clima-header

Buenos Aires - - Jueves 06 De Octubre

Home Gente Espectáculos Rodolfo Bebán. Alta Comedia de un Hombre de Honor

Rodolfo Bebán. Alta Comedia de un Hombre de Honor

Mojones de una carrera que alumbró, tras el secreto de sus ojos, clases magistrales de actuación. Tres momentos memorables que alimentan el recuerdo y el aplauso eterno.

Espectáculos
Rodolfo Bebán

Hacía un largo tiempo que Rodolfo Bebán había elegido la compañía de sus seis hijos, y nietos, a la vorágine del espectáculo. Algo inusual para un actor, que necesita el mimo  del público y -supuestamente- la vidriera de la medios. Bebán que supo construir del misterio el mito del galán inoxidable, desde que su sonrisa ganadora de porteño, y una voz varonil de fierro, conquistaba a Bárbara Mujica, a mediados de los sesenta. Acorazado con un mirada celeste profunda, que parecía observar siempre más allá, más acá, este cronista recuerda percibirlo escurridizo en algún encuentro de prensa de “Camino al amor”, la última novela en 2014. En esos días confesaba, “yo nunca había hecho una tira, siempre programas semanales ¡Esto es terrible! El trabajo es agotador, y a verdad que la paso mal. Pero me la banco”, redondeaba el artista, con miles de horas de tevé y teatro, y un poco menos, de cine. Bebán parecía incómodo, al igual que cada vez enfrentaba a la prensa, desde los días de gloria de la novela “Malevo”, y eso que fue uno de los mayores actores argentinos, quizá de los mejores trágicos contemporáneos en compañía de Alfredo Alcón y Alejandro Urdapilleta.

Y dando una respuesta a fines de los ochenta, que rezuma el alma de este caballero de fina y triste estampa, “me cuesta mucho menos hacer un Hamlet que un personaje de comedia -recupera Marcelo Stiletano-. Esta respuesta tiene sentido porque soy un ser volcado hacia la depresión y la angustia y cuando me enfrento con algún papel donde tenga que aflorar lo cómico o lo divertido experimento un gran temor de no dar en la tecla justa, precisamente porque no soy ni cómico ni divertido”, remataba unos meses antes del gran quiebre en la carrera profesional, y personal, de Rodolfo Bebán. Cuando los ojos del gran amor de su vida, Gabriela Gili, se cerraron en 1991, el azul fue más negro que nunca en Rodolfo.

RODOLFO BEBAN

“Mi gran amor es el teatro. Nací y me crié en él. Cuando no lo hago, lo extraño”, eran las frases que solía repetir Rodolfo, nacido el 25 de mayo de 1938 en Ciudadela con el apellido Tilli. Que cambiaría por Bebán similar el padre, un director de teatro, y con quien tuvo un conflictiva relación. Decidido a convertirse en piloto civil en Córdoba, un prueba para “Fuenteovejuna” fue su primera aproximación a los clásicos universales; Bebán que los recitaría como pocos tal cual registró en el programa radial uruguayo que mantuvo en la última década, “Una cita con los mejores”. Al regresar de un viaje iniciático por Europa, donde representó veintiañero “Orestiada” de Esquilo en España, se la juega abandonando un empleo muy bien remunerado, en relaciones públicas, para una pequeña intervención en una novela,  que estaban armando los nuevos gerentes cubanos en Canal 13. Debutaría el 17 de mayo de 1964 en “El amor tiene cara de mujer” y nada detendría un carrera, que en palabras de Pablo Gorlero en el diario La Nación, el día después del fallecimiento de Rodolfo, el 14 de agosto de 2022, alcanzan cumbres en “la fiereza" de su Juan Moreira; la galantería hecha poesía en “Los muchachos de antes no usaban gomina” (1969); su marca de guapo romántico en “Malevo”; su repulsivo Lucio Santini en “El precio del poder”; la rebeldía y la soberbia en “Cumbres borrascosas” (con la enorme Alicia Bruzzo) (1978), y el descontrol desenfadado en “Diario de un loco” (dirigido por su padre sobre el cuento de Gogol)”, y sumemos el descomunal Ecuménico López en la puesta del Teatro Cervantes de “Un guapo del 900” (1982) o el Romeo de la arriesgada puesta televisiva de “Romeo y Julieta” (1966), por María Herminia Avellaneda.

“No soy un taba que puede caer de un lado o de otro. Yo caigo en lo que caen los hombres”, sentenciaba Ecuménico, refrendaba Bebán con una trayectoria, que pudo haber tenido algunos deslices -allí los simples cantados de principios de los 70, cuando Bebán era tapa de revistas obligadas, muchas por la lente de Annemarie Heinrich; o alguna película pasatista- pero que mantuvo una convicción inquebrantable, “siempre hay que buscar una proyección hacia algo más. Y posiblemente este sea el mejor ejemplo que uno pueda dejar. Ir siempre a más”, tanto más allá como transportaron los ojos azules de Rodolfo Bebán en estos trabajos deslumbrantes y señeros para generaciones y generaciones.

El amor tiene cara de mujer (1964)

El actor se había iniciado en el teatro de repertorio en 1955, con el director Pedro Escudero en “Música en la noche”, y tuvo un pequeña participación en tevé con “La Hora Fate” (1962). Y, de vez en cuando, realizaba funciones los fines de semana dentro de un grupo vocacional, sin dejar de estudiar con los mejores maestros.  Vivía cómodo en Castelar, zona oeste del conurbano bonaerense en la cual vivió siempre; y a que a fin de los 90, con su político honesto de “Marco, el candidato”, hizo que algunos soñaran en tenerlo de intendente municipal en Morón.

RODOLFO BEBAN, JORGE BARREIRO y MERCEDES CARRERAS

Volvamos a los sesenta y suena el timbre del aún desconocido Rodolfo Bebán. Era un apuntador de Canal 13 para avisarle que estaban buscando, por dos o tres programas, un galán para Bárbara Mújica, en una historia de Nené Cascallar, y que de tan simple auguraba poco. Simplemente imaginaban un Instituto de Belleza que recibía de lunes a viernes distintas realidades, “siempre comenzaba con una pequeña charlita entre la patrona -Delfy de Ortega- y las tres empleadas -Mujica, Iris Láinez, y quien sería la esposa de Bebán, Claudia Lapacó- con cosas de actualidad”, y, de vez en cuando, aparecerían tímidos galanes. Y lo que empezó como una prueba de lunes a vienes, en el horario vespertino de Canal 13, tanto Bebán como para el resto del elenco y productores, se transformó en un suceso de tres temporadas. Inmediatamente Bebán integraría la continuación del mismo equipo creativo, Cascallar a la cabeza, “Cuatro hombres para Eva” (1967) con José María Langlais, Eduardo Rudy y Jorge Barreiro, imprimiéndole a su Mario Di Bianchi una tortuosidad detrás de la sonrisa, en un abogado ambicioso y trepador que deliraba en que sería presidente. No solamente anticipa algunos rasgos turbios que explotaría en las series posteriores, el Santini de “El precio del poder” (1992/93), sino que este abogado lo zambulle en el pathos porteño, y que serían la marca de Bebán en las novelas siguientes, “Malevo” (1972),  “El cuarteador” (1977) o “Los especiales de ATC” (1982) con Oscar Barney Finn; o las puestas teatrales y cinematográficas.

Cuatro hombres para Eva

Otra marca, menos visible, es el precio de la fama para el elusivo y retraído Rodolfo “La manera en que llegó la popularidad a mi carrera me dejó algunas secuelas. Fue algo muy rápido”, afirmaba Bebán apagando el grabador. Jamás el actor se prestaría a “opinar de cualquier cosa” en los medios, un hombre con códigos, y mantuvo un bajísimo perfil.

RODOLFO BEBAN y JORGE BARREIRO

Juan Moreira (1973)

Leonardo Favio declaró que Rodolfo Bebán había sido “la mejor arcilla que tuvo en sus manos”, y señaló que el éxito en la soberbia composición de Juan Moreira había residido en una extraña fuente de inspiración del actor: Toshirō Mifune en las películas de samuráis de Akira Kurosawa. “Nunca si hubiera fijado en mí sin las telenovelas”, admitía Bebán de un momento bisagra en la carrera de ambos; si bien encarnando a Juan Manuel de Rosas en cine (1972) había dado muestras de su profunda lectura de la historia popular. Favio  abre con Bebán el ciclo de películas operísticas, distantes de las intimistas anteriores, y “Juan Moreira” (1973) es el salto de fe, a pleno color. Película estrenada un 24 de mayo de 1973, un día antes de la asunción del presidente Cámpora, marcó una etapa del cine nacional de éxitos de taquillas, que difícilmente sea superado. Suceso de semanas y semanas en cartel por en un país esperanzado y, sin embargo, con negrísimas y trágicas tormentas por acontecer; escondidas visionariamente en el sol de la secuencia final, parecidas a las que persiguen sin cuartel a Moreira, símbolo de una derrota -individual y colectiva- inevitable.

De este lado de la cámara, Bebán talla una interpretación a la altura de una epopeya griega; que hará que los directores y productores vean que es más que un actor de moda. A los pocos años coprotagonizará la aclamada “Lorenzaccio” (1978) en el Teatro Blanca Podestá, con la dirección de Omar Grasso, y junto a Alcón. Un actuación del actor en el film de Favio que parece salida del “inconsciente de la Patria”, en la feliz expresión de Alan Pauls, porque contiene multitudes, y que solamente un enorme artista como Rodolfo podía realizar cabalmente, comprometido. Retomando la comentada secuencia postrera, “corre hacia la libertad por el patio -en el guión de Favio y Jorge Zuhair Jury- Corre. El viento le alza la cabellera. En el rostro se le empieza a dibujar una sonrisa. No le duelen los dolores a Moreira. Allí está cerca su libertad. Pero antes tiene que saltar un muro, un muro que tarda en llegar”. Fin.

Filosofía de vida (2011)

Durante los sesenta y setenta Rodolfo Bebán integró la Comedia Nacional del Teatro Cervantes y, a la par, trabajó con luminarias y talentosos: “Las Amorosas” con Susana Campos, Fernanda Mistral y  Lydia Lamaison; “La extraña pareja” con Palito Ortega -dos años antes que la película norteamericana sea un clásico inmediato-; “Vivamos un sueño” junto a Claudia Lapacó; “Las mariposas son libres” con Ana María Campoy, China Zorrilla, Gili y una inexperta Susana Giménez -junto a ella lanzaría un simple cantando-; “El Sable”, de Pacho O'Donnell; y “Dorrego” de David Viñas, entre otras.

RODOLFO BEBAN y SUSANA CAMPOS

Hacia los dos mil, salvo alguna esporádica aparición en tevé, “Ciudad de pobres corazones” (2002) y “Hombres de Honor” (2005), Bebán estaba prácticamente retirado, poco recordado, por lo que sorprendió el regreso a las tablas en 2011 en “Filosofía de vida” del mexicano Juan Villoro, con dirección de Javier Daulte “El acontecimiento del año” en el Teatro Metropolitan de la avenida Corrientes reunía a dos titanes, Alcón y Bebán, y un poco de morbo, ya que volvería a encontrarse con Lapacó. Con la actriz estaba distanciado desde la tormentosa separación de fines de los sesenta.

"Este texto es una descarga de metralletas con cada palabra. Repaso en casa y me pregunto «¿cómo hago esto?» Dios mío. El autor nos pone frente a un desafío superlativo. No quise tener más información. Stanislavski contaba que le fue muy difícil hacer Hamlet porque justamente tenía demasiada información", contaba humilde el gran actor Bebán a la periodista Laura Ventura. Esta historia de dos viejos colegas, con varias cuentas y amores pendientes, sería la despedida del eximio Rodolfo Bebán de su querido Templo, el Teatro. "Ser fiel a uno mismo requiere además de una gran responsabilidad. No siempre es el camino más sencillo. Pretendo nunca tener que traicionarme a mí mismo", se despedía Bebán.  Y sus ojos transparentes azules, de nuevo, marcan el camino.

 

Agradecimiento / Imágenes: Grandes de la Escena Nacional

Fecha de Publicación: 18/08/2022

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

"Son la capital mundial del teatro en español"
Israel-Chas-de-Cruz Chas de Cruz: un cazatalentos del cine nacional

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Editorial
Alberdi Alberdi. Yo acuso la barbarie letrada y la política militante

El pensamiento argentino en sus propios Hacedores, en la serie exclusiva de Ser Argentino. El padre...

Arte y Literatura
Bienal 2022 Bienal Argentina de Fotografía. Tucumán hace click

Del 5 al 8 de octubre la fotografía americana pasa por San Miguel de Tucumán. Entrevistamos a una de...

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Edificio Kavanagh Historia de los barrios porteños. Era de palacios y rascacielos

Hubo una Buenos Aires que soñó con palacios de cuentos y rascacielos de película. Aún en pie, son lo...

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Villa Urquiza Historia de los barrios porteños. Villa Urquiza, por Amor de los Vecinos

De los 48 barrios porteños, singular es Villa Urquiza que creció en el empuje de los vecinos. Ellos...

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades