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Sergio Lapegüe: “Mi luz es el abrazo con la familia”

El periodista que prende el optimismo en la pantalla, y la radio, presenta su nuevo libro, uno que es un parte de guerra. Sergio Lapegüe, de lado de la vida, contra el viejo Lapegüe, a favor de Sergio.

Espectáculos
Sergio Lapegüe

Dice la vieja canción que la vida te da sorpresas. Lo que no, es que a veces, en eso de sorprender, te pega duro. Eso ocurrió en la vida de Sergio Lapegüe, con treinta años de trayectoria en radio y televisión, cara de la señal TN y eltrece, récord de audiencia en FM100, libro best seller, charlas motivacionales multitudinarias, banda de rock y familia. Un sacudón que puso en riesgo lo innegociable en Sergio y, que agobiado con jornadas agotadoras del multitasking, quedaba solamente a un touch de distancia. Era un toque en la pantalla del celular, apagarlo, no wi fi, y reconectar con sus amores, Silvia, Micaela y Franco Elvis “Parar, tocar fondo, resetear y volver a empezar” (Editorial Planeta) es el nuevo libro de un hombre que batalló, y batalla, contra el COVID19, con la luz al final, “el abrazo con la familia” Un tratado de enseñanzas que se lee, y relee, no como un manual de autoayuda, sino como una señal de “PARE” a los que nos creemos inmortales. Y con un epílogo de Sergio, que narra los dramáticos instantes de vida y muerte de su internación, en enero pasado, que aún el mismo autor no pudo releer, “no estoy preparado todavía”, asiente.

“Sin duda fue premonitorio porque en algunas partes de los capítulos, que redacté en el verano 2020, confesaba que me estaba quedando sin oxígeno”, comenta el periodista que empezó con Bernardo Neustadt y se consolidó en el “Fax” de Nicolás Repetto, “en aquellos meses reflexionaba de mis problemas con el WhatsApp, que no recibía mensajes, y es de locos, lo comparaba con la falta de aire. Después fue verdad, lamentablemente. Tuve un virus que me chocó de frente. Un golpazo que ayudó a tomar mi determinación de bajar un cambio”, comenta el profesional que descansa durante el día en hoteles porteños, entre noticieros y radio, y no para. Una vieja rutina de Sergio, una que promete entrará en su pasado, simplemente para vivir.

 

P: Otra cuestión que fue anticipatoria fueron sus reflexiones sobre reconectar con las familias. Usted, pese a que estuvo aislado a mediados del año pasado, por contacto estrecho de un caso de coronavirus en el canal,  no lo pudo lograr.

Sergio Lapegüe: Varios son los que me reconocen la misma dificultad. Estar en familia veinticuatro horas y continuar con la misma dependencia del teléfono. A todos nos esta pasando esta desconexión, con pandemia y encierro incluídos, y quizás es un buen momento de que bajemos un cambio. No dijo dejar de trabajar sino que hagamos las cosas con la idea de disfrutar el momento. Este apuro es una cosa de uno. Uno es su propio auto. Y siguiendo con la comparación,  cada tanto uno tiene que hacer un service, cada tanto, de cuerpo y alma. Pero nunca lo pensé hasta que pasó lo que pasó.

Sergio Lapegüe

 

P: ¿Sintió la mortalidad?

SL: Claramente (silencio). Uno piensa que es eterno. Cuando estaba en terapia intensiva me terminé dando cuenta que la vida es tan efímera. Esa fue la experiencia límite que hizo que piense que si salía, debía cambiar, ser otro. Mucha gente me escribía, rezaba, es realmente impresionante lo que provocó en mí, y en mi  familia, la buena onda. Una de las personas que se conectaba es ahora mi maestra de meditación, que trabaja en el equipo con el reflexólogo y  el psicólogo, quienes me están ayudando a salir de este pozo, y ella me dijo hace poco, “no duele para que sufras, duele para que cambies” Ya estoy en un proceso de cambio en mi vida, que no será de un momento para el otro, tampoco rotundo, voy tranquilo, porque tengo muchas horas de ocupación y mantener una familia. Mi propuesta ahora es vivir de otra forma, e intentar caminar los últimos años de la vida de una manera más tranquila.  

