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Walt Disney en Argentina: tú eres mi amigo fiel

En 1941 el mundo estaba en guerra . Y el papá del Ratón Mickey se convirtió en un engranaje de la política exterior norteamericana. Y salvó al futuro imperio Disney.

Espectáculos
Walt Disney en Argentina

Hacia 1940 Estados Unidos tenía la clara determinación de que América Latina sea algo más que un “patio trasero”. Desde la flamante Coordinación de Asuntos Interamericanos (CIAA) de Rockefeller se modelaba la denominada política de “buenos vecinos”, que se inspiraba en la famosa Doctrina Monroe, América para los americanos. Vecinos claro para resistir el eventual ataque nazi, una previsión nada temeraria con los cielos de Londres ardiendo, y media Europa en manos de la tiranía alemana. En ese esquema, la Argentina era la principal piedra díscola. Nunca los argentinos, y muchos latinoamericanos por cierto, se sintieron cómodos en la misma mesa que los norteamericanos, desde al atropello a las Islas Malvinas en 1832, y las interminables intervenciones militares de la Unión en el continente, y que acrecentaron un fuerte sentimiento antiyanqui. Por eso  el secretario Hull y el presidente Roosevelt intentaron un cambio de paradigma, no solamente para Argentina, y en vez de enviar políticos, enviarían artistas. Y principal embajador estrella sería Walt Disney, que con sus películas había penetrado en el corazón y las mentes de millones.  Fue la vez que el ratón se vistió de gato.

Walt Disney llegaba al país a finales del invierno de 1941, en la segunda parada después de Brasil, cumpliendo una propuesta de las altas esferas de Washington, que en primera instancia había rechazado. En casa el panorama era complicado. En Burbank enfrentaba una prolongada disputa gremial, y las pérdidas en las salas crecían con el mundo aterrado ante la maquinaria de guerra alemana. Walt, que había revolucionado la animación y el mercado con “Blancanieves” y se encontraba paralizado con “Dumbo”, a punto de estrenar “Pinocho” y “Fantasía”, se apuró entonces en armar un grupo de 18 personas, incluída su esposa Lilian, entre ilustradores, productores, músicos y realizadores cinematográficos. El plan original era la producción de doce cortometrajes y, “-el viaje de Disney- constituyó un gesto sustancial de buena voluntad, una película basada en el viaje será el mayor gesto de adulación para el resto de las repúblicas americanas, y pondrá énfasis en los lazos comunes que unen a la gente de las Américas. En un momento en que la solidaridad continental es de primerísima importancia, esta película proporcionará una demostración persuasiva de nuestros buenos deseos vistos en acción. Este tipo de factores unificadores, como los de esta película, son esenciales para la moral de los civiles tanto en nuestro país como en el resto de las Américas”, cita Laura Vázquez, a partir de documentación enviada al Departamento de Estado por los estudios Disney, y recogida de los archivos de Disney por Fernando Purcell.

El realizador y empresario norteamericano pisa Argentina el 8 de septiembre de 1941, y será el país donde más tiempo permanece Walt y “El Grupo”, como se hacían llamar Disney y su equipo, entre Buenos Aires, Salta y Mendoza. La fase argentina de la “Política del Buen Vecino”, y una de los prioritarias, estaba en marcha. Ocupan un piso del Alvear Palace Hotel y realizan infinidad de actividades recreativas, y entrevistas protocolares y periodísticas, siguiendo la hoja ruta del Departamento de Estado. O sea cumplir el objeto diplomático en paralelo al objeto artístico. Enseguida en el país Disney entra en contacto con el efervescente medio nacional, “¡Nuestras revistas de historietas editan ciento cincuenta millones de ejemplares por año! No hay país del mundo que nos supere en este renglón. De ahí la importancia para los dibujantes argentinos de todo lo que se relaciona con esta actividad que se ha convertido en otra producción característica del país. [...]Cuando estuvo Walt Disney en Buenos Aires quedó sorprendido cuando le presenté a casi trescientos dibujantes argentinos. “No sospechaba encontrar un foco tan grande, y dudo que lo supere Nueva York”,dijo“, recordaba Ramón Columba. También Disney se encuentra con un artista que admiraba profundamente, Quirino Cristiani, autor del primer largometraje animado “El apostol” de 1917 -antes que muchos otros, incluído, Disney, claro-,  y que le recomendaría a un dibujante para mejor representar al campo y su esencia, Florencio Molina Campos. Disney, que estaba en su apogeo artístico, obviamente ya conocía al dibujante argentino por sus trabajos publicitarios en el mundo, y una serie de exitosas exposiciones en América del Norte, con sus bucólicas estampas gauchescas en 1937. Y hace una llamada a la estancia de los Molina Campos,  Los Estribos en Moreno, provincia de Buenos Aires, que será el comienzo de una larga amistad y, también, de un gran desencuentro.

