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Tato Bores: good show y no seamos papas fritas

El Actor Cómico de la Nación se transformó en el tábano de la libertad de expresión que picaba a los regímenes de turno, en democracia o dictadura. Y, lamentablemente para los argentinos, sus monólogos siguen vigentes en 1961. Y en el 2021, también.

Espectáculos
Tato Bores

El 9 de abril de 1961 debutaba en la pantalla de Canal 9 un programa que haría leyenda a su piloto de tormentas. Tato Bores ponía a rodar “Tato siempre en domingo”, un ciclo que salvo censuras y exilios voluntarios, se mantuvo más de 25 años en la televisión. Con las inteligencia de sus propuestas visionarias, como cuando dialogaba en clave delirante con el artista Federico Manuel Peralta Ramos, llevando al under mucho antes que Antonio Gasalla, o sus espectaculares aperturas de programas en los noventa, que imitarían Marcelo Tinelli y Mario Pergolini, Tato quedaría en las memoria con sus filosos monólogos,  que decían muchas veces lo que no se podía, o no se quería, decir. Así se convirtió en un insospechado y escuchado líder de opinión de millones que esperaban cenar los tallarines con el señor del frac. “¿Si fui un actor, un presentador o un humorista? No sé, nunca lo tuve claro. Sé que fui testigo permanente, satirizador y un referente de la vida política argentina”. Para muchos y muchas, Tato, presidente.

Tato Bores

Si bien era casi un veterano del incipiente medio, que casi inauguró con “La Familia Gresa” de Canal 7 -primera aparición del frac -, y en los microprogramas con guiones de Landrú que molestaron al presidente Frondizi, Tato presentó allí definitivo al personaje con anteojos falsos de gruesa montura, la peluca desflecada y el infaltable habano. Tato Bores fue nuestro Carlitos Chaplin, tal vez pueda competir con el Rucucu de Alberto Olmedo, pero la originalidad fue traer a los hogares de las familias aquel picante humor político del teatro de revista, uno que había aprendido con Pepe Arias. Uno que si bien se burla de las formas de la política más que del contenido, “Miren: hace 30 años que le doy a la sin hueso, a la lengua, y hace 30 años que vengo diciendo las mismas cosas”, en la apertura de 1993 “Good Show” por telefe, fue totalmente audaz en morder al hueso, “ahora muchos corruptos son tapas de revista”, decía en pleno menemismo. 

Y arrancaba en Canal 9 con esa intro que Landrú había patentado para Tato, “Aquella mañana, como de costumbre, salí a recorrer el espinel para ver cómo se presentaban las cosas. Y como de costumbre…” En la biografía coral e ilustrada de Carlos Ulanovsky, que conjuga con unas memorias de Bores que dejó inclusas el actor por su fallecimiento el 11 de enero de 1996, “llegar al 9 con mi propio programa fue como alcanzar el cielo con las manos. Además con “Tato, siempre en domingo” (que parodiaba la película “Nunca en domingo”) inicié una tradición de títulos inspirados en nombres de películas que habían tenido repercusión. En la época de “Amadeus” salimos con “Tatus”; luego del estreno de “Kramer vs Kramer” aparecimos con “Tato versus Tato” “Tato, la leyenda continúa” fue tomada de varias de aventuras, y ni hablar del título “Tato al borde de un ataque de nervios” que se lo debo al genio de Almódovar”, remataba el capocómico que trabajó en todos los canales nacionales, aunque durante 20 años fue la cara de Canal 13.

A los pocos meses de debutar en la pantalla que luego se transformó en sinónimo de Alejandro Romay, con quien nunca trabajó Tato, un incendio de proporciones destruye los estudios de canal, en plena transmisión de los festejos por el aniversario. Tato, que fue un profesional exigente y un trabajador incansable, y que se podía tomar una minutos antes de su programa para hablar sobre la profesión con un novato Alfredo Casero,  a los pocos días estaba firme en los estudios derruídos, y arrancando su esperado monólogo, “Si alguien abre la puerta de este estudio, uno de los pocos que había quedado en pie, seguro que le resultaría posible ver el Río de la Plata”.

Uno de los tantos interlocutores directos de ese año fue el ministro Álvaro Alsogaray, que en ese momento negociaba en Washington un enésimo préstamo que endeudaba más al país, y orientaba aquí medidas de ajuste económico pedidas por los organismos internacionales, sumamente impopulares, “jamás podría imaginar que podías alejarte de mí por cuestiones de dinero. Y a pesar de que me decían algunos amigos, no te fíes de los ministros…tengo tantas cosas que contarte. Si supieras. Aquí está todo normal, como siempre, y la gente no sabe en qué gastar la plata y día a día aumentan nuestras posibilidades: aumentan los colectivos, el gasto mensual en un cuarenta por ciento, y también aumentaron los taxímetros en un cuarenta por ciento, pero no están conformes”. Presidentes como Raúl Alfonsín y Carlos Menem lo tuvieron que escuchar indigestos en su mesa, que reproducía humildemente con un plato de fideos la mesa de los humildes,  una que seguramente volvia en los recuerdos de Bores,  que se hizo bien de abajo desde los escalones primeros del espectáculo nacional de la década del cuarenta.

