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Artesanía y pandemia: una conjunción inesperada

Stefanía se dedica a realizar joyería artesanal. Con la llegada de la pandemia y el cierre de las ferias, creyó que su emprendimiento había llegado a su fin. Pero repuntó inesperadamente gracias a la venta online.

La pandemia que atravesamos –y que aún continúa– nos movió las estructuras a todos, a cada uno de una forma diferente. Muchos se encontraron ante grandes crisis (financieras y personales); otros vieron la posibilidad de reinventarse ante un contexto impensado. En el caso de Stefanía, ella creyó que iba a tener que cambiar su modo de vida, pero –para su sorpresa– terminó afianzándose en su pasión: las artesanías.

Estefanía Fatú tiene 32 años y es artesana. Así puede definirse hoy. Sin embargo, hasta hace algunos años, su vida era diferente. Trabajaba de mesera en bares y realizaba cuadernos como hobby en su tiempo libre. Ahorraba dinero con su trabajo y viajaba. Siempre que le era posible, se acercaba a alguna feria en el lugar donde estuviera y vendía sus cuadernos.

En eso estaba cuando, en un viaje a Córdoba en 2014, tuvo una visión de lo que sería su futuro. Mientras mostraba sus cuadernos en una feria local, Stefanía quedó maravillada con el trabajo de una mujer que se dedicaba a la joyería artesanal. Sin dudarlo, le pidió que le enseñara cómo lo hacía. Ese fue su primer acercamiento a la que luego se convertiría en su profesión.

Por un tiempo, su vida siguió tal como venía. Pero, en un momento, sintió que necesitaba un cambio: ya no quería atender mesas. Pero necesitaba otro medio de subsistencia. Entonces fue cuando decidió dar el gran salto. Se anotó en el Instituto Municipal de Folklore y Artesanías Argentinas de Avellaneda y comenzó a aprender el oficio. Aprendió a soldar, calar y pulir, e invirtió en piedras, metales y herramientas. Su nueva vida iba tomando forma.

 

Del dicho al hecho

En 2017, Stefanía montó su primer taller en su casa, que poco a poco fue creciendo de tamaño. Comenzó a realizar aros, pulseras, anillos y amuletos con distintas piedras. El siguiente paso era dar con el lugar en el que sus creaciones pudieran encontrarse con sus futuros dueños. Comenzó como lo hacen la mayoría de los artesanos: vendiendo en las calles. Todos los domingos, se acercaba a la Feria de San Telmo para montar su stand. Allí vendía muy bien, gracias al abundante turismo internacional que recorre la zona.

El siguiente paso fue darle un nombre a su proyecto: se decidió por Fénix Fatú, inspirada en el Ave Fénix y, también, en el hermano de su abuelo paterno, que se llamaba Félix. Además de vender en la feria, sus piezas también podían adquirirse en el showroom Hidra Tienda.

 

 

¿Y ahora?

Todo iba bien hasta que, en marzo de 2021, el panorama cambió abruptamente. Con las restricciones que trajo la pandemia, las feria quedaron en el olvido y showroom también tuvo que cerrar sus puertas. Abrumada, Stefanía creyó que le había llegado la hora de buscar otro medio de vida. Después de todo, ¿quién querría comprar accesorios artesanales en medio de una cuarentena?

Sin embargo, para su sorpresa, el contexto hizo que su emprendimiento creciera aún más gracias a la venta online. Ya tenía en funcionamiento una cuenta de Instagram (@fenixfatujoyeria), a la que no le prestaba demasiada atención. A esto, le agregó una tienda online. La respuesta fue impensada: anillos, pulseras, aros, amuletos y talismanes eran buscados por personas de todo el país. Lejos de cambiar su ocupación, la cuarentena tuvo a Stefanía muy ocupada creando y vendiendo.

Hoy, además de la venta online, las puertas del showroom volvieron abrirse. Resta, solamente, volver a las ferias. Porque lo virtual puede servir para mantener vivo el negocio, pero el intercambio cara a cara con los clientes es algo que no se reemplaza con nada.

 

Imágenes: Redes Fenix Fatu JoyeriasStefanía Fatú

 

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