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Buenos Aires - - Sábado 28 De Mayo

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Roberto Casaux. Hoy tenemos bastante público

Pieza a pieza, frenético, este actor popular construyó en un poco más de diez años una tradición de comedia milimétrica, sin improvisación, que moldearía también el humor nacional.

Espectáculos
Roberto Casaux

Era el atardecer de un otoño de 1929. Roberto Casaux, un as en la trifecta de cómicos dorados de la generación fundacional de Pepe Podestá y Florencio Parravicini, repasaba los detalles de la obra a estrenar en la compañía de Elías Alippi y Carlos Schaefer Gallo, “El candombe federal”. Ya había montado varios obras exitosas con su compañía en ese mismo Teatro Nuevo, de más de 300 funciones, ya había integrado el elenco del “El movimiento continuo” (1916) de Armando Discépolo, piedra angular del grotesco criollo, y secundado profesionalmente al morcilleo de Parravicini en un tándem anticipatorio de Alberto Olmedo y Javier Portales, ya había cantado con el guitarrista José Razzano, ida y vuelta, entre Buenos Aires y Montevideo. De repente se empezó a sentir mal, el bromuro que tomaba desde los diez no mitigaba los dolores de garganta, tampoco el viaje a Europa el año anterior alcanzó, en compañía de su esposa, la actriz Esperanza Palomero. Y el Gordo Casaux se desplomó. Enseguida los técnicos, los actores y las secretarías corrieron en su ayuda. Abrió los ojos el cómico y exhaló en el último suspiro, este maestro de actores, “Hoy tenemos bastante público” Días después Roberto Casaux convocó en la avenida Corrientes angosta una multitud en su funeral, sólo comparable unos años después al gran amigo del Café de los Angelitos de avenida Rivadavia y Rincón, Carlos Gardel.

Roberto Casaux - El movimiento continuo

Las raíces del teatro argentino están en el arte circense y la comicidad, casi bufonesca, también viene del picadero. Pero en Roberto Casaux la marca de nacimiento era imperceptible porque fue  actor que se formó directamente en el teatro, quizá de los pioneros que perfeccionaron su instrumento función a función, en las temporadas de no menos de diez obras, cientos de funciones. Vino al mundo el 9 de agosto de 1885 en Buenos Aires, hijo de franceses, bajo el nombre de Roberto de Cazaubon. “En la peña del café nocheriego nos reveló, de pronto, con una simplicidad de adolescente en recreo escolar, sus habilidades maravillosas de imitador fónico, sin otras ulterioridades que las de divertir los contertulios”, recordaba Enrique García Velloso de la noches de bohemia, donde un joven Casaux se acercaba a las mesas de los Parravicini o Florencio Sánchez, enamorado del teatro pese a que su padre, un financista, pretendía un futuro detrás de un mostrador bancario. Asombraba a los dicharacheros contertulios de “Los inmortales” la asombrosa facilidad en la imitación y la vasta cultura, que sumaba un conocimiento de varios idiomas -fundamental en la Buenos Aires Babel de cambio de siglo. “Vittone no sabiendo a quién dar el papel de francés -en “Julián Giménez”- me rogó que lo interpretara”, confesaría el ahora llamado Casaux, un aliteración artística posterior que buscaba simplificar apellido, sobre el instante que entra definitivamente al teatro, por la defección del anterior primer actor de la compañía, Parravicini, “con un único ensayo salí a escena. Una carcajada general saludó mi estrafalaria caracterización. Esto me cohibió un poco, luego me largué y obtuvo un triunfo completo. Al día siguiente los diarios señalaban la aparición de un nuevo actor…y así empecé a ser Casaux”, reflejando su triunfo en el Teatro Nacional en 1909.

“Todo Buenos Aires habrá entablado relación con el doctor Gregorio Palleja”

Inmediatamente Parravicini lo convoca para ser su contrafigura y durante tres años Casaux teje la red para que se lance al vacío Parra. Ya en aquellos primeros aplausos afina un método nuevo para el actor argentino, un respeto fiel al texto, y un estudio meticuloso de los caracteres a interpretar, especialmente extranjeros. Por la misma época participa de la que varios investigadores señalan la primera película argentina argumental, “El fusilamiento de Dorrego” (¿1908?) de Mario Gallo.