Walt Disney en Argentina

 

Dos gigantes se saludan: Molina Campos y Disney

El primer cortocircuito será porque cuando uno vino, el otro estaba en su casa. Molina Campos había sido contratado por un compañía neyorquina de publicidad y se encontraba en la Gran Manzana. Walt había llamado a la estancia una mañana y la esposa de Florencio, Elvira Molina Campos, le informaba que su compañero se encontraba en Estados Unidos pero con gusto recibiría al creador de Mickey Mouse. Así que la nutrida comitiva enfiló al oeste del conurbano y pasaron un día de campo, entre carne argentina y mate en mano, como se pueden ver en el informe de “Sucesos Argentinos” "Llegaron al rancho, Disney y su señora, acompañados por el señor Embajador de los Estados Unidos y todo el staff de sus numerosos dibujantes. Fue una fiesta criolla inolvidable: asados, guitarreadas, bailes… lo único que faltaba era Florencio", escribió Elvira en su libro “Florencio Molina Campos en mi vida”, según transcribe Juan Batalla en www.infobae.com Ese mismo día Disney dejó una carta con la intención de sumar a Molina Campos en este proyecto que convirtía en celuloide la política norteamericana de “Buenos Amigos”

En esos instantes la tensión entre Buenos Aires y Washington alcanzaba un pico por los deseos de los norteamericanos de instalar bases en Uruguay, con el recuerdo aún fresco de la Batalla del Río de la Plata. Y el gobierno del presidente interino Castillo comenzaba endurecer el histórico “neutralismo”,  frente al malestar de la administración de Roosvelt que lanzaba un plan de Defensa Continental. Faltan un par de meses para Pearl Harbor. Este era el contexto de Disney en Argentina.

Walt Disney en Argentina

Lo de Molina Campos recién se podría concretar en 1942 para el asesoramiento de tres películas, aunque sólo colaboró tangencialmente en los cortos “El gaucho Goofy -o Dippy como se conocía en aquel momento-” (1942) y “El gauchito volador” (1944), “los gauchos socarrones que se burlan del gauchito y su burro orejón son indudablemente derivados de aquellos que poblaron por años los almanaques de Alpargatas”, acota el investigador Raúl Manrupe. Y decimos tangencialmente porque fue enorme el disgusto de Molina Campos por la poca verosimilitud del gaucho Goofy, un híbrido entre méxicano y texano afín a la mentalidad norteamericana. Los vientos habían cambiado. Estados Unidos estaban en pleno conflicto mundial en Europa y Asia, y exaltaban necesariamente el nacionalismo interno, les dejaron de interesar las relaciones continentales – especialmente con este país y se interrumpió el comercio entre naciones, cuando en 1941 Estados Unidos fue el principal comprador - y, en el frente diplomático, el giro nacionalista previo al golpe de 1943 en Argentina, con simpatías a las potencias del Eje,   ponía en paréntesis candente cualquier acercamiento. O sea que no había que cumplir ahora ninguna “demostración persuasiva” ni “buena voluntad” Además se había superado el conflicto gremial en los estudios Disney con una decidida intervención federal luego del viaje a Sudamérica, y pese a que cedió en parte a los reclamos laborales de los dibujantes, Walt salió fortalecido. Finalmente arreciaban los pedidos del gobierno norteamericano por cortos propagandístico -que difícilmente se encuentren hoy en los canales oficiales del gigante del Ratón. Quedó así un tercer corto con temática latinoamericana, y con el asesoramiento de Molina Campos, en el tintero. Y Florencio volvía a su estancia de Moreno cansado, con sus gauchitos tiernos.

 

Disney en Argentina por Sucesos Argentinos

 

Lo que Disney nos dejó, y nosotros a Walt

“Los cortometrajes fueron fusionados en dos grandes producciones –“Saludos Amigos (1943)”, nominada a tres Oscar, y “Los tres caballeros” (1944) - Contar la aventura como un cuaderno de bitácora también tuvo su rédito. Disney y su compañía sacó el máximo provecho posible del periplo por América Latina: no sólo registró, filmó y dirigió las animaciones, sino que publicó tiras cómicas narrando el viaje, se realizaron filmes documentales cuyo elenco estuvo conformado por la comitiva, se vendieron fotografías a revistas y periódicos y publicaron libros sobre la arriesgada empresa. Al fin y al cabo, la misión política y cultural, también era un buen negocio”, señala la investigadora Laura Vázquez. El mismo Disney aseguró que en las habitaciones del hotel tenían una verdadera “tienda” que permitió la comercialización y difusión inmedita, y posterior, de la gira de Disney. Walt improvisando una chacarera con el conjunto de Andrés Chazarreta,  y el bailarín Miguel Gramajo, entre ellos, fueron las inspiraciones de los cortos. “Disney se emocionó mucho durante el malambo”, recordó “Tachuela” Gramajo décadas más tarde de aquella tarde en las terrazas del Alvear. En el documental “South of the Border” (1942) afirmaba Disney con la misión cumplida: “La visita tuvo como resultado una mejor comprensión del arte, la música, el folklore y el humor de nuestros amigos latinoamericanos, y en rico material y fuente de inspiración para futuras historias animadas” “Saludamos a toda América del Sur/Donde el cielo es siempre azul/Saludamos a todos los amigos del corazón/Que allí dejamos, de quienes nos acordamos al cantar esta canción” era la letra que abría la película “Saludos Amigos” en una perfecta síntesis de una gira que aúno arte, y diplomacia de alto nivel, bajo el carisma de Walt.

Walt Disney en Argentina

Antes de seguir viaje a Chile en medio de una gira agotadora, entre funcionarios y fanáticos, miles de autógrafos, Disney pasó por Mendoza y asistió de incógnito a una sala repleta de estudiantes. Al final anunciaron que entre ellos había un invitado especial y Walt se apareció con un “Hola, chicos” para delirio de los niños. En ese momentos se entera de la muerte de su padre Elias y, con sólo pocos días en Santiago de Chile, retornaron a los Estados Unidos, en barco, el 4 de octubre de 1941. Antes parte de “El Grupo” había recorrido Bolivia y Perú, que inspirarían el corto de Donald en el Lago Titicaca.

Todo esta experiencia latinoamericana se puede ponderar en el documental “Walt & el Grupo” (2008) y que analiza el viaje en contexto. Su director, Ted Thomas, explica el impacto creativo que tuvo en Walt y sus consecuencias positivas en la continuidad del negocio: “El viaje a los países latinoamericanos, y las películas que se hicieron a raíz de éste, salvaron los estudios Disney. La Segunda Guerra Mundial, los problemas económicos y los enfrentamientos por cuestiones laborales entre artistas, todo combinado, podían haber forzado a Disney a cerrar. La experiencia latina le revivió artísticamente. Muchas de las amistades que surgieron en este viaje duraron para el resto de su vida”, cierra el realizador Thomas, entre ellas Molina Campos. Algo que queda confirmado en el sitio www.waltdisney.org, en el cual aparecen las siguientes palabras de Disney,"una de esas cosas que se pensaron es que Disney necesitaba el subsidio -del gobierno e hizo el viaje a Sudamérica- pero afortunadamente ese pequeño viaje hizo un gran negocio, y el gobierno de los Estados Unidos no tuvo que aportar ni un centavo”.

 

Aún queda la historia de su visita en 1952 a la inauguración a la República de los Niños en La Plata y, a los tres años, la apertura de Disneylandia en California,  con un diseño de urbanismo a escala infantil tan parecido, y que seguiría siendo motivo de sospechas. También una visita en 1945 al sur argentino, antes del célebre “Bambi”, y prolongadas estadías en sus bosques de arrayanes, lápiz en mano. Don Walt tuvo un fuerte vínculo cultural con Argentina desde sus comienzos profesionales, con un segundo corto, “The Gallopin' Gaucho” de 1928, y un proto Mickey andando en ñandú. Y siempre admiró a los animadores y dibujantes argentinos, la “escuela de dibujo argentina”, desde Cristiani a Daniel Branca, creador de uno de los mejores Pato Donald. El “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”, el lema de Disney, también se soñó con mate, y asado, en mano.

 

Saludos Amigos (1943) - El gaucho Goofy (fragmento)

 

Fuentes: Manrupe, R. Breve historia del dibujo animado en la Argentina. Buenos Aires: Libros del Rojas. 2004; Vázquez, L.  “Un modelo a imitar: Disney en Ezeiza y el proyecto empresarial de Dante Quinterno” En revista Antiteses v. 5, n.9, p.7-24, jan./jul. 2012;  https://www.infobae.com/tendencias/2017/07/15/la-trama-secreta-por-que-walt-disney-vino-a-aprender-de-molina-campos/; https://www.waltdisney.org/blog/walt-and-goodwill-tour; Petersen, H. La Argentina y los Estados Unidos. II 1914-1960. Buenos Aires: Hyspamerica. 1985

Walt Disney en Argentina

Fecha de Publicación: 09/04/2021

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