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Titanes en el Ring, el poder de su fuerza sin igual

En el año del setenta aniversario de la televisión argentina, comenzamos recordando este programa que llevó la “victoria y el honor” a batir rating de audiencia. Y de amor incondicional por los luchadores de Martín Karadagián.

A principios de 1972 Martín Karadagián parecía un hombre acabado. Ochos meses en prisión por lesiones, y derrumbe del imperio del catch de Titanes en el ring, que había levantado durante los veinte años anteriores. Ex titanes competían en otros canales y lo difamaban públicamente. Parecía mucho. Pocos apostaban por este cincuentón que había inventado un masivo entretenimiento televisivo, una fantasía familiar de doble Nelson, tijeras y patadas voladoras, con una pizca de cultura general en los estrambóticos luchadores, y que en la década anterior llenaba el Luna Park a voluntad “Sólo hay catch en el Luna por Karadagián”, admitía su dueño, Tito Lectoure. Al finalizar la temporada en Canal 13 iniciada un 9 de abril, 36 mil espectadores explotaron el Palacio de Bouchard y Sarmiento para presenciar la batalla final por el título mundial,  entre Martín y La Momia. Karadagián tenía quedaba cuerda para rato, “el éxito de Titanes se debe a que cada hombre es un niño, y en estos momentos de crisis, la gente necesita programas de evasión”, señalaba a la revista Panorama Karadagián, que tendría otros grandes picos de popularidad en años difíciles también, en 1962, golpe al presidente Frondizi, y 1982, Guerra de Malvinas, “el nuestro lo ofrece sanamente. Hacemos reír sin recurrir a las malas palabras…lo nuestro es arte mudo, como el de Carlitos Chaplin”, cerraba el creador del letal Cortito. Y de millones de sonrisas. 

“La del 72 fue la mejor temporada de todas”, comentaba Luis Borges, el inolvidable Mercenario Joe a Leandro D´Ambrosio, “Titanes en el ring en todos sus años de vigencia tuvo un muy buen rating, pero el boom fue allí, algo que nos superó a todos. El programa se había impuesto de tal manera que ya no era cuestión de a qué canal fuera porque donde lo hiciera era un éxito. En ello tenía que ver Karadagián, un hombre limitado intelectualmente pero iluminado para la creación y los negocios. Nació con ese don y tuvo la visión de saber elegir a los hombres, entre ellos -Rodolfo- Di Sarli, que también creaba personajesRodolfo era el intelectual de Titanes”, diría de este locutor que era la mitad del show con sus frases ocurrentes y que quedaron en la lengua popular, “chicos no hagan esto en sus casas” o “Concurran a gimnasios para cultivar su físico y ser los futuros titanes” Di Sarli acompañó a Karadagián desde los inicios en 1962, en Canal 9,  hasta el final en 1988, en Canal 11. 

“Incluí a luchadores como Sancho y Don Quijote, y los hice leer la novela”, acotaba Martín, conocido por su mano férrea en la troupe de casi 70 deportistas en las mejores series, “para que cumplan una función literaria y educativa…me preocupa mucho ese aspecto, a tal punto que obligo a muchos a salir tan fajados que parecen castrados: a la familia hay que darle espectáculos edificantes”, remantaba Karadagián, quien finiquitaba la primera película de los Titanes y un millonario contrato con la competencia. En noviembre de ese año debutaría con “La carpa de Martín” de Canal 11, más orientado a los niños y  donde los titanes eran talentos de pista, por ejemplo el querido “Ancho” Rubén Peucelle era el forzudo, y se preparaba para otra temporada exitosa (¡debut de La Momia Negra!) al tiempo que realizaba apoteóticas giras por Latinoamérica, que lo conocían por algunos tapes que él distribuía pacientemente – como buen visionario, Karadagián fue de los primeros en estos envíos al continente, y luego en 1978, el primero que grabó televisión en colores para exportar a Centroamérica y Estados Unidos.

1972 fue el año de la Momia entre los personajes del año de la revista Gente, al presidente de facto Lanusse solicitando entradas entre los dos mil afortunados que ingresaban al Estudio 1 de avenida San Juan, el disco con las canciones que recordarán varias generaciones de argentinos, “Caballero, Caballero Rojo, es intrépido y leal, es valiente y genial, Caballero Rojo” o “Luchador sordomudo, protege a los buenos, castiga a los malos, y quiere a los niños muy tiernamente, La Momia es justiciera”y los célebres -e incunables hoy- muñequitos del chocolatín Jack

Con semejante repercusión social parecían lejanas las críticas que una vez hicieran desde la revista El Gráfico, decana del deporte vernáculo, “¿Locura? ¿Estupidez? ¿Deporte? ¿Teatro? -cita  D´Ambrosio- un espectáculo que no es deportivo ni teatral, en que la gente no cree pero logra crédulos. Lo lamentable: el interés de los niños. Mito y mitos: Karadagián, el patrón de la troupe, pero…¿luchan en serio? El reino de la mentira”, que su sumaban a las críticas de ligas de madre por la violencia -memorables los cortes de Martín antes de Rocky- o la figura siniestra de una momia que cautivaba a los pequeños. Aunque no le gustaban a Karadagián las diatribas, y era capaz de retar a los asustados periodistas contreras al ring, en sus cabeza pensaba en unos titanes eternos “Al árbol se le quebró una rama pero sigue de pie” dijo Martín tirando el bastón, en la última vuelta de sus titanes en 1988, con él ya de jurado tras la amputación de una pierna. El Campeón seguía en pie.

 

El enorme Martín Karadagian

Entre los momentos desopilantes de la carrera de Karadagián con sus titanes se encuentran haberse enfrentado contra un hombre invisible y un oso. U organizar peleas en ring repleto de sardinas. Sus infancia había sido menos colorida en la carnicería de su padre Hamparzún Karadayijan, donde aprendió a los golpes la rudeza del oficio, el pequeño Martín, nacido el 30 de abril de 1922 en un conventillo de San Telmo. Con solo primer grado ingresó al negocio familiar en el antiguo Mercado del Sur de Constitución, a unos metros de lo que sería el Canal 13 que lo vería triunfador mucho después, pero la plata no alcanzaba y Martín despuntaba su terrible olfato empresario,“de niño fui empresario lustrabotas, compraba los cajones y se los daba a otros pibes para que trabajaran para mí. Y con el rengo Media Gamba repartíamos en los tranvías paquetes de caramelos, a los que primero manchaba con barro. Así, junto a las monedas, nos devolvían los caramelos”, confesaba el luchador, que de grande era vilipendiado por su excesivo afán publicitario y comercial, que a veces redundaba en la baja calidad de sus titanes (pe. Oso Frutolino…), Karadagián que terminó siendo además dueño de joyerías, edificios y garajes. 

“Una vez estaba Tita Merello en la primera fila -cuenta su Paulina a Julio Lagos- A su lado se había sentado una novia de mi papá de esa época. De repente, apareció una polilla de la luz. Daba vueltas alrededor de papá, lo molestaba. Una y otra vez. Papá la espantaba mientras luchaba, pero la polilla seguía sobrevolándolo. Hasta que él le escupió para sacársela de encima ¡Con tanta puntería que le pegó! Y Tita le dijo a la chica: "Mirá qué turco atorrante, se trajo una polilla amaestrada", eran los recuerdos de las épocas de gloria del cachacascán (catch as catch can, agárrese como pueda en inglés, traducido al porteño) con el Hombre Montaña - Iván Zelezniak-  y William Boo (Héctor Brea, luego el odiado árbitro de Titanes) llenando el Luna Park en varias funciones semanales. A fin de la década siguiente se fue apagando la popularidad de esta variante del catch, que el polaco Karol Norwina introdujo en los cuarenta. Allí entró Karadagián, que aprendió los trucos y las técnicas de la especialidad de los extranjeros pese a su corta estatura. En la nieblas de la leyenda,  Karadagián aseguraba que  había sido campeón panamericano infantil en Detroit -en representación de la Asociación Cristiana de Jóvenes en lucha grecorromana, donde entrenó con Juan Reisig asimismo boxeo- , un torneo mundial de cadetes en Inglaterra, con un trofeo entregado por “la mismísima reina Isabel”, y una pelea a muerte con el futuro papa Juan XXIII en la isla de Creta. A partir de ese momento sería el eterno Campeón Mundial incontrastable pero incuestionable. 

