Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Coleccionistas

Es impresionante la manía de los argentinos por coleccionar cualquier cosa.

Es impresionante la manía de los argentinos por coleccionar cosas. Porque la verdad, no podemos definirlo de otra manera, son “cosas”, así, en neutro, ni siquiera tiene sentido definir qué cosas, porque da  lo mismo: desde muñequitos que vienen con el chocolate Jack hasta boletos de colectivo, desde marquillas de cigarrillos que ya no existen a latas de gaseosa de las cuales nunca conocimos el contenido. Lo que nos gusta es sencillamente eso: coleccionar cosas.

Y quizás sea justamente la sensación de no poder llegar a tener todo lo que realmente nos atrae. ¿Será la forma que encontramos en este guiso de mondongo, en este puchero en el que todo está mezclado al que llamamos “realidad” para creer que podemos ordenarla, organizarla un poco, por un ratito aunque sea? Pero justo en ese momento, cuando ya nos habíamos mentido bien y hasta nos habíamos creído, aparece la marquilla que no conocíamos y nos tira la estantería al demonio, y volvemos a sentirnos incompletos, vacíos, débiles, vulnerables. O quizás no, quizás sea todo lo contrario, en realidad llenamos el álbum, conseguimos la figurita difícil, nos sentimos dioses por un minuto y tan sólo unos instantes después ya estamos buscando otro álbum para llenar. Porque si no nos inventamos álbumes nuevos para completar cada vez que nos levantamos, si no nos obligamos a nosotros mismos a cumplir “misiones”, ¿para qué seguimos vivos?

Dani lo tiene todo

Daniela es una joven porteña de unos 25 años. Como sucede en muchos casos a esa edad, consideró que había llegado la hora de mudarse de la casa familiar para emprender el camino de la independencia y la adultez. Es oficinista y estudiante, por lo que contaba con un presupuesto acotado, así que optó por un monoambiente de 25 metros en el barrio de Almagro para empezar su nueva vida. 

Aunque el corazón de Dani es inmenso, su nuevo espacio era chico. No podía mudar todos los objetos (o "cosas", como dijimos)  que guardaba desde su infancia en la casa familiar. Allí contaba con un dormitorio de varios metros, cuya pared principal estaba cubierta por completo con un armario que ocupaba del piso al techo, con cinco puertas e incontable cantidad de estantes y cajones. Ni hace falta decir la cantidad de "recuerdos" que reposaban en esas maderas.

Entonces comenzó a limpiar. Sacó todas las cajas, cajitas, bolsas, papeles, cartas, fotos y todo, todo lo que tenía guardado como tesoros invaluables. Encontró su primera colección de stickers que juntó durante  jardín de infantes, su primer examen de matemáticas del colegio primario (cuya calificación fue un brillante 10), las revistas "de mujeres" que leía con sus amigas del secundario cuando las clases se tornaban aburridas. Y vio cómo dejaban sus comentarios con lapicera azul en las páginas más interesantes. No faltaron, por supuesto, la colección de cd's , regalo de su primer amor: ese compañero inolvidable que, por su timidez, elegía esa forma musical para decirle cuánto la amaba. Por supuesto, Dani encontró, también, sus diarios de vida. Eran cuadernos en donde expresaba con puño y letra sus vivencias y sentimientos, porque siempre pensó que escribir la ayudaba a ordenar sus ideas. En cada hoja había algún ticket de comprapasaje de micro, boleto de tren o envoltorio de golosina que acompañaban los relatos. 

Viajar en el tiempo es posible, pensó ella mientras veía todo lo que había guardado durante tantos años. Pudo entender a esa Daniela de la infancia que se esforzaba por hacer bien la tarea, a esa Daniela de la adolescencia que forjó buenas amistades que permanecían hasta hoy. Pudo abrazar con el corazón a esa joven que sufría por un amor que entonces pensaba eterno. 

Es que las "cosas" son "cosas", sí, pero también son imágenes que actúan como ventanas a otros mundos. Y nos recuerdan quiénes somos y por qué. 

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