 

P: ¿Costó enfrentar los fantasmas del epílogo, un relato en primera persona de un enfermo grave de COVID-19?

SL: (silencio) Fue llorar palabra a palabra. Estaba soportando un  stress postraumático y  tenía muchas lagunas -como las sigo teniendo- Pero tenía grabado la diaria en la clínica, y mi mujer recordaba cosas que yo ni me acordaba. Costó mucho porque fue revivir el momento más duro que me tocó vivir. Haber estado al borde de la muerte. Fue el golpe necesario que impulsó a vivir este cambio. Es el golpe que me hizo parar. Aunque pegó tan fuerte que después del punto final no lo volví a releer ese epílogo.

 

P: ¿No?

SL: No, no, no, no quiero volver, no estoy preparado. Me quiero sacar el virus del cuerpo empezando por la cabeza.

 

P: ¿Qué secuelas dejó el virus?

SL: La enfermedad destroza el cuerpo. No solamente te puede matar, sino que cuando saliste, tu cuerpo queda destruido. Una de las más duras secuelas son las oscuridades en la mente (pausa). El daño al cerebro, los pozos que hace en el ser, terrible. Es un trabajo muy fuerte para aquellos convalecientes, y eso que mí me están ayudando un equipo para salir,  porque realmente caes en un pozo. Es una depresión tremenda. Físicamente me mató, perdí musculatura, me falta fuerza para subir una escalera o me agito todo el tiempo…Y se puede salir con mucha cabeza. Si sos una persona que se contagió, lo primero es pensar mucho para no morirte. Mentalizarte en ser optimista y sentir que vas a salir.  Mi luz en el final del camino es el abrazo con la familia. Yo no pensaba en otra cosa entre tubos y cascos. En uno de los videos quedó grabado que ese era mi único deseo.

Sergio Lapegüe

P: La línea editorial, fuertemente influída por sus vivencias,  cambió con respecto al anterior, el best seller “Prendé el optimismo” del 2011.

SL: El libro anterior tenía que ver con pensamientos de otros, cómo lograr tus sueños, vivir con optimismo, conseguir tus propósitos y nunca rendirse. Tratar de ser feliz con lo que  uno tiene. En cambio, este nuevo lo escribí para ayudarme a mí. No es un libro autoayuda,  ni tampoco uno que estoy contando mis éxitos de la radio y la televisión. Estoy hablando del problema de que no podía parar, y un camino de cambio interior, uno que hace que ahora diga cada vez más que no. Este libro creo  puede ayudar a varios bajar un cambio, cuando comemos, tenemos que comer, cuando dormimos, tenemos que dormir, cuando hablamos por teléfono, hablamos por teléfono. Hagamos una cosa por vez, por favor. Estoy en contra del bendito multitasking, qué no es otra cosa que anularte la existencia.

 

Estilo Lapegüe

P: “Parar, tocar fondo, resetear y volver a empezar” comparte su manera de comunicar creo, habla de muchos pero se dirige a uno…

SL: Parte del secreto, de mi llegada a la gente, je.  Viene de cuando arranqué con el “Prende y apaga” y realmente hablaba a uno imaginario. A la medianoche, en el canal, estaba solo con el operador, ni siquiera camarógrafo ni sonidista.  No quedaba nadie en el piso y esa cámara era mi amigo. De hecho,  hay gente que  aseguraba contestarme desde su casa. Una vez en Rosario una mujer mayor dijo que los invitaba a que se preparen un café, cada noche, pero ella tomaba solamente té, y me contestaba a mí, en la pantalla, no iba a cambiar... Entonces prometí que al lunes siguiente iba decir que ella fuera por el té y se puso a sonreír. Otra cosa notable fue  lo de salir a la calle con una bandera, a la medianoche, en cada ciudad argentina. La verdad que estoy muy contento de lo que logramos en la gente, que salga de sus casas, y que sienta su comunidad. Es parte del desafío de quien tiene un micrófono adelante, lograr que sirva para algo.

 

P: ¿Es una misión del periodismo?

SL: No sé si es algo del periodismo sino que es una cosa mía. Quiero ser el portador de llevar buenas nuevas y, también, de comunicar de otra forma “Prende y apaga” en TN cambió la manera de hablar de los noticieros, no va más, “vamos con toda la información” -imposta la voz de un locutor de antaño- Al aire hablo como hablo yo, en el libro escribo como escribo yo.  Me parece que el periodista tiene que informar, y en mi caso particular, entretener. Y todos los días llevar un mensaje solidario y potenciar un cambio.

 

P: Usted arrancó siendo mánager musical, ¿cómo llegó al periodismo?

SL: Nunca dejé de estar ligado a la música y sigo conservando mi banda –Lapeband, con quienes hizo varios show desde 2015. Lo que pasa es que mi pensamiento de muchacho era cómo hago para mantener una familia con la música. Además,  ya de chico sabía que quería ser periodista, un mensajero de buenas noticias. Lo que pasa es que me gustan tantas cosas,  por ejemplo también estudié ciencias económicas. Me gusta la política, escribir, tanto, y soy de los que piensan que si me gusta, lo todo tengo que hacer –también hizo teatro con la dirección de Manuel González Gil, basado en su primer libro, y decenas de publicidades- Así de fácil.

Por otra parte,  “Atardecer de un día agitado” en FM100 es un programa netamente musical, con pensamientos positivos en voz alta. Tengo un bloque de veta solidaria, y otro, dedicado a los buenos gestos de las personas. Mi idea es que la vuelta al hogar sea con una sonrisa, primero, y una posible enseñanza.

 

P: ¿Los argentinos somos solidarios?

SL: Siento que somos muy solidarios. Especialmente aquellos que menos tienen. Y muchas veces esos que no tienen demasiado, donan hasta su tiempo. Esto lo comprobé en el “Prende y apaga”, donde teníamos una sección que juntaba cosas para las escuelas rurales. Fueron 22.000 km anuales visitando, y ayudando, escuelas.

 

P: ¿Por qué no continuó el programa de cable,  si pudo transformarse en un clásico de la televisión nacional?

SL: ¡Es un clásico! Fueron solamente cuatro temporadas pero parecen más. Fíjate que seguimos hablando del ciclo, y el público sigue preguntando, con seis años que no estamos al aire. No fue una decisión mía terminarlo sino de la gerencia del canal. A mí me hubiera gustado continuar porque era un lugar de expresión de la gente solidaria. También un espacio de participación de los músicos, y en ese momento, éramos los únicos que dábamos la posibilidad de tocar en vivo. Todavía hoy me lo agradecen. Una pena que se haya levantado.

 

Al mal tiempo, buena cara

P: Alguien que predica el optimismo como actitud vital, ¿cómo informa las noticias, muchas veces un bajón?

SL: (Risas) Es parte de la realidad. Especialmente en el noticiero de Canal 13,  donde la noticias son en su mayoría policiales, accidentes graves y robos. Pero es la verdad y no la podemos obviar. Intento meter alguna cuota de humor,  y mi optimismo,  cuidando no pasar por desubicado. En el cable, y las cuatro horas al aire, puedo relajarme un poco, pero en el noticiero abierto,  en un poco menos de dos horas,  es más difícil. De todos modos,  uno se tiene que sacar la mala noticia de encima. Sinceramente, muchas veces llego a mi casa, y me cuesta sacarme el peso de la noticia, siendo profesional.

 

P: En sergiolapegue.com propone varios ejercicios de meditación para superar los malos trances, ¿lo utiliza usted?

SL: Es algo bastante nuevo y que me está ayudando en sacarme las desgracias ajenas.  Y nuevo, porque muchas veces era el portador de esas enseñanzas, pero no los practicaba. Estoy en una etapa donde las meditaciones son muy importantes para mí. En la radio hicieron podcast con estas reflexiones. Siento que la gente necesita este tipo de cosas y escuchar pensamientos positivos. Transmitir el mensaje que lo más importante hoy en día es abrazar a la familia,  antes que sea tarde.

Sergio Lapegüe

 

P: ¿Los Lapegüe son del abrazo?

SL: ¡Muy abraceros todos! Es más, cuando hacía el “Tempraneros” en TN ya hablaba de que la gente se abrace con el de al lado aunque sea quince segundos. En el abrazo sentís un intercambio de energía bárbaro. Era realmente emocionante cuando la gente pedía que los abrace en la calle. Uno no imagina lo que provoca en el otro. Lo primero que hice, al salir de la clínica, fue abrazarme con mis hijos (solloza).

 

P: ¿Tuvo una infancia de abrazos?

SL: (Silencio) No. Antes era mucho más complicado porque nuestros padres tenían otra forma de ver las cosas, otra cultura. Tuve una linda familia pero con cero afectos, y menos abrazos. Creo que la mayoría de  mi generación creció de esa manera. Yo sabía que me querían pero nunca los escuché decirme te quiero, o  te amo.

 

P: ¿Fue Silvia “Bochi” Todaro, su esposa, la primera?

SL: La primera (se emociona). Fue la primera persona, en el momento en que quedamos de novios. Imagínate lo que fue para mí,  un tipo que nunca nadie se lo había dicho. Fue un shock. Con ella aprendí otro costado de la vida. Tiene una capacidad admirable para solucionar las cosas.  Es una madre todo puede, una mujer todo lo puede. Además,  usa su Instagram de cien mil seguidores para ayudar a la carnicería, la verdulería, los pequeños comerciantes del barrio. Es mi madre Teresa privada, ja.

 

P: ¿Nunca se mudó del barrio de la niñez, Banfield?

SL: Y… porque me gusta mi barrio. Me gusta estar con mi vecina de siempre, me gusta tener mis callecitas. No digo que en algún momento no me mude, pero han sido 50 y pico de años en las mismas cuadras. Mucho. Mi casa actual de chico la ví construir, imaginate. La mayoría de gente que hemos nacido en este barrio, no se ha mudado (piensa). Es muy difícil dejar tus afectos del barrio. Son las casas, y los árboles, de toda mi vida. Hasta voy al mismo gimnasio que iba de joven. Juego a la pelota, y salgo trotar, con mis amigos de infancia. Vivo a dos cuadras solamente de mi casa natal. Podría vivir en cualquier lado pero disfruto vivir en el mismo barrio de siempre. Y no me hace ni más, ni menos, ser un pibe de barrio.

 

P: ¿Cómo lleva papá Sergio el debut teatral, en streaming, de la hija Micaela?

SL: Para nosotros sigue siendo la misma Mica que hacía sus locuras de chiquita. Ella tuvo siempre muy claro que iba a estar arriba de un escenario. Y ahora llega a su primer streaming unipersonal, después de mucho teatro under y remarla. La rompe en las redes, medio millón de seguidores en IG, y que explotan cuando presenta sus personajes –antes estrenados en nuestro living, je. El  streaming es un nuevo paso hacia eso que una vez me preguntó, qué es el éxito. Y yo dije, una sucesión de fracasos, de caerte y levantarte, una y otra vez. Y perseverar. Ella es muchísimo más perseverante de lo que fui yo. Ya tiene su show propio online y, en agosto, sale en un programa en Disney Plus para toda Latinoamérica. No solamente tiene constancia sino talento.

 

P: ¿Franco Elvis seguirá su camino?

SL: La verdad que no, ya recibido de Licenciado en Administración de Empresas. Está trabajando fuerte en Mercado Libre,  en finanzas, de hecho está tecleando al lado mío en este momento.  Es un pibe introvertido, inteligente,  y desde nene, lo observé adelantado a sus tiempos. Hace cosas que nunca lo hubiera imaginado a su edad. Tiene 23 años y piensa como un adulto de 40. Es un orgullo para mí porque mientras estudiaba, y sacaba los mejores promedios, trabajaba. Con ambos hijos siento que hicimos con Bochi las cosas bien, como familia.

 

P: En la timidez son parecidos…

SL: (parece sorprendido) Nos parecemos en ese aspecto, si, si.  Además tenemos la misma pasión por los números. Esa timidez es la misma que yo tenía en mi comienzos delante de los micrófonos.

 

P: De no creer en sus chistes al aire, o cuando imita a Elvis.

SL: Ja, es desafiar mi propio límite.

 

P: El libro promete, se promete, ser otro Sergio, ¿cómo va?

SL: ¿Querés que hablemos dentro de un año? Yo creo que voy bien. En 2021 nació un nuevo Sergio. Y si no, el próximo libro será el por qué no pude (carcajadas).

Fecha de Publicación: 08/06/2021

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