En medio del declive del catch en el gusto popular, y pruebas del futuro estilo rimbombástico de Karadagián con luchadores enmascarados en el viejo Canal 7,  o peleas improbables como la fallida con el boxeador José María “Mono” Gatica en la cancha de Boca Juniors, el deportista amplía el show con actuaciones -y aprendizajes- suyas en teatro y cine.  Sería el Capitán Piluso de Alberto Olmedo en 1961 quien abre las puertas definitiva de la televisión, con una pelea multitudinaria, y el 3 de marzo de 1962 debutaría en Canal 9 a las 22.40, “Titanes en el ring”, y con 300 personas en el estudio. La primera pelea de este ciclo fue entre el canadiense Boby Olson -en realidad peruano- y el crédito local Bugallo, aunque la gran figura de este lanzamiento era el Indio Comanche, Antonio Reboredo Aguilar, quien se paseaba por la avenida Santa Fe a caballo. Durante siete temporadas se mantuvo en la pantalla, entre el 9, el 11 y el 7, orillando en promedio los 30 puntos de rating, con su mundo de buenos, buenos, y malos, malos; y que a veces eran repudiados físicamente por la misma platea de padres e hijos. Si bien Karadagián era el indiscutido campeón aún conservaba la imagen de uno de los malos, algo que con los años se fue ablandando hasta transformarse en el ídolo de la infancia -más en los setenta, tal vez por el nacimiento de su hija Paulina, quien intentaría en 1997, 2001 y 2019 un regreso de la franquicia. Tal resultó desde los primeros programas el suceso de los titanes que hubo imitadores de inmediato, y todos los canales tuvieron sus símil, el primero “Lucha Libre” conducido por Roberto Galán por Canal 13, y desde el estadio de San Lorenzo, hasta las últimas encarnaciones rivales con “Lucha Fuerte”, animado por el Ancho Peucelle y que recuperaba al histórico entrenador de los titanes, Tobías Giordano, o “100% lucha” en los dos mil para telefe, con relatos de Osvaldo PrincipiSin embargo, “sin Martín Karadagián no hay Titanes”, repetía Di Sarli, y algo de cierto hubo porque la pasión popular quedó en el recuerdo el día del fallecimiento del luchador y empresario de espectáculos, el 27 de agosto de 1991. Telma Membri, la actriz que interpretaba la enamorada viudita de las flores rojas, según Karadagián inspirada en una fanática real que lo esperaba a la salida del Luna Park en su juventud, realizó un busto de homenaje,  y que se encuentra en la calle Pacheco de Melo al 1800.  

 

Regreso con gloria. Parte II

El 2 de abril de 1982, día de la recuperación de las Islas Malvinas, debutaba en Canal 11 la nueva temporada de “Titanes en el ring”, tras cuatro año de ausencia en la pantallas, en parte porque los militares en el poder consideraban “perniciosa” la figura de Karadagián.  Con una galería de personajes que siembran el recuerdo, como El Androide, El Diábolo, Míster Moto, La Mafia, el Ejecutivo o el Pibe 10, fue el canto de cisne del ciclo con la poderosa presentación en el ring de Jorge Bocacci. Nuevamente significó un boom comercial sin límites, pletórico de “chivos” al aire y carpas abarrotadas en tour,  y que Karadagián se preocupaba de complementar con otra faceta, “Titanes en el ring es el único programa que pasa donaciones a las 30 mil instituciones de bien público que existen -declaraba Karadagián a Perfil- De las cuales ha salvado a un asilo de ancianos y a un hogar de niños huérfanos con la bandera de remate, en Lanús…regalamos más de 5700 banderas en todo el país. Las donaciones de plata no sirven porque yo ví como se robaban con lo de Malvinas”, cerraba el titán que seguiría en 1983 siendo héroe de los hogares, más aún después del estreno de la segunda película taquillera de su creación, “Titanes en el ring contraataca” 20 mil personas despidieron el querido ciclo otra vez en un Luna Park colmado, con la pelea final de La Momia y Martín, claro, otra vez empatada “No hay que romperle la ilusión a los niños” les repetía a sus titanes, minutos antes de saltar a la lona, el ya veterano Martín Karadagián.   

Dicen que lo que hago es tongo, pero qué cosa hay en la vida no sea tongo”, retrucaba Martín a Francisco Paco Urondo en 1967, la temporada que aparece la primera luchadora, Gina La Indomable,  y reafirmando su convicción de que todos llevamos un chico adentro que espera una ilusión, una fantasía, siempre, “me enorgullece -que me digan payaso-…Chaplin hacía lo que hacemos nosotros, reír…Mire -señala un óleo de la pared en su mítica oficina de Callao- aquí lo tengo: me da tristeza y me alegra” Ankle Lock Invertida, Toma de Látigo, Golpe de Antebrazo, Scoop Slam y el infaltable Cortito, los golpes preferidos de Martín,  directos a la emoción del niño que ríe en nosotros.

 

 

Fuentes: D´Ambrosio, L. Martín y sus titanes. Buenos Aires: Del Nuevo Extremo. 2012; Roncoli, D. El Gran Martín. Vida y obra de Karadagián y sus titanes. Buenos Aires: Planeta.2012; Gorlero, P. Tomas, tijeras y cortitos. Buenos Aires: Torres Agüero Editor.1995

https://www.infobae.com/sociedad/2019/04/28/el-emotivo-encuentro-de-la-hija-de-karadagian-y-la-nieta-del-hombre-que-descubrio-al-famoso-titan-en-una-carniceria-de-constitucion/;

https://revistafierro.com.ar/revistafierro/series/paco-urondo-revisitado/8/martin-karadagian-el-pudoroso/viewer

 

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