 

 

Tato presenta a Mauricio 

“Yo nací un 27 de abril de 192? -se respeta la decisión del humorista de no revelar la edad, siguiendo a Ulanovsky-, y cómo en aquellos años no había tantos que tuvierann casas de fines de semana… o nadie veraneaba demasiado, las clases comenzaban casi puntualmente el primer día hábil de marzo. Mi recuerdo es que la sensación térmica era como fresca o tal vez sucedía que tener calefacción era el lujo de pocos. Pero eso sí: eran muy severos en el ingreso a primero inferior. Había que tener los seis años cumplidos… ese es un hándicap que di, y del cual no me repuse hasta el día de hoy… por eso escribir,  escribir, pero hay que saber”, enfatizaba el actor en 1994 sobre la infancia en un humilde conventillo del barrio San Nicolás, y agregaba un detalle profético, “la escuela primaria me marcó para siempre, en especial los días patrios… uno de esos días… el invitado de honor era el presidente de la República general Agustín P. Justo, y al retirarse apoyó la mano en mi cabeza (yo ya era, y soy, más bien petiso), no sé si para acariciarme o para usarme de bastón. Pienso que este hecho me marcó para siempre, y por eso con los años me especialicé en chistes de política”, remataba Mauricio Borensztein, que en 1944 abandona la escuela industrial Otto Krause y carga los equipos de un grupo de jazz. Para entretener al público cuenta chistes, así lo descubre Pepe Arias, y en 1946 ingresa al teatro Maipo, bajo el nombre de Tato Bores. Al año siguiente su niño terrible Igor es un éxito radial, que lo hace debutar en cine en  “Las locuras de Don Juan” -aunque cómico, en la década del cincuenta hizo varios papeles dramáticos-, y empuja además la carrera en el teatro de revistas, con el gran suceso de 1951, “Llegó la hora del mambo” En 1954 se casa con Berta, a pesar de la oposición del padre de ella, “no voy a permitir que una hija mía se case con un artista”, decía de Mauricio, a quien había conocido ella en el negocio familiar de los Borensztein, en la avenida Córdoba – su familia es pionera introducción de los televisores al país.  Berta sería la madre de sus tres hijos, Alejandro, Sebastián y Marina.

“Llevo muchos años en la TV. Se inauguró oficialmente el 17 octubre 1951, bueno, yo fui uno de los que puso la jeta delante las cámaras antes de esa fecha… a todos los que trabajábamos en la Radio Belgrano nos hacían subir hasta la terraza del Ministerio de Obras Públicas… para hablar boludeces y saludar al público que se paraba frente a la vidriera de los negocios a mirar esa caja grandota… era para el asombro”, recordaba Tato de sus segundos pioneros en un medio donde hizo más de dos mil “Monólogos Nacionales”, estuvo fuera solamente seis años por razones fundamentalmente de censura y políticas, y obtuvo doce premios Martín Fierro, “y así para adelante no dejé de trabajar nunca. Pero no fue solamente porque los programas estaban bien pensados, graciosos, con los mejores libretistas (desde César Bruto a Pedro Saborido, por ejemplo), sino porque además no me dejé tentar y siempre me fui en lo mejor de la temporada…. Además, a esto hay que sumar la no sé si llamarla suerte, o falta información de algunos cronistas. Cada vez que leído la historia de la radio en los últimos 50 años, de la TV (parece mentira), y en menor medida del teatro -grandes sucesos protagonizó Tato como “Estrellas en el Avenida” (1963) o “La jaula de las locas”(1986)-… apenas me nombran  o no figuro del todo… un poco me molesta pero por otro lado es muy conveniente, cuanto más se prodiga uno,  más rápido aburre el público”, analizaba el actor en sus memorias. Sin embargo la gente semana a semana esperaba una de las secciones principales de sus programas, “Hola, señor presidente”, en la cual podía enfrentarse a la peor dictadura con el filtro del humor, “Hola general Videla, hello, Pink House, ¿qué?, ¿qué se va en 1981?, pero entonces eso quiere decir que pronto vamos a poder elegir presidente de nuevo, ah no, que todavía lo van a elegir ustedes, porque cada vez que nosotros elegimos no nos dura nada. En cambio cuando lo eligen ustedes”, o poner en aprietos a los políticos que cambian de convicciones una vez que llegan al poder, “hola doctor Menem, ¡cómo nos cambian los años señor!, se acuerda cuando usaba patillas, poncho y era peronista”.

 

 

A mis queridos orejones del tarro

A diferencia de muchos artistas que se repiten en sus últimos cartuchos, y trabajan solamente donde hacen sí mismos, la última etapa de Tato, con Alejandro y Sebastián en la producción -y los guiones de Santiago Varela-, produjo de los mejores momentos de la televisión argentina en estas siete décadas. La sangre nueva corrió un poco la centralidad del monólogo por cuidadas puestas y novedosos recursos audiovisuales y narrativos, Tato fue de los primeros en contratar un director de arte y fotografía en piso, y que se acentuó en rupturismo inusual en el medio, cuando Sebastián quedó al frente de las producciones en 1991. “Tato de América” (1992. Canal 13) y  “Good Show” (1993. telefe) continúan siendo ejemplos de un estilo de avanzada, un oráculo de cómo hacer contenido atractivo e inteligente. La apertura de los ciclos con una carabela llegando a las costas de Quilmes, en coincidencia con los 500 años del arribo de los europeos al continente, con el argentinólogo Strasse en 2492 tratando de descubrir que nos pasó las argentinos, o el mago Milevic, que no puede liberar a un presidente sospechado de corrupción, son magistrales actuaciones de un soberbio actor en un pico creativo. También influían los elencos que lo acompañan, encabezados ahora con el ubicuo corrupto interpretado por Roberto Carnaghi, que seguía la tradición de enormes partenaires en distintas épocas del ciclo, como Ricardo Crespi y Gabriela Acher.  De esta forma los planetas se alineaban para que Bores desarrolle su propósito primordial en la pantalla chica, “siempre he pensado que la televisión educa. Todos los programas son educativos, hasta los de pistoleros. Siempre queda algo. Creo que mi programa nunca se limitó a la risa, sino que apuntó a otra zona. Una zona en la que la gente se sonríe, sí, pero piensa. Entreteniéndose, claro. Pero pensando al mismo tiempo”

Pese a que la popularidad y el reconocimiento público al capocómico era muy altos, basta recordar la masiva demostración de afecto y apoyo en el caso de censura previa impulsado por la jueza Servini de Cubría -el primero desde el retorno de la democracia-, Tato deja a su querida televisión casi por la puerta de atrás. Con un paso fallido en su último ciclo, unos especiales una vez al mes que la emisora de las pelotitas nunca jerarquizó, ni a tamaña leyenda nacional en su mejor momento, “me equivoqué de canal…era el canal de -Bernardo- Neustadt, muy cercano al gobierno de Menem”, admitía resignado el humorista, en referencia a un periodista que nunca comulgó con sus mordaces opiniones. Hacia octubre de 1994 se sentía “un actor retirado” en su refugio de Punta del Este, tal cual aparece en una entrevista a David Wroclavsky en la revista Viva “Soy alguien que se anima a decir, de eso no me pregunte porque no sé nada. Y eso no es muy argentino. Yo puedo hacer bromas sobre el ministro de economía -Domingo- Cavallo pero no le puedo discutir su plan económico… sí le puedo decir que su plan es bárbaro para algunos y muy injusto para otros”, detallaba mientras planeaba un regreso a la televisión, posiblemente en el canal que lo vio debutar con nombre propio, canal 9, o una vuelta al teatro después de siete años de ausencia en las tablas, aunque ya sufría la enfermedad que le sería fatal en 1996, “he tenido muchos políticos en el programa, pero nunca invité aquellos que creo que si agarran la manija no llevan presos a todos… en este momento, la televisión está dedicada a la joda, a los entretenimientos, a la nada”, cerraba Tato, que es un éxito en cada repetición de “La Argentina de Tato” (1999) de los hermanos Borensztein, un especial de casi siete horas con lo mejor de su producción, incluyendo el célebre Monólogo 2000, y tuvo una impresionante convocatoria en 2002, cuando se presentó su exposición antológica en el Centro Cultural Recoleta.

 

 

A velocidad de los patines de Tato, y sin volar el peluquín, “a este bodrio ya no lo entiende nadie. Quién se siente capaz de asumir tajantemente una posición. Desde luego los que están prendidos en el estofado… pero la gran mayoría estamos tan boleados por lo que ocurre que no sabemos para qué lado rajar”, cita de 1972, otra de 1993, “en este país podés caer en cana por cualquier motivo. Incluso podés ir en cana sin motivo alguno, pero por corrupto jamás. El que sí va en cana es el ladrón de gallinas, pero lo que no se sabe es si cae por chorro o por boludo”, y la última de 1980, “en poco tiempo, me dijo el ministro de economía, le vamos a cambiar la cara al país. Pobre le respondí yo, lo van a desfigurar más”  A modo de homenaje Osvaldo Soriano estampaba, “ahora que Tato ha muerto, todos los necios nos parecerán más solemnes. Y la estupidez de poderosos y aspirantes quedará impune. Ojalá aparezcan nuevos espejos en los que mirarse, al una vez por semana” O el menos, repitan los domingos a las 21 los monólogos del Actor Cómico de la Nación, en cadena nacional.

 

Fuentes: Bores, T. Ulanovsky, C. Tato. Buenos Aires: emecé. 2010; Hermida, L. M. Tvmanía. Programas inolvidables de la televisión argentina. Buenos Aires: Sudamericana. 1999; El Libro de Oro de nuestra televisión. ATA. Buenos Aires. 1991.

 

Fecha de Publicación: 27/04/2021

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