y quedó internada en terapia intensiva, con respirador. Luego fue trasladada a la Fundación Favaloro, en Buenos Aires, aún sin tener un diagnóstico preciso.

Fue recién años después que les confirmaron que lo que padeció Candela había sido FIRES (síndrome epiléptico por infección febril), una enfermedad extraña que afecta a una persona en un millón, con pocas perspectivas de sobrevida. En Buenos Aires, los médicos le habían afirmado a su madre que, si no moría, el mejor panorama era que terminara en estado vegetativo y ciega.

 

Con la ayuda de un papa

Cuando los médicos le confirmaron que Cande moriría aquella noche del 22 de julio de 2011, Roxana no tuvo más opción que aferrarse a su fe. Se dirigió hasta una iglesia cercana a la clínica donde usualmente iba a rezar y donde había conocido al padre José Dabusti. Le pidió que fuera a visitar a Cande y el sacerdote accedió. Fue él quien tuvo la idea de invocar al papa Juan Pablo I, un desconocido para Roxana, que confió ciegamente en él y, juntos, le encomendaron la vida de la niña.

Solo quedaba esperar. Para sorpresa de todos, poco a poco, Candela comenzó a evolucionar de manera favorable. Salió de terapia intensiva y empezó a recuperar su vitalidad. Hasta que, un día, no hubo más síntomas de la enfermedad que casi la había arrancado de este mundo. Todos decían que había sido un milagro. Ahora, quien llevó a cabo aquel milagro sube un nuevo escalón en su camino hacia la santidad.

 

Imágenes: Télam

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