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Sabina Olmos. La sufrida del Cine Nacional

Una de las figuras del cine argentino de la Década Dorada que la persecusión política y la ingratitud del espectáculo condenó a un trágico final. Parecido a los heroínas de Sabina, a quienes rotularon “la sufrida del cine argentino”

Espectáculos
Sabina-Olmos-y-Tito-Alonso

Rosa Herminia Gómez exhibía con orgullo hasta el salto del final un anillo chevalier regalo de bodas, obsequio de Eva Perón, entregado en mano por Fanny Navarro para el casamiento en Montevideo con Charlo, la pareja mediática de los años peronistas. Años felices que serían la sombra negra de la protagonista de “Así es la vida” y “La gata”, sólo dos clásicos del cine argentino dorado, de los tantos que filmó con Manuel Romero o Mario Soffici, porque con el golpe de 1955 inicia un largo exilio, reconocida justicialista Rosa, y que agudizó aquel imprevisto alejamiento de las cámaras en pleno apogeo, a pedido de un celoso marido que no dejaba que la abracen otros galanes, digamos los seductores Hugo del Carril o Pedro López Lagar. Sabina Olmos, apellido artístico elegido cuando brillaba de cantora de tangos y folklore a la par de Libertad Lamarque y Ada Falcón, pudo volver a su país a mediados de los sesenta pero nadie se acordaba de Margot, el rol que la elevó a estrella de celuloide en “Carnaval de antaño” Casi treinta años de miserias y olvido, apenas mitigado por antiguas compañeras, Mirtha Legrand, o admiradores, Antonio Gasalla, que sabía a a poco para una actriz intuitiva, sin formación actoral, que supo hacer drama y comedia con una ternura criolla incomparable “Todo lo aprendí de tus labios”, escribe la carta de despedida el pretendiente Carlos de “Así es la vida” a Felisa, una historia de amor frustrada por grietas políticas de ¡1900!, a nuestra Sabina Olmos. Nosotros de ella, aprendimos.

Sabina Olmos y Hugo Del Carril

Había nacido como Rosa Gómez a metros de la Plaza Miserere, Buenos Aires, el 3 de febrero de 1913. De niña, en una historia similar a Duilio Marzio, observó como el progreso dejaba en la calle a su padre, un viejo mateo desplazado por el automóvil. Con orgullo decidió salir de la pobreza y estudió danzas y canto, aquí con el afamado  profesor Rossi. Y mientras se empleaba en las tradicionales tiendas San Juan, y soñaba en actuar en el Teatro Maipo con Gloria Guzmán -a quien llevaba los sombreros hasta el camarín-, deleitaba a compañeros y amigos entonando tangos, parte de la brillante generación de cancionistas como Lamarque o Nelly Omar “En el año 1934”, recordaba Sabina, en la cita de Pablo De Vita para el libro “Homenajes III” (INCAA.2018), “me fui a ofrecer a Radio Splendid y el director me dijo que si cantaba tangos, no me probaba. Yo, como era muy caradura, le mentí: No, señor, hago folklore. Me aceptó y esa misma noche fui a casa a ensayar vidalitas”, debutando con “Sol y lluvia” de Adolfo Avilés. Otra versión, recogida por Néstor Pinsón en Todotango.com, habla de que fue Amanda Ledesma, otra notable cantora y actriz, quien le recomendó en Radio Buenos Aires y allí cantaría folklore con los Hermanos Acosta Villafañe. Sea como fuera, Rosa Gómez en su paso a cantante folklórica, luego de tangos, en casi todas las emisoras  importantes, talento de Radio El Mundo y Radio Rivadavia, pasaría a llamarse Sabina Olmos, alias más criollo, imposible. “Amor de mis amores”, “Cuando cuentes la historia de tu vida”, “Lluvia sobre el mar”, “Pobre negra”, “Patio mío”, “La barranca”, “Sin ella” y “Poema de la despedida”, entre otros temas, quedarían en el oído popular radial. En palabras de Estela Dos Santos, “se la recuerda más como actriz que como cancionista. Aunque cuando se habla de la historia de la mujer en el tango, Sabina ocupa un lugar destacado”.

