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Pepe Arias. El bataclán metafísico y subversivo

Un actor excepcional que dominó la comedia y el drama durante medio siglo. Maestro del Teatro de Revistas, adelantado del monólogo en la radio y las tablas, fue el más taquillero de los tiempos dorados del cine argentino.

Espectáculos
Pepe Arias

“Queridos Filipipones” era el latiguillo del Hermano José que escucharon durante décadas las audiencias de La Quiaca a la Patagonia. Y la sonrisa familiar no paraba cuando monologaba Pepe Arias, un fino observador de los usos y abusos de las costumbres argentinas, al igual que un discípulo, Tato Bores. Arias empezó a descollar en el brillante teatro nacional de los veinte, maestro de la repentización y el morcilleo, y allí se instaló como el Rey del Teatro de Revistas durante medio siglo, influyendo a José Marrone, Alberto Olmedo, Nito Artaza y la lista continúa. Esa desgarbada porte mezcla de Charles Chaplin y Buster Keaton, y esa voz de Mefistófeles derrotado de café porteño, conquistó el cine desde Tita Merello a Isabel Sarli, enmarcando los mayores éxitos de taquilla de salas céntricas y barriales. No existe nuestro Pepe Arias en el mundo, quizá solamente comparable al Rey de la Comedia norteamericano, Jerry Lewis. Sobre todo, Pepe fue Cómico de la Nación Argentina que dictó cátedra entre plumas y tachos de la avenida Corrientes: "El monólogo tiene una clave: es una especie de reportaje político; yo leo los titulares de los diarios y cuento las noticias en el escenario agregándole un comentario jocoso. Pero siempre hay que actualizar la información: un chiste político del jueves no hace reír el viernes" Hablando de la risa satírica de la actualidad, mueca triste más bien, en un monólogo de Arias de 1966 en el Teatro Maipo, repasando 40 años de política y algo más, “Después le tocó a Illia…le pusieron Tortuga. Ya sabés el -final…”Vicente -su personaje, ordenanza de la Casa Rosada, impecable guardapolvo-…estos que vienen van a hacer tantas macanas que al final todos van a extrañar a la Tortuga, acordate” ¡Cuánta razón viviendo lo que vino después, Pepe!

 

 

Uno de los mayores éxitos de Pepe Arias en cine resultó “Mercado de Abasto” (1955), de Lucas Demare, escrita por Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, donde Arias interpreta a un carnicero que se enamora de otra puestera, encarnada por Tita Merello, y la cantante estrena en la cinta “Se dice de mí” de Ivo Pelay y Francisco Canaro. Podrían ser los grandes detalles de la película si no fuera porque para Pepe, además de la chance de volver a la pantalla luego del congelamiento impuesto en el peronismo -dicen que en un monólogo habría dicho que el presidente Perón imitaba su manera de actuar y decir-, era un retorno emotivo al barrio que lo vio crecer, el barrio de Carlos Gardel, Aníbal Troilo y tantos artistas. Había nacido el 17 de enero de 1900 -o 16, según otras fuentes-, y se formó al lado de nombres fundacionales del teatro nacional, como Luis Arata y Enrique Da Rosas, manejando a la perfección todos los recursos inherentes al sainete y al grotesco con un rostro extremadamente maquillado. Subió por primera vez a un escenario en 1916, en el Teatro Excelsior, y rodó en los escenarios de Uruguay, Chile, Bolivia y Perú.

 

 

A los pocos años ya actúa en la compañía de los Hermanos Ratti en el Teatro Apolo y se consagra como el Rey de Monólogo de la Revista criolla de “muchos cuadros y poco ropa” Aunque varios de sus espectáculos de la década siguiente fueron lapidados sistemáticamente, dirigido por Manuel Romero, “Justo está patilludo”, "Adelante con los impuestos", "Mejor están en Shangai", "Gran remate nacional", "¿Volverán las oscuras golondrinas?" y "Con Pepe Arias no hay más crisis", eran remedados siempre con un “Pepe Arias es el héroe de cada noche, salvando el fiasco”, en críticas de los diarios masivos.

El actor, director y guionista reveló con los años que prefería el teatro,  antes que el cine, la radio o la televisión “una hoguera espantosa que quema con la rapidez del rayo", porque le llegaba “ese aliento de actuar ante el público que es la mejor guía para regirse. En el teatro – se explayó el actor que obtuvo el premio municipal a mejor actor dramático por su actuación en "Ovidio" de Laurent Doillet, en el prestigioso Teatro Odeón, en 1942 -, hablo yo y hago una pausa, todo lo extensa que quiera. Una mueca, un ademán, muestro una intención y el público ríe. O comprende que va a reír y que el gesto o la pausa son teatrales. En radio se hace la pausa y el oyente cree que la transmisión ha terminado…y en cine, hay que ser más actor que en radio y teatro. La máquina está atenta y es fiel para registrar hasta el más mínimo pestañeo”, cerrando quien hizo un antecedente de la porteñísima “Peluquería de Don Mateo” en los cuarenta, veinte años antes que los hermanos Sofovich. Sin embargo a Pepe Arias se lo recuerda en los pueblos aún como a uno de los más importantes actores cómicos de radio. Comenzó en Radio Stentor en 1934, en donde presentaba sus monólogos referidos a la actualidad del momento, y también trabajó en Radio Belgrano, El Mundo, Splendid, y en Radio Carve, en Montevideo.

Pepe Arias

Sus personajes hitos fueron Justo Justino Reyes, un pícaro abogado, el maestro Vistobueno Ciruela -del cual Bores tanto aprendió, acelerando la dicción frente al lento labio de Pepe- y el Hermano José, en 1940. Aquel era un curandero que engañaba a las personas aprovechándose de su inocencia, una especie de precursor del Manosanta de Olmedo, y a partir de ese personaje, se hizo popular el término "Filipipones", que se transformó en un vocablo usual para designar a las personas ingenuas y comunes. Tanto éxito obtuvo que saltó a la pantalla grande con Antonio Momplet en 1941.

"Con Pepe Arias no hay más crisis"

“Es fascinante porque es lo más anticinematográfico del mundo y sin embargo funciona en su personaje en la mayoría de las películas que hizo. Tiene un decir que es completamente ajeno al tempo del cine. Cansino…pertenece a la revista. Creo que es un ejemplo…de cómo en nuestro cine uno no va a encontrar una influencia de la plástica, pero va a encontrar una influencia de otras formas del arte popular, que no aparece en otra cinematografía. No existe un Pepe Arias en otro cine. Además, encontró personajes a la medida de él. Sobre todo los personajes que evadían un poco lo sentimental”, sentenciaba el investigador Fernando Peña al historiador.com.ar Pepe Arias fue pionero del cine sonoro, estuvo Pepe El Bonito (ja!) en la fundacional “¡Tango!” (1933), con todas las estrellas de la época desde Libertad Lamarque a Luis Sandrini, y filmó luego 24 películas, incluyendo “Maestro Levita” (1937) de César Amadori –“convoca lágrimas emotivas, a 45 años de realizada y no por una nostalgia de trasnoche sino por su humilde mensaje de humana calidez; por aquella secuencia en que Pepe Arias, imposibilitado de volver al pueblito, debe vender diarios y les enseña las primeras letras a los canillitas”, en la reseña de Roland de 1984-, la crítica social lúcida de "Kilómetro 111"(1938) de Mario Soffici,  "Fantasmas en Buenos Aires"(1943) de Enrique Santos Discépolo, el empleado público sin fecha de vencimiento de "Rodríguez Supernumerario" (1948) de Enrique Cahen Salaberry , “Fúlmine” (1949) -una increíble reinterpretación del célebre personaje de Divito, que mucho no agradó al humorista gráfico-,  hasta la póstuma "La señora del intendente"(1967) de Armando Bó, donde lució al lado de Isabel Sarli, Doña Flor Tetis.

Pepe Arias

“Se vienen tiempos muy duros y tristes en la Argentina. Suerte que yo no voy a estar vivo para presenciarlos"

"Desde 1920 vengo haciendo revistas y nunca tuve grande problemas. La broma política es uno de los elemento fundamentales de la revista porteña. Los autores dan la línea del asunto y uno rellena esas líneas. La política es un juego para caballeros. El público lo entendió siempre así, en lo gobiernos de Yrigoyen, Alvear, Uriburu, Justo, Ortiz y Castillo. Salvo un período donde las sátiras desaparecieron de los escenarios revisteriles, no pasó nada. Aquellos gobernantes y dirigentes políticos sabían reír. Sabían que el humor convertía a la política en un juego y lo despojaban de la solemnidad y de la seriedad, que siempre son peligrosas. Porque la política es juego de caballