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Circo Sarrasani. “¡Mamá! ¡Mi tía Trude parece un princesa!”

La saga del Sarrasani, el circo más querido de los argentinos, continúa en la entrevista a Karin Kunz en Venezuela. Sobrina de Gertrude Kunz, alma y hada madrina del “más fabuloso show entre dos mundos”

Historias de gente
Circo Sarrasani.

“¡Mamá! ¡Mi tía Trude parece un princesa!” exclamó la niña de siete años en el Luna Park. Había viajado desde El Palomar en tren y caminó las pocas cuadras que separan la Estación Retiro de un colmado Coloso porteño. Rugía la platea y la popular aguardando los vuelos mortales Gabor Némedy y Ayora Bernsttein, los payasos que acompañaban los gags con un “¡Bieneeeennnn!” y hasta un hipnotizador de cocodrilos. La nena era la alemana Karin Kunz, la menor de una de familia de adiestradores de perros, focas y humoristas musicales arribados en 1950. La tía, la princesa, Gertrude Kunz, la dueña del circo más famoso del mundo, nacido alemán, reconvertido en Circo Nacional Argentino durante el peronismo. Hoy con 78 años Karin se dedica a pintar sobre vidrio, vive en Venezuela en Puerto Ordaz Edo Bolívar, y vivió en primera persona de las mayores pasiones argentinas. El Circo Sarrasani.

Circo Sarrasani

“Venga a admirar a 200 artistas internacionales, cinco elefantes, focas del Polo Norte, panteras, chimpancés, tigres de bengala, hienas, leones africanos y asiáticos, leopardos, osos polares y del Tibet, caballos sirios, ponys, llamas y monos de diversas razas” rezaba las publicidades en calle y radios de La Quiaca a Río Gallegos. Una estructura artística descomunal bajo la batuta de una mujer como Trude, que renació una y mil veces bajo las cenizas. “Lo que si recuerdo muy bien era la simpatía de mi tía. Siempre tan amable, sonriéndole a su público y cuidando cada detalle para que no hubiera ningún error”, acota Karin. En el momento de esplendor del Sarrasani, manejaría Gertrude un espectáculo internacional que viajaba en dos barcos, con nada que envidiar al Cirque du Soleil. En uno de ellos, el Kerguelen, arribaría a nuestro país Karin, junto a mamá Erna y los abuelos Robert y Hulda, para continuar el arte y oficio familiar. Pero ella estaba fascinada con Gertrude, al igual que miles de niños -y no tanto- criollos encandilados por un aura singular, “Ella siempre estaba alegre. Era muy natural, tenía un rostro y una piel muy bella. Lo que más me llamaba la atención era que no se maquillaba, no recuerdo si en las actuaciones lo hiciera, pero en las entrevistas siempre era muy natural”, rememora la sobrina que no pierde la admiración por tía Trude; además Gertrude una brillante écuyère, que salía a la pista vestida de hada madrina, y hacía danzar artísticamente a una tropilla de blancos lipizzanos.  

 Karin Kunz

Periodista: ¿Qué recuerdos tiene de aquellos días de gloria?

Karin Kunz: Mi mamá me llevaba al circo todos los días porque era parte de la troupe. En esa época vivíamos en El Palomar y mi mamá Erna hacía el acto con los perros. Lo que más me llamaba la atención, a pesar de mi corta edad, era la cantidad de gente que siempre había en el circo. Mi mamá me contaba que del circo salían valijas de dinero.

Trude Perros

P: ¿Qué actos realizaba su tía Gertrude Kunz?

KK: Mi tía no solo hacía el acto con los caballos, sino que también trabajaba con perros, igual que mi mamá. Algo que también me impresionaba del show, y por cierto me daba mucho miedo, era un hipnotizador que realizaba un acto con animales como patos, gallinas, conejos y hasta ¡un caimán!Él los hipnotizaba y los animales caían muertos, y luego con solo chistar los dedos, los despertaba.

Gertrude Kunz

P: ¿Intentaba con el público?

KK: ¡Con personas también! Luego del acto con los animales se arrimaba al público y elegía al azar un asistente. Lo miraba al rostro, lo hipnotizaba y lo hacía hacer cosas como saltar, correr, y otras cosas que ya no recuerdo. Solo sé que me daba mucho miedo.

“Mi tía Trude era una persona muy sociable”

P: ¿Cómo era Gertrude?

KK: Mi tía Gertrude era muy familiar. Ya alejada del circo en 1953, antes de irse a Quilinos -Córdoba-, compartíamos mucho. Mi tía siempre organizaba algún desayuno, almuerzo, merienda o cena. Ella tenía costumbre de hacer sobremesa después de comer y gustaba tomar un buen vino o un café. Y hasta un traguito de cointreau con granos de café. Jugábamos mucho a la canasta.

Sarrasani

P: ¿Luego se fueron con ella a Córdoba?

KK: Sí. En los años que compartíamos en Quilino mi tía era muy hogareña. Tanto así que solo tenían dos empleados, la señora que ayudaba dentro de la casa, y un señor que nos ayudaba afuera.

 

P: Alejada de las pistas, ¿cómo vivían?

KK: Mi tía y yo ordeñábamos las vacas, atendíamos las gallinas y los caballos. Recuerdo que llegaban muchas celebridades importantes a visitarla, entre ellos, banqueros, funcionarios del gobierno, médicos y personas que yo no conocía. Mi tía siempre los atendía muy bien, preparaba comida para los invitados, tomaban algunos tragos pero no se quedaban en casa ya que se alojaban en el pequeño hotel del pueblo. Mi tía era una persona muy sociable.

No teníamos luz y nos alumbrábamos con sol de noche. El agua la sacábamos de un aljibe. La finca era muy bonita, quedaba a unos tres kilómetros del pueblo de Villa Quilino -antigua población fundada por el gobernador Sobremonte en 1796-. Teníamos una plantación de olivares donde cosechábamos tres tipos de aceituna, y si mi memoria no falla, eran como 150 árboles de olivo. Lo que más me gustaba era cuando llegaba la cosecha y llenábamos los costales para llevarlos a la fábrica, donde pesaban las aceitunas en la romana, y luego las tirábamos sobre una plataforma de piedra.

Karin Kunz Cordoba

Los domingos eran días libres así que iba al pueblo en sulky. Eso me encantaba. Yo jugaba tenis, así que aprovechaba ese día. En el pueblo había un pequeño hotel, y de vez en cuando, llegaba un circo que después de las funciones, siempre presentaban una obra de teatro. Era un pueblo de artesanos, hacían unos dulces de la tuna que se llamaban arrope, y cuando llegaba el tren los artesanos ofrecían su mercancía.

 

P: ¿Por qué parten a Córdoba, y desarman el Circo Sarrasani, con semejante suceso?

KK: En 1953 muere mi abuelo Robert Kunz y mi tía decide tomarse unas vacaciones y se muda a Córdoba a una finca que había comprado con mi tío Gibo - Gabor Némedy, pareja de Gertude tras el fallecimiento de Hans Stosch-Sarrasani (h) en 1940-, en Quilino. Mi abuela Hulda, mi mamá Erna y yo nos quedamos de El Palomar hasta 1955, y luego viajamos a Córdoba para mudarnos con mi tía Gertrude y mi tío Gibo.

 

P: ¿No pensaron en continuar con el circo?

KK: No. Nos especializamos en el adiestramiento de equinos. Yo tenía 11 años y estando en Quilinos empecé a trabajar con mi tía amaestrando caballos. Estudié cuatro años de alta escuela, todo esto bajo la estricta mirada de mi tía y mi tío. En Quilinos me tocó terminar mis estudios y los alternaba con las clases de equitación. Aparte teníamos muchos animales que había que cuidar, vacas, cabras, ovejas, chivos, caballos, gallinas y de mascota teníamos un zorro y una liebre que criamos con biberón.

Karin Kunz Cordoba

P: A fines de los sesenta reabriría el Circo Sarrasani, ¿hasta cuándo vivió en Córdoba con Gertrude?

KK: Estuve en Quilinos hasta 1960. Mi mamá se había ido a Buenos Aires, así que decidí volver para buscar a mi mamá con mi abuela. En ese tiempo mi tía y mi tío viajaron a Europa. Estando en Buenos aires mi mamá compró una casa en Ezeiza y me tocó trabajar para ayudar a mi mamá y mi abuela. Y fui perdiendo contacto con Trude y el mundo del circo. Tuve varios hasta que conseguí un trabajo en el laboratorio Rivero, que quedaba en la avenida Boyacá 419. Tenía que viajar una hora y media aproximadamente, sin contar que me tocaba caminar quince cuadras para tomar el primer autobús que me llevaría al aeropuerto de Ezeiza, para luego tomar un segundo autobús que me dejaría en la avenida Rivadavia. Trabajé cuatro años en el laboratorio.

 

P: Me imagino que esto agigantaría las distancias con tía Trude.

KK: Claro. En 1965 conozco en Ezeiza al papá de mis hijos, renuncio al trabajo en el laboratorio, y me mudo a Córdoba. Me casó en octubre de 1966 y nace mi primer hijo Joel Esteban Gamarra Kunz. Ya en 1967 viajo a Venezuela. Acá vuelvo a tener contacto con mi tía Gertrude por cartas, donde siempre me hablaba de sus viajes, de mi abuela y de mi mamá. Ella siempre me decía que iba a venir a visitarme pero a la final no vino (silencio).

Sarrasani flia

La más triste noticia

P: ¿En Venezuela no pensó en reverdecer sus raíces de picadero?

KK: Es que en febrero de 1969 nacen mis gemelas Dagmar Gabriela Gamarra Kunz y Karin Regina Gamarra Kunz. Imposible. En ese entonces me dedicaba a criar a mis hijos y manejar una fábrica de lámparas que habíamos fundado en Acarigua, en la parte de los llanos venezolanos. En febrero de 1972 recibo una carta de mi mamá donde me avisa del fallecimiento de mi abuela Hulda pero no pude viajar a la Argentina con mis hijas pequeñas y la fábrica. Era imposible.

 

P: ¿Y luego?

KK: En abril de 1973 nace mi hija menor Heidi Cristina Gamarra Kunz y, recién, en abril de 1974 pude hacer un viaje familiar donde por fin volví a ver a mi mamá Erna. Ella conoció a sus nietos pero en ese viaje tampoco logré conversar con mi tía -que en 1975 regresaría a Europa como adiestradora de caballos-.

“En 1976 regreso a la Argentina porque mi mamá estaba muy enferma. Tenía cáncer.  Erna fallece el 5 de agosto de 1976. Tampoco logro contactar a mi tía, no sé si estaba en Europa, pero lo cierto que no asistió al entierro de mi mamá, su hermana. En cambio, mi tía Gertrude deja una dirección donde recibiría mis cartas en Buenos Aires (Hipólito Yrigoyen 1432). Después del funeral de mi mamá regreso a Venezuela y vuelvo a perder vínculo con mi tía. No recuerdo en qué año fue la última vez que nos escribimos, ya en la década del ochenta. Lo cierto que volví a saber de Gertrude en agosto de 2009 por una nieta que iba a viajar a la Argentina y pidió información. Fue cuando me dio la noticia que había fallecido el 4 de Junio del 2009”, cierra Karin, con una emoción que vuela casi 5000 kilómetros, recordando a tía Trude, una alemana que amó a la Argentina con locura y pasión, y fue el corazón del Sarrasani, el “más fabuloso show entre dos mundos” 

Gertrude Kunz 70s

Agradecimiento especial a Dagmar Gamarra Kunz, quien gentilmente se contactó con Serargentino.com, y facilitó el material fotográfico y la entrevista a Karin.

Fecha de Publicación: 07/08/2022

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