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Abel y su cartel

Esperar en el semáforo del famoso nudo vial de Mendoza es un poco más alentador. Allí te espera Abel, el de los carteles con mensajes reflexivos.
Historias de gente común
Abel, el de los carteles con mensajes reflexivos.
10 diciembre, 2019

Más de un automovilista se sorprendió al principio al llegar al semáforo de ingreso a la Ciudad de Mendoza, por lo que aquí conocemos como el nudo vial. Es que no había malabaristas, acróbatas, vendedores ni limpiavidrios. Lo que se encuentra uno al llegar a la luz roja es a Abel, mostrando un cartel que cada día tiene una frase diferente, pero con el mismo sentido: motivar.

Surge una idea

Los comienzos de esta particular idea tienen que ver con el sentido de solidaridad que siempre acompañó a Abel. A propósito, comenta: “Veníamos desde Estados Unidos con mi esposa, con la idea de mejorar las cosas acá, abrir escuelas y comedores, y varios proyectos. Sin embargo, al llegar a Argentina me desilusioné y entré en una especie de letargo emocional que me duró cuatro años. Hasta que un día, mi sobrino, Matías, me invitó a unos de sus toques, ya que es vocalista, y cantó una canción que, al escucharla, me di cuenta de que hablaba de mí. Eso me dejó con las ruedas para arriba. Ese fin de semana me la pasé pensando. Entonces el lunes sabía lo que iba a hacer y le conté a mi esposa. A lo que me contestó: ‘Y, bueno, dale’”. Entre risas, aclara que “está re acostumbrada a mis locuras”.

Los carteles de Manhattan, en su paso por Estados Unidos, le fueron muy útiles. “Basándome en ellos pensé en el nudo vial, ya que en ese lugar ocurrían muchos accidentes y siempre estaba en boca de todos. Incluso llegué a ver golpes de manos. Entonces sabía que allí podía producir un cambio. Pero jamás pensé que la gente lo recibiría con tanto cariño, y que llegaría tan lejos”.

Una tarea consolidada

Nuestro motivador confiesa que no siempre se paró en el mismo lugar: “Todo empezó en el nudo vial, pero por unos meses aparecí en lugares al azar y les daba una alegría a otros residentes de Mendoza”.

La inventiva no tiene límites, por eso, las frases casi que no se repiten: “Tratamos de no hacerlo. En dos años que llevo, serán muy pocas las veces en que repetimos alguna. Una que sí repetimos, a propósito, fue la que decía ‘Doná sangre, doná órganos, doná vida’. Pero las frases, generalmente, son mías”.

Sobre la recepción de la gente, hay para todos los gustos. “Las respuestas varían desde súper agradecidos hasta insultarme y gritarme que vaya a laburar. Pero yo tengo trabajo constante desde 1983. Igual, en general, los carteles son muy bien recibidos”.

Sobre el final, Abel aclara que hace algún tiempo dejó de ir todos los días. “Ahora voy esporádicamente, o cuando alguien necesita algo en particular. Pero recuerden que, con algo tan simple como cartulina, fibrón y palabras, podés cambiarle el día a alguien, si no, mírenme a mí”.

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