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¿Cómo es vivir en la montaña y en cuarentena?

Llegamos hasta Potrerillos para conocer cómo es vivir en la montaña y en cuarentena. Esta es la experiencia de una pareja que decidió hacerlo.

Un movimiento habitual que hacen todos los mendocinos al salir de casa por las mañanas es el de girar la cabeza hacia el oeste. ¿Qué hay en el oeste?: la montaña. Y este movimiento no es azaroso, sino que tiene un objetivo: contemplar la Cordillera de Los Andes durante algunos segundos y ver si está nevada, sobre todo, en invierno. La respuesta fue positiva durante la mañana de uno de los primeros días del mes de junio. Los picos nevados adornaban majestuosamente la postal de la Ciudad de Mendoza. Sin rodeos, aprovechando la cercanía, al otro día emprendimos viaje hacia Potrerillos, la localidad más habitada de nuestra Cordillera. El objetivo fue conocer cómo es vivir en la montaña y en cuarentena.

El paisaje es, realmente, imponente. Los árboles, las calles, las acequias, los ríos, los arroyos, los techos de las cabañas y los autos cubiertos por un manto blanco natural. A la distancia divisamos a dos personas que caminaban cancinamente, sin un rumbo definido. Los abordamos. He aquí la charla.

Entrevista con dos transeúntes

Esta pareja hizo lo que muchos mendocinos soñamos desde el momento en que llegó la primera nevada: se fue a pasar el encierro a una casa en Potrerillos, en medio de la naturaleza. Mariana y Gustavo comentan: “Llegamos antes de ayer, antes de la nevada. Vinimos a pasar unos días, a cuidar una casa. Nos sacamos el certificado y vinimos a cuidar la casa de mi hermano, que vive acá hace diez años, pero volvió a la ciudad por trabajo”.

Ambos regularizaron su situación laboral y subieron para vivir en la montaña y en cuarentena: “Hay un gato y otras cosas para cuidar, y de paso le ocupamos la casa unos días”, dice Mariana en referencia a su hermano. “La verdad es que acá no hay ni gente. Y la poca que hay no está muy pendiente de ponerse el tapabocas y eso, al menos es lo que notamos en el almacén al que fuimos recién”, afirman, advirtiendo que los pobladores no son del todo responsables con las normas.

En cuanto al aprovisionamiento, el tema no se complica: “Vimos tres proveedurías abiertas, que deben vivir acá, porque están todo el año. Se consigue todo, pero igual trajimos algo de abajo”.

Sobre sus trabajos y la facilidad que tuvieron para dejar todo y subir hasta la montaña, comentan que “la mía no es una actividad esencial, por el momento. Estoy trabajando muy poco y lo hago desde acá, porque es a través de internet”, dice Gustavo. Mientras que Mariana confiesa: “Yo estoy desocupada. Tuve un trabajo en el verano, pero terminó justo una semana antes de la cuarentena y, después, para buscar horas en docencia se suspendió todo”, afirma la profesora de música.

Sin embargo, nada es para siempre. Las mini vacaciones de esta joven pareja durante la cuarentena se termina pronto: “Vamos a volver el fin de semana. Vamos a pasar unos 3 o 4 días, paseando y contemplando este paisaje”.

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