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¿Cómo vive un afilador? 

Conocé a Dylan, de oficio: afilador. Cuando se escucha la flautita, hay que salir rápido a la calle. 

Ya hice más de una nota para Ser Argentino sobre los antiguos vendedores ambulantes de Santa Fe. Hay uno de esos oficios callejeros que persiste en nuestra ciudad. Es uno muy particular, anunciado por un inconfundible sonido. El afilador y su flauta. En esta nota, conocé a Dylan. Un afilador que, todos los días, pedalea más de 10 kilómetros desde su casa en Colastiné, para pasarse el día en la ciudad. Lo hace trabajando y solucionándole un problema a la gente. 

Este muchacho aprendió el trabajo de afilador de su abuelo. O sea, adquirió el saber por transferencia generacional. Cuenta Dylan que aquel señor tenía una casa dedicada a la afilación de cuchillas de cocina en Colastiné. Las casas de afilación son algo de lo que casi no quedan registros. Eran lugares donde se afilaba la sierra del carnicero, la cuchilla y los cuchillitos. Pero su mercado se fue acotando. Es que empezaron a salir las hojas descartables para picadoras de los carniceros. Así, estos señores comenzaron a incorporar otros servicios: tijeras, serruchos, machetes, fresas circulares, cuchillas de imprentas. Quizás sea por la realidad de este rubro que, para la afilación doméstica, sigue siendo más útil el servicio del afilador ambulante. El servicio que ofrece Dylan. 

El muchacho también aprendió el trabajo de su padre y de su tío. Y allá, en Colastiné, vive Dylan y desde allá llega en su bici. Se viene durante las semanas desde el distrito costero hasta esta capital a afilar de todo Pero también va hasta Santo Tomé: dale que dale pedaleando. 

Ingeniería casera 

Dylan tiene toda una ingeniería en su bicicleta. Montó sobre ella una estructura de hierro para dejar fijo el rodado, y así hacer trabajar por tracción cíclica a la piedra, que está en otra estructura, cerca del manubrio. La mecánica es la rueda trasera de la bici fija, que tiene una correa hacia donde está la piedra afiladora (correa que es de una vieja máquina de coser). La cuchilla de cocina se desliza pacientemente sobre la piedra, que gira, otra vez, con el pedaleo. Se hace el filo y el rebajado de la cuchilla; para que el filo sea más fino y prolijo, se "rectifica" con la chaira. También está el pulidor, para darle el toque final al trabajo. El afilado se hace en unos 10 minutos, dependiendo de la cuchilla. 

Dylan lleva colgado un bolsito de cuerina color marrón con algunos utensilios imprescindibles, como una chaira. Habla y lo que se escucha es acero y piedra al rozar, de izquierda a derecha y viceversa, lentamente. La historia relata curiosas épicas de afiladores ambulantes gallegos en el siglo XVII: y sí, vale decir que el oficio del afilador es muy antiguo. 

Es terrible el periplo que hace este afilador en su bici. Hay que tener en cuenta que desde Colastiné hasta la capital (tomando como referencia el Puente Colgante) hay casi unos 10 kilómetros. Desde el Puente Colgante hasta Santo Tomé, aproximadamente 13; y desde el centro de la vecina ciudad, de retorno a Colastiné, hay unos 21 kilómetros. 

Este joven afilador nos deja algunos tips, por si no llegamos a encontrarlo por la calle: 

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