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4 generaciones en La Trochita

La Trochita, el viejo expreso patagónico, tiene una historia familiar que lleva cuatro generaciones.

Juan Alberto Raminez es la cuarta generación de conductores del famoso tren a vapor cordillerano, La Trochita. El hombre de 37 años ya tiene 14 años trabajando en el Tren Patagónico y representa a toda una familia de ferroviarios.

Se recibió de conductor de trenes a vapor y diésel, y es uno de de ellos en esta nueva temporada, atípica y turística, que comenzó a finales de enero y que recorre la meseta de la provincia de Rio Negro.

Los mismos lugares donde él pisaba acompañando a su padre, Miguel, ahora los recorre como profesional; el viejo y amplio galpón de chapas y piso con petróleo seco que guardan las pisadas de todos los ferroviarios y que constan la historia ferroviaria de la zona de Jacobacci.

A principios del siglo XX, su abuelo paterno, Alberto, arreglaba en Olavarría las calderas de las locomotoras a vapor que funcionaban en el ramal Roca; y su abuelo Enrique se jubiló como conductor de trenes pero él había comenzado como “artesano ferroviario”, restaurando viviendas y estaciones. Su padre, Miguel, y él en un futuro también se jubilara como conductor.

Por parte materno, su abuelo Juan llegó a General Conesa, desde Santa Fe, a trabajar en el ramal ferroviario de la trocha angosta que trasladaba del ingenio de azúcar de remolacha (en Colonia San Lorenzo a 15 kilómetros de ahí), hasta la estación Lorenzo Vintter, entre San Antonio y Viedma. Luego fue trasladado a Río Chico, cumpliendo funciones en la estación Cerro Mesa. Sus padres, Miguel y Angélica, se conocieron en La Trochita,cuando realizaba los viajes a Río Chico.

Nueva generación

Juan y sus compañeros representan la nueva generación de conductores que tiene el Tren Patagónico. Afirma que “Hoy nos toca levantar la bandera del tren a vapor, después de tantos años sin funcionar” y agrega que el tren es ·histórico a nivel mundial. Tenemos la responsabilidad de conducir una parte importante de la historia de nuestra región. Es algo maravilloso”.

Las locomotoras, aunque restauradas, funcionan con  la misma tecnología de fabricación, es decir, de 1922. Juan califica este oficio como uno artesanal, por esto y la concentración y pasión que se debe tener: todo el tiempo atento “ya que funciona de distintas maneras en zonas de ascensos y descensos, en curvas, en sectores planos, lo que lleva a controlar la producción de vapor. Además hay que ir realizando paradas para abastecerla de agua y lubricar el sistema de tracción”, agrega.

El conductor comenta, además, que “a pesar de lo que está escrito en los libros, se aprende mucho de las personas que trabajaron en la trocha y de quienes aún están. De charlar con los viejos conductores. En mi caso también aprendí cuando acompañaba a mi viejo y un poco jugaba en la locomotora y otro poco miraba lo que hacía. Por eso este oficio es un legado que te van dejando los mayores, muchos de los compañeros más antiguos, charlando en las comunas, etc”. También resalta el trabajo mismo de la gente del taller.

Desde 2019 que está con viajes regulares, un reflote con fines turísticos

El encanto de La Trochita va cada vez más en aumento: personas que han conocido anteriormente Jacobacci y vuelven para subirse en ella, extranjeros y turistas que se maravillan de los paisajes, además. “no paran de sacarse fotos, los ves llorando” de la emoción, afirma el conductor.

Juan tiene una hija pequeña que, como hacía él con su padre, lo acompaña en algunos trayectos o en sus visitas al taller. “Por ahora tengo una nena.. Le gustan mucho los fierros y siempre me acompaña. Pero acá, en Río Negro, no hay mujeres conductoras. Quizá, cuando crezca puede ser la primera...”. ¿Habrá quinta generación de ferroviarios?

 

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