Alrededor de 1915, Casaux ingresa en la compañía culta de Pagano-Ducasse, dramaturgia de Joaquín de Vedia, y desde el Teatro Apolo obtiene la atención de la crítica, un cómico que no era “verde” -soez como Parravicini- y era el “más estudioso de nuestros actores”, en “El Halcón” y “Las de Sarrasqueta”. Sería el arribista de Gregorio Palleja, en “El distinguido ciudadano” (1915), que lo estampa en la memoria de los teatreros, “me impresionaba, sobre todo, el relato que hacía mi padre (con la mímica correspondiente) de la gran caracterización de Casaux como el Gordo Palleja, protagonista de su mayor éxito, “El distinguido ciudadano”, de Saldías y Casariego”, rescataba Ernesto Schóo en el diario La Nación en 2013. “Puede decirse que todo Buenos Aires habrá entablado relación con el doctor Gregorio Palleja”, decía la prensa, asombrada de la pieza que superaba en las recaudaciones de los imbatibles Parravicini, Podestá, Olinda Bozán. Al año siguiente estrenaría “El movimiento perpetúo” de Discépolo, Rafael José De Rosa y Mario Falco, inspirado en el dueño catalán de Los Angelitos, y que abriría el surco para el grotesco, de larga vida en el teatro nacional. El monólogo Noy Astrada, validando un supuesto invento que sería la panacea universal, parece salido de una novela de César Aira, basta chequear en inet.cultura.gob.ar

“Roberto Casaux fue un protagonista privilegiado de esa Babel”

A partir de 1918 queda a cargo de su propia compañía, separado ahora de Lola Membrives. Especializándose en sainetes, que explotan su facilidad para el cocoliche, esa lengua local con retazos de otras lenguas, el público que va cambiando lo acoge con fervor, inmigrantes que empatan o superan a los criollos, pero la crítica objeta la falta de “costumbrismo”. “En tal sentido, Roberto Casaux fue un protagonista privilegiado de esa Babel de gestos y lenguajes que se convirtió Buenos Aires”, acota el investigador Isidro Salzman. Cuando Casaux tuvo a su cargo por primera vez a un personaje alemán, el profesor Regemburg en la pieza “Instituto internacional de señoritas” (1918) de García Velloso, tomó lecciones del idioma para mejorar su fonética; algo impensado en los primeros pasos de las tablas rioplatenses.

Tal ductilidad y compromiso actoral es captado antes por la platea, que lo consagra en su primer papel enteramente dramático en el Teatro Argentino, “M. Ferdinand Pontac” (1922), personificando a un industrial cansado de mantener a una “familia de inútiles”. En 1923 adquiere la sala Victoria y estrena sus propias producciones, entre ellas “En un burro, tres bataburros”, especialmente escrita para el actor por Alberto Novión, autor sainetero cercano a la sensibilidad popular de Evaristo Carriego. A los dos años se instalaría en el Teatro Nuevo de la avenida Corrientes con otro gran suceso, más de 700 funciones, “Trifón y Sisebuta”, una adaptación de García Velloso de la tira “Pequeñas delicias de la vida conyugal” de Mac Manus, que resultaba la sensación en las páginas del diario La Nación. Para la generación de Los Locos Años Veinte, Casaux sería por siempre Trifón, con sus bigotes y chaleco de cinco botones, rezumando las pequeñas odiseas de los -acomodados- matrimonios de la época. El subidón del suceso hacen que el actor no pare de trabajar, once estrenos en 1928, sin importar el deterioro físico, destacándose “El mundo y yo no estamos de acuerdo” con Alippi. “El alma de la casa” será la última pieza representada antes de fallecer, el 30 de mayo de 1929, en las oficinas del teatro, repasando la letra, a los 44 años. En el rescate de Salzman de las palabras de Octavio Ramírez en 1932, “Todo Buenos Aires desfiló aquella noche por el vestíbulo funerario del Nuevo. Casaux estaba arraigado en su público por un resorte más sólido que la risa: por un acendrado, por un íntimo cariño”, y en el diario “Última Hora” de 1929, “Roberto Casaux sacudió a esta indiferente Buenos Aires” Porque éste capocómico, éste artista, fue el primer orgullo de los inmigrantes que estaban haciendo, de verdad, una ciudad.  

 

AgradecimientoGrandes de la Escena Nacional

Fuentes: Salzman, I. Roberto Casaux: un gran actor popular casi olvidado en Pellettieri, O. (dir) “De Toto a Sandrini: del cómico italiano al actor nacional argentino”. Buenos Aires: Galerna. 2001; García Velloso, E. Memorias de un hombre de teatro. Buenos Aires: Eudeba. 1960; Ramírez, O. s/f El recuerdo de Casaux. Instituto Nacional de Estudios de Teatro. T.6 Nro. 11, 355. Buenos Aires.

ImagenInst. Nacional de Estudios de Teatro

Fecha de Publicación: 28/04/2022

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