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TV Nostra: la televisión no tiembla, la continuidad del nuevo ciclo de Jorge Rial parece que sí

Después de cinco semanas al aire, el programa del experimentado y exitoso conductor de la pantalla chica deambula en el prime-time con bajas mediciones en un errático formato.

Espectáculos
 Jorge Rial

Hay dos imágenes de una misma foto, mal que les pese a los ubicados en ambos extremos de un punto de vista sobre una experimentada persona que construyó una forma de trabajo en la televisión, una trayectoria que cosechó igual proporción de seguidores y detractores en los últimos veinte años. Apostando a un especial formato televisivo en el 2001, un año traumático por donde se lo analice en todos los aspectos, la carrera del conductor arrancó apostando a un ciclo que con el paso de las temporadas y ubicado en horario vespertino, se convirtió no solo en un clásico de América TV, sino en el porta-aviones de la emisora de la calle Fitz Roy al 1600 marcando buenos números de rating durante mucho tiempo.

 

Con el paso de los años “Intrusos” no solo forjó un concepto en pantalla, sino un estilo que anteriores formatos no habían investigado a fondo en el viejo milenio. La poderosa dupla que armó con Luis Ventura en los comienzos se desgastó y tras un incómodo momento en pantalla entre este y Marcela Tauro, el conductor siguió con un staff que padeció enormes deficiencias en la renovación de panelistas, muchos de los cuales aprovecharon ese lugar únicamente para beneficio propio, conducta en desmedro de los históricos acompañantes que más temprano que tarde se hartaron y decidieron emprender nuevos rumbos. El paso del tiempo halló a su legendario animador muy desgastado, evidenciándolo sin ocultarlo.

 

La vida privada del exitoso conductor televisivo lentamente se fue colando en el ciclo y lo que era desgaste en su momento, después comenzó a facturarle serios problemas de salud a una persona muy permeable a los mismos. Las ausencias en pantallas, varios conflictos con parejas, similares o los escándalos de una conflictiva hija que siempre tensó la cuerda hasta bordear el rompimiento, hicieron mella en un animador que debió tomarse licencias que cada vez fueron más frecuentes. El equilibrio de otros tiempos y la focalización para un objetivo central se fueron desdibujando, problemas que cobraron otra escala cuando en el lapso 2015-2019 el ciclo insólitamente decidió politizarse sin justificativo alguno, tosca postura que fulminó una enorme parte de la audiencia que prestaba fidelidad al programa.

 

En la temporada donde los números denotaron celebrar el vigésimo aniversario, esa que su conductor soñó para cerrar una forma de hacer tv, dos cuestiones impactaron durísimo a la hora de darle un buen cierre a un ciclo que sin dudas marcó un antes y después en la pantalla chica con esa temática. Primero la decisión de convocar a viejos panelistas para compartir algunos momentos en el ciclo donde se hicieron conocidos, denunció la fuerte fractura que existía entre estos y su conductor, hundiendo el primer objetivo que buscaba el formato en su desenlace. Impulsado por la emisora a mantenerse en pantalla, sabiendo que el ciclo ejercía un campo magnético sobre el rating del canal, dejándole buen resabio a lo que venía después, la llegada de la pandemia y todo lo que deparó al aire, sin dudas fue una bomba neutrónica que despedazó cualquier intento de una televisión seductora.

 

 Jorge Rial

 

El 2020 terminó a los ponchazos, con la gente desgastada de la pantalla del programa ya convertida en otro monitor de empresa de seguridad, con varios personajes en cubitos separados hablando desde sus hogares. En lo interno, el animador de “Intrusos” gestaba el “módulo éxodo” sin que eso provocara un sismo, dando a entender que necesitaba cambiar de aire dentro de la misma emisora. Después de bastantes semanas en las que delegó el mando del ciclo en Adrián Pallares, el animador hizo pública su decisión de abrirse lugar en otro horario de la emisora del cubito de colores. Lo que sin dudas manejó con enorme torpeza fue su salida de “Intrusos”, yéndose intempestivamente de un día para otro como quien se toma un fin de semana largo en la costa y no vuelve. Desgastado por muchas cosas que no vienen al caso, lo peor que pudo hacer después de esa maniobra fue regresar a la pantalla de su propio programa, pero no para conducirlo y admitir que su presidencia en el mismo cesaría en pocas horas, sino como invitado de su propio ciclo. La maniobra, por donde se la analice, fue un yerro garrafal imperdonable, que incluso resquebrajó más la relación entre el conductor y quienes debieron reemplazarlo durante su ausencia.

 

Liberado de las contundentes presiones de no continuar en un formato que lo incomodaba inocultablemente, comenzó la preproducción de su nuevo ciclo, con fecha de arranque en abril en horario prime-time, desembarco que además provocó un conflicto con la grilla de programas en el tramo nocturno de América. Anunciando que el nuevo formato tendría en primera instancia una fuerte carga política, más allá de tratar otras temáticas dentro de esa hora y media de programa, la idea de estrenar un nuevo ciclo en el canal que lo amparó de forma protectora en las dos últimas décadas, pareció oxigenarlo para llegar a una flamante y renovada plataforma para su desempeño profesional. Sin embargo, antes que el ciclo se viese en pantalla, aparecieron las primeras luces de alarma, las cuales nadie pareció en ese momento advertir, subestimando que solo podrían constituir apenas leves nubarrones en un diáfano anochecer televisivo en la emisora de sus amores.

 

A todo esto, mientras el legendario conductor definía los lineamientos de su inminente y esperado desembarco en la noche del canal de Palermo Viejo, la gerencia de contenidos de esa emisora debió acomodar velozmente el “desorden” que había provocado la partida de su histórico fundador y animador. La usina de rumores comenzó a sugerir durante esas horas una gran cantidad nombres y entre ellos el que más fuerte sonó fue el del animador y modelo Horacio Cabak, que en los últimos años había recalado en el ciclo de cable “La Jaula de la Moda” por Magazine TV, haciendo pequeños reemplazos en la emisora de la calle Fitz Roy. Sin embargo, desde la emisora evaluaron la relación costo-beneficio, tras lo cual de manera veloz tomaron la decisión de ofrecerle a los panelistas Adrián Pallares y Rodrigo Lusich una conducción conjunta del ciclo, algo que la dupla aceptó por una vieja amistad que los une personal y profesionalmente. En esas horas también se definió que el dueto estuviese acompañado por Paula Varela, Marcela Baños, Evelyn Von Brooke y la modelo Virginia Gallardo, ex–novia de Ricardo Fort, staff donde desertaron Damián Rojo y Débora Damato antes del debut del nuevo equipo de conductores.

 

 Jorge Rial

 

Un de los elementos que auguraba ocasionalmente que el debut del añejo “renunciante” conductor de “Intrusos” podía estar signado por un buen guarismo de rating, fue que antes de salir al aire, el conductor logró entrevistar a Matías Morla, apoderado y abogado del desaparecido jugador Diego Armando Maradona, profesional del derecho que aceptó dar la primera entrevista a un medio luego de la polémica muerte del icónico deportista allá por finales de noviembre de 2020. Ese punto a favor obviamente despertó las expectativas de aquellos que querían ver al animador televisivo mostrando algo diferente a todo lo que ocurría sobre la muerte del astro deportivo. Sin embargo, no surgían otras novedades con referencia a los contenidos, pero sí en cuanto a quienes lo acompañarían, una elección de panelistas que muchos pensaban que estaría acorde a la manifestada renovación de todos los formatos en el nuevo ciclo nocturno por América TV.

 

La primera incorporación sin dudas fue un baldazo helado para la ilusión de recambio en el equipo del nuevo programa. Incomprensiblemente, el conductor incluyó como primera panelista a Marina Calabró, exintegrante de “Intrusos” que se fue de mala forma del ciclo vespertino para conducir un programa propio en El Nueve, la única emisora que podría darle a esa devaluada chimentera un rol de esa magnitud, formato en el canal de la calle Conde que fracaso a los pocos meses. Sin capacitación profesional, absolutamente ceñida a la vulgaridad digital del celular y las redes como fuente de información, amén de contar con fecales contactos informativos, la descendiente del desaparecido humorista argentino jamás hizo de la simpatía una costumbre, ganándose el odio de la mitad de la población argentina, mientras la otra mitad manifiesta un sentimiento peor al odio. El respaldo del periodista Jorge Lanata a esta comunicadora en su ciclo radial, ratifica una vez más que el gran talento periodístico del fundador de “Página 12”, es inversamente proporcional a su capacidad para elegir colaboradores que estén a la altura de su talento profesional. Esta incorporación, desabrida y oxidada por donde se la analice, fue el comienzo de una serie de brutales yerros en la construcción de un nuevo ciclo televisivo que arrancó realmente con cimientos flojos. La actual panelista de Lanata pertenece a un contexto donde los elementos que prevalecen son el rencor y el resentimiento, más que la portación de muy buenos recursos informativos. Con el boleto picado y cada vez más enroscada en duras actitudes, buena parte de los analistas de la pantalla chica la observa como una constante “pianta-votos” (llámese audiencia), una postura prescindible en los tiempos que corren.   

 

Mientras el desconcierto crecía con el anuncio de esta primera persona en el nuevo ciclo que ya tenía como denominación final “TV Nostra”, las siguientes incorporaciones fueron todavía de menor calidad si supuestamente el programa buscaba mostrar una renovación en el concepto del animador televisivo que trascendió con “Intrusos” durante 20 años. La nueva incorporación para el ciclo que debutó hace seis semanas, fue la comentarista de campo de juego en fútbol Angela Llerena, que no oculta su rol de comentarista militante, supuestamente formada en este milenio con más dossiers políticos que deportivos, algo que no puede reprochársele al veterano conductor de la pantalla chica, por sumar gente con su mismo pensamiento socio-político. Este desabrido e insulso staff de acompañantes agregó su última tuerca floja para completar un mecano totalmente fallado de arranque a Diego Ramos. El actor es un especialista en musicales, comedias y creación de personajes en televisión, pero lo suyo en el panelismo para un ciclo político de actualidad nocturna, es tan desfocalizado como colocar a Stevie Wonder como jefe de control aéreo en las 24 horas en el radar del Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

 

 Jorge Rial

 

Finalmente llegó el debut de “TV Nostra”, el pasado lunes 05 de abril a las 21 horas por la pantalla de América. En esa primera emisión tal como era de esperarse, la mayoría de tiempo al aire en ese esperado debut televisivo, correspondió a la emisión de la esperada entrevista que Matías Morla le concedió a este nuevo programa. Como era de esperar, la primera noche, aun con las desinteligencias y errores técnicos, el programa consiguió un número de rating más que auspicioso, cuando el estreno de América TV marcó 4.7 en su jornada de presentación. La segunda emisión, volvió a poner el aire algunos pedazos de aquel encuentro con el entrevistador que no se habían pasado en la primera noche, detalle no menor pues pareció una descuidada maniobra si lo que se pretendía era instalar algún formato de conducción e informes. Ya esa noche los números comenzaron a descender, pero los productores del programa no se asustaron entendiendo que después de un debut suele haber un par de días para que un ciclo ajuste su promedio de encendido. Terrible e imperdonable error. Otra señal de alarma y nadie dándose por enterado.

 

Las siguientes emisiones dejaron al desnudo que no se había trabajado mucho para estas primeras emisiones y las primeras veladas de este ciclo al aire, definitivamente dejaron un gusto rancio y agrio que nadie olfateó, pero no por tener alguna enfermedad al respecto en estos tiempos. Lo que pasó en las noches siguientes realmente fue lo que empezó a dejar las primeras lecturas de un formato bastante falto de cocción, desabrido y muy saturado de intervenciones de una panelista que de a ratos se cree más importante que su conductor o el resto de sus compañeros. La pésima imagen que ese desequilibrio operacional dejaba a la audiencia interesada en comprobar lo que podía hacer el legendario animador ahora en la competitiva franja nocturna, dejó muchos elementos endebles donde quedó expuesto el flojísimo nivel que el nuevo ciclo exhibió desde su arranque en el bloque “prime-time”.

 

La apertura es ramplona, obvia y previsible. Una imagen con sombras de alguien que baila a contraluz de un lado al otro del amplio estudio, sobre la base de una tarantela en la que el percusionista tuvo una insólita convulsión a mitad de insulso tema, culmina con el animador ingresando al estudio donde tira unos muy desprolijos pasos de baile, algo que pudo haberse corregido ahora que cualquiera puede bailar. La atractiva idea de muchos paneles de cuarzo con proyección y varias mesas donde la base también en una pantalla, sin dudas es un gran hallazgo desde lo estético. La exagerada distancia entre el conductor y sus acompañantes, está físicamente exagerada y poco faltó para que los 3 panelistas se ubicaran en otro estudio sin exageraban un poco más el efecto. Aprovechando todo lo que se había grabado con Matías Morla, el nuevo ciclo lo pasó hasta cansar a la audiencia, una señal que desnudó que tampoco se había producido demasiado para esas semanas.

 

 Jorge Rial

 

Con cinco semanas de programas al aire, “TV Nostra” se derrumbó en las mediciones que realiza Kantar-Ibope. Pasó de esos 4.7 a jornadas en las que midió un poco más que dos unidades de esa unidad de contralor de encendido, señal del escaso interés que despertó en el público la llegada del famoso conductor vespertino ahora en otro contexto. Llama mucho la atención, la descarada copia de la forma de editar los informes en pantalla, en los que se ve mucho collage televisivo, ese que incluye varias escenas de los programas de Diego Capusotto con sus divertidos personajes, con los que viene haciendo hace bastantes temporadas su rival en la emisora El Nueve, lo que muestra que no se les cayó una idea a la hora de armar estas visualizaciones informativas. Los farragosos monólogos del añejo conductor, se reiteraron con el silencio aprobador de sus acompañantes, quienes dejaron bastante que desear en las primeras emisiones del ciclo. Aturdidos por la muy insufrible y nefasta pasión de Marina Calabró por interrumpir a los demás, tanto Angela Llerena y su compañero Diego Ramos noche a noche quedaron realmente como pintados en el ciclo que segundo a segundo naufragó en el tramo más competitivo de las mediciones.

 

Si bien América TV no es una emisora que deslumbre con sus números de encendido, lo traumático a esta altura de las circunstancias, ocurrió cuando fruto de los antes explicado, “TV Nostra” empezó a medir menos de 2 puntos de rating, un descomunal desastre que le puso la última lamparita de alerta a un formato que, en sus cinco semanas de encendido, jamás mostró una identidad, mutando de un lado a otro sin rumbo ni coordinación. Cada noche, su conductor buscó encauzar las cosas, pero las temáticas políticas comenzaron a aparecer en menor proporción dejando su lugar a cosas de la farándula, mundo del cual pretendía supuestamente alejarse su referente más destacado y capaz. Varias noches las imágenes shockeraron a la audiencia, con Diego Ramos en absoluto silencio mirando a sus compañeros, como si fuese un privilegiado televidente que consiguió una butaca para ver el ciclo allí mismo en vivo. Recientemente, intentando participar del programa, tuvo un par de encontronazos obvios con Angela Llerena, insólitamente convertida en la fiscal nacional sobre lo que está bien o mal en todos los aspectos analizables del continente. El primer mes del errático programa, consiguió un promedio de 2.2 puntos de audiencia, una tragedia termonuclear para una pantalla que necesitaba más fuego en ese tramo horario.  

 

Que un programa no defina su identidad, comience a perder audiencia y encima no haya reacciones serias para solucionarlo es grave. Que un ciclo que midió 4.7 puntos en su debut en la actualidad naufrague en guarismos que van de 2 puntos a 1,4 como ocurrió en un par de ocasiones en el bloque prime-time, es sencillamente dramático. Para mal de males, ahora “TV Nostra” se convirtió insólitamente en una especie de “Intrusos”, en formato nocturno, pero midiendo la mitad de lo que marca el original que se emite a la tarde. Rumores que señalan que el conductor del nuevo ciclo podría emigrar a la TV Pública para conducir un formato diferente o asumir un puesto ejecutivo, tampoco suman demasiado a un presente nebuloso donde la confusión ha superado todo lo esperable. En América TV todavía son optimistas y esperan que el ciclo pueda levantar su promedio de encendido, pero sobre todo encontrar un lineamiento argumental coherente, algo que no ocurrió desde que fue puesto en pantalla. Para quienes dicen que el legendario conductor nunca consiguió un enorme éxito en la pantalla nocturna, conviene recordarles que “Gran Hermano” fue lo que es en el recuerdo gracias a este animador, pero naturalmente ese era un formato extranjero. Hoy sin ofrecer una postura reflexiva del errático deambular, tal vez esperando que la previa de las elecciones legislativas pueda remarle televidentes, “TV Nostra” es un programa al que “Bendita TV” en varias ocasiones triplica en rating, lo cual deja expuesto que algo no está funcionando realmente muy bien.

 

Jorge Rial, un conductor que en veinte años de pantalla forjó un éxito televisivo, una muy particular forma de aludir al espectáculo y también sembrar productivas polémicas en el complicado contexto de la pantalla chica, afronta el desafío más fuerte de su carrera con este desconcertante tiempo sin brújula ni acompañantes apropiados. Habrá que ver hasta donde los aceitados reflejos del animador televisivo están encendidos. Por el momento, lo observado hasta ahora no da señales de cambios sensatos para buscar la solución, solo de pasar los días y esperar un milagro noticioso. Temáticas como las de Maradona. Cabak o alguna similar parecen ya no causar el efecto deseado en la audiencia, mientras los días pasan y la mayoría de los programas de América TV miden mucho más que este ciclo que hasta el momento deambula vegetando extraviado, para cualquiera que todavía no haya cambiado de canal y lo siga fielmente, aguardando una respuesta estructural que parece no llegar nunca. El tiempo tendrá la última palabra, o la paciencia de los programadores ante una situación tan negativa, pero algo claro hay. “TV Nostra” dijo “tiembla la tele” y lo único que por ahora no deja de temblar es la continuidad de este fallido envío nocturno.             

Fecha de Publicación: 12/05/2021

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