Sabina Olmos 1954

“Yo no soy tu Margarita, ahora me llaman Margot”

Los últimos años de los treinta serían decisivos para Sabina. En 1938 comienza una fecunda colaboración con Manuel Romero en “La rubia del camino”, donde canta “Muchachita del campo”, y sigue en la cinta “Mujeres que trabajan”, donde se luce de secundaria en el debut de Niní Marshall. Al año siguiente se instala como una figura convocante de la pantalla, a la par de Mecha Ortiz o Paulina Singerman, con “La vida es un tango” protagonizada junto a Hugo del Carril. Sabina canta “Mi noche triste (Lita)”, “Milonguita (Esthercita)”, “La morocha”, “Pero hay una melena” y a dúo con del Carril, “La payanca”, “No me vengas con paradas” y, en la escena final, “Aquel tapado de armiño”; en uno de los éxitos de la temporada en la taquilla. Pero el verdadero suceso ocurriría con el estreno el 19 de julio de 1939 en el cine Monumental de “Así es la vida”, dirigida por Francisco Mugica, y con los estelares Enrique Muiño y Elías Alippi. Durante largos años se la consideró una de las diez mejores películas del cine nacional, por la calidad de su historia, las actuaciones y la naturalidad y eficacia de sus diálogos. En esta historia Sabina interpreta a Felisa Salazar. La eterna novia cometió el error de elegir a un novio socialista (Arturo García Buhr), quien pregona la justicia social, se proclama ateo, y por negarse a contraer matrimonio por la Iglesia, pierde al amor de su vida. Todo en un poderoso fresco de la clase media alta en las primeras cuatro décadas del siglo pasado, escrito por Arnaldo Malfatti y Nicolás de las Llanderas, y que ya había sido un resonante suceso teatral, con los mismos estelares, en 1934.

Sabina Olmos - Mujeres que trabajan

La década cerraría con otro clásico, “Carnaval de antaño” (1940) de Romero, en la cual inmortaliza la famosa frase, entre las diez memorables de todas las épocas del cine nacional, “Ya no soy tu Margarita, ahora me llaman Margot” en los brazos del amor de su vida en la vida real, el famosísimo cantor Charlo -Carlos José Pérez de la Riestra- Uno que amaba tanto, “fue el único amor de mi vida. Siempre he dicho que he sido feliz y desdichada con el mismo hombre”, recordaría Rosa, que accedió abandonar la actuación por los celos del marido, y enfocarse en el canto, dejando languidecer los kilates ganados. Y no solamente en la sucesión de comedias con Marshall y Enrique Serrano sino también el comedia musical con Juan Carlos Thorry, “Yo quiero ser bataclana” (1941), quizá el primer intento argentino del género a nivel Broadway, y el drama, empezando con “Historia de una noche” (1941) de Luis Saslavsky, una oscura historia de revancha con López Lagar.

Albéniz” (1947), que recreó la vida del célebre compositor Isaac Albéniz durante la epidemia de Fiebre Amarilla de 1870, le valió a Sabina el premio a la Mejor Actriz de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas Argentina, y nuevamente recibió un Cóndor por Mejor Actriz de Reparto, en su participación en “La gata” (1947)​ con Zully Moreno y Alberto Closas, donde lisiada soportaba cómo su marido espiaba a la hermana. El intenso “Tierra del Fuego” (1948) de Soffici, otra vez con Pérez Lágar, significó casi una apresurada despedida de los set, a los cuales no volvería hasta 1962 con el fracaso estrepitoso de “Pesadilla”, quiebra financiera, quiebra con Charlo, de quien se separaría en 1969.  En verdad la despedida la escuchamos en “Rosas de abril” en el debut de director cinematográfico de del Carril, “Historia del 900” (1949),  “Y si tu corazón me das/he de sentir/la dulce paz/de mi vivir”, desgrana con anhelo derrotado Sabina, un vals que estrenó Carlos Gardel en 1927.

Sabina Olmos

Ferviente peronista Sabina Olmos, al igual que Charlo, se les cerraron las puertas en la Argentina posterior a 1955, incluso ex compañeros como García Buhr la incluían en listas negras, y emprendió interminables giras en América y España,  que reafirmaron la fama ganada en un Continente con la pantalla grande. “Durante su paso por la península ibérica, la pareja grabó unos cuantos temas, que certifican su éxito en aquellas tierras. Uno de ellos es “La cumparsita”, en la que Charlo le hace la segunda voz a la cálida Sabina. El registro es hermoso, la voz de Sabina es muy dulce y el arreglo de Charlo, además del acompañamiento con su propio acordeón le dan un envoltorio precioso. Los versos de Pascual Contursi  son realzados por la pareja y es realmente una grabación con resonancias del peso de dos artistas  muy populares que supieron encontrarle otra arista a este histórico tema”, destaca José María Otero en Tangosalbardo.blogspot.com, de los pocos registros de los tonos bien criollos de Sabina. El investigador Ubaldo Rodríguez acotaba sobre su faceta como cantante, “dueña de una voz agradable, suave, pero firme y potente, estuvo a la altura de las grandes intérpretes de su tiempo como Libertad Lamarque y Amanda Ledesma, siendo muy aceptada por el público por su personalidad y su particular estilo... Es necesario destacar que Sabina fue una mujer apasionada por el tango, por la actuación y por el amor. Tres recuerdos que viven en la memoria de la gente. Pasión que se refleja y perdura en la cálida armonía de su voz”, cierra en un pintura de lo que vendría, un triste y solitario final debido al fin del amor. Y no se puede vivir sin amor, póngale el origen que quiera, los otros, las parejas, los animales. Tal vez por ello Sabina funda en 1974 el Movimiento Argentino de Protección Animal (MAPA) junto a Luis Sandrini, Tita Merello y José Marrone.

Plato de lentejas

Tras el fracaso de la película que produce en 1962, queda en bancarrota, y acepta papeles irrespetuosos con la trayectoria, en cine “Hipólito y Evita” (1973) e “Intimidades de una cualquiera” (1974), o en televisión, “Simplemente María” (1969) y “Estación Retiro” (1971). Parcialmente revindicada con el retorno del peronismo en 1973, se la designa como relacionista pública, y a cargo de una galería de arte, en Canal 11. En los ochenta, siempre solicitando favores, consigue un papel destacado en “Hoy ensayo Hoy” de Rodolfo Graziano en el Teatro de La Ribera, un homenaje a las viejas glorias del espectáculo como ella, y “La inhundible Molly Brown” con Susana Giménez, que pasa también a asistirla financiera. Entre varios artistas consiguen una pensión del Instituto Nacional del Cine y un senador, a instancias de Legrand, facilita un departamento en Villa Lugano, uno de los barrios que había inaugurado el presidente Perón en los años felices de Sabina, debido a que su antiguo hogar céntrico fue a remate. Hambre, desprecio, depresiones y desocupación, agravada cuando fue despedida por las nuevas autoridades de telefe, con alguna pasajera alegría como el fugaz retorno al cine en “Siempre es difícil volver a casa” (1992) de Jorge Polaco, no pudieron contemplar otro final que describe el cronista del diario Clarín el día después del 14 de enero de 1999, “Atormentada por una aguda depresión, ayer, a las 6 de la mañana, Sabina Olmos (85) se arrojó al vacío desde la ventana de la cocina del departamento que ocupaba en el noveno piso de Pedro García al 5000. Cayó en el jardín interno del edificio de Villa Lugano, desnucándose. El suicidio fue una decisión que venía aguijoneando la mente de la actriz en los últimos tiempos, ya que en diversas ocasiones había confesado su deseo de matarse, acorralada por problemas económicos y carencia de afectos” Para conservar a la tierna y chispeante Rosa, distinta a la sufrida y angustiada Sabina, recordemos que unos meses antes invitaba al presidente Menem a su hambreado departamento, ella una desocupada desesperada más del país de un tercio negado. Con un plato de lentejas, en la década del champagne con pizza.

 

AgradecimientoGrandes de la Escena Nacional

ImagenesGrandes de la Escena Nacional

Fecha de Publicación: 20/02/2022

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