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“Los muertos en la guerra no se cuentan, se dejan a un costado y se sigue…”

Oscar Garcia Lattuada (77), civil voluntario y capitán de armamento nos cuenta como vivió internamente una guerra que lo dejo con el corazón totalmente lleno de cicatrices.
Historias de gente común
| 01 abril, 2019 |

Da cierto vértigo encontrarse con un veterano de Malvinas y pedirle una entrevista, se siente como si uno hundiera un dedo en una de sus llagas. Así que simplemente le dijimos “Contá lo que quieras, mostrá lo que sientas necesario…” y el respondió “Estoy a disposición, aunque esto es muy difícil…” con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada.

Cuando estalla la guerra, él estaba en Buenos Aires y el dueño de Geomaters (empresa del grupo Bridas para la que el trabajó muchos años) le dice “Oscar, tenes que ir a entregar el barco a la marina, para que sea utilizado en Malvinas…” Oscar se encargaba, en ese momento, de armar todos los barcos, era el que más sabía acerca de cada uno de ellos. Es por esto último, que cuando fue a entregar al “Yehuín” le dijeron que necesitaban que viaje con ellos para guiarlos y asesorarlos sin que hubiera equivocaciones. No dudó ni un momento, quería viajar, así que solo pidió autorización en la empresa, se la dieron y ahí comienza la historia

Llegar a destino fue muy difícil, las olas eran de más de 5 metros y los vientos de más de 180km/h., pero un día 1º de Mayo de 1982 entraron a Malvinas, día que no olvida nunca más porque como él nos cuenta “Ese día se largó la guerra…”.

Los ingleses habían minado toda la entrada a Puerto Argentino, pero los tripulantes del Yehuín sortearon los obstáculos refugiándose en Puerto Yegua (queda en Isla Soledad) hasta el 03/05 que cesaron los bombardeos y pudieron ingresar sin problemas.

Les enseñaron en ese mismo momento como sobrevivir a la guerra, que horarios y que códigos manejar para que no les abran fuego. Luego de cargar con todo lo necesario, se embarcaron a Puerto Howard (queda en Gran Malvina) y sus alrededores, asistiendo a los argentinos refugiados con lo que tenían adentro del Yehuín.

Esa era su rutina, navegar, rescatar víveres y llevarlos adonde los necesitaban. Esto lo hizo durante 3 largos meses. Donde nunca pasaron frío ni necesidades, ya que él se había encargado personalmente de que estuviera todo en condiciones para sobrevivir en esas heladas aguas. Solo dice que sintió helarse cuando estaba en tierra, pero en el Yehuín estaba con en un hotel.

Su anécdota más impactante fue sobre una onda expansiva: una bomba impacta en Puerto Argentino alrededor del 10 de junio, alcanza su barco la onda «es como un viento muy fuerte que tiene un sonido inolvidable» y lo hace impactar contra la nave, generándole una fisura craneal. Lo internan en el hospital que se encuentra en ese puerto, atendido por ingleses y argentinos. A lo que nos dice “Los ingleses me salvaron la vida. Me atendieron de 10… una maravilla. Ya nos conocíamos de las veces que desembarque a realizar misiones y me terminaron queriendo como yo a ellos”.

Permaneció allí unos 3 días, lo enviaron a Buenos Aires en un barco hospital el “Bahía paraíso” que trasladó a todos los heridos argentinos; “ahí viví lo peor de la guerra… no teníamos casi insumos, los atendí como podía, les limpié las heridas con un cepillo y lavandina. A los que no podíamos curar, teníamos que amputarles los miembros con un serrucho…” es lo que relata conteniendo la tristeza que se hace notar en su voz. Cuando le preguntamos por los muertos, nos dijo sin titubear “Los muertos en la guerra no se cuentan, se dejan a un costado y se sigue… lo peor es el sufrimiento de los heridos, eso no tiene nombre, realmente es lo que más me dolió de la guerra”.

Para Oscar, hubiéramos ganado si nuestros soldados hubieran ido preparados, ya que nuestros aviones volaban bajo sin que los detecten los radares ingleses y esa hubiera sido una gran estrategia para atacar. Los ingleses estaban sorprendidos de cómo nos resistimos y esto lo dice Oscar, que conversó con nuestros atacantes durante su estadía en el hospital.

También, nos cuenta su indignación frente a todos los enviados de otras provincias, como los soldados de la provincia de Corrientes: el regimiento principal que participó fue el de Mercedes y dice que “a esos jóvenes de entre 18 y 20 años, inexpertos y llenos de miedo, los mandaron al muere porque sus familias eran humildes y no podían viajar a Buenos Aires a manifestarse en plaza de mayo…”. Explica que de las trincheras brotaba agua y eso hacía que como no tenían los equipamientos correctos, sufran enfermedades antes de que los alcance alguna bomba o soldado inglés.

Su relato se tornó algo alegre cuando nos contó que una vez, hace alrededor 3 años atrás, un ex combatiente lo freno en un acto y le dijo “yo te conozco, ¿te acordás de mi?… estuvimos en Malvinas y me salvaste la vida”. Dice que varios veteranos le han enviado cartas con agradecimientos, las cuales tiene guardadas como un tesoro invaluable junto a libros que relatan alguna de estas anécdotas.

Quisimos saber ¿Qué pasó con el mítico “Yehuín”? El nos dice que pasó por un montón de lugares y hasta llego a estar cerca de él: “Estuve ahí, cerquita de comprarlo, pero la persona que iba a negociar mi compra me traicionó y se vendió por otro lado… Ahora está en Montevideo y tiene bandera Uruguaya, aunque fue declarado patrimonio nacional”.

Condecoraciones obtenidas post-guerra 

Después de estas pequeñas anécdotas, nos mostró sus condecoraciones, las cartas que le escribía a su mujer, fotos, entre otras cosas. Próximamente, lo nombraran ciudadano ilustre junto a otros veteranos. Mucho orgullo bien merecido.

Además, quiso que invitáramos a todos a la vigilia que se realiza este 01/04 en Villa Adelina (Zona norte del GBA), para aguardar la llegada del 02/04 junto a todos los que participaron de alguna manera y sobrevivieron.

Actualmente, Oscar reside en San Isidro y tiene 77 años, disfruta de sus 4 hijos, su mujer y su pequeña nieta, todavía se dedica a los negocios náuticos que define como una pasión que nunca acaba y vive con los recuerdos intactos de su participación en este conflicto que lo hizo ser lo que hoy es un “ciudadano ilustre”.

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Un comentario para ““Los muertos en la guerra no se cuentan, se dejan a un costado y se sigue…””

  • Guillermo

    Acabo de leer la nota y destaco el orgullo con el que habla éste hombre que supo comer en mi mesa junto a otra gran persona, ex combatiente también, que estuvo al lado de Oscar en en Yehuín, y que es mi viejo Ernesto Vega, «El Nene» como le solían decir, agradecido del recuerdo y la nota que no olvida a héroes anónimos de la guerra, mis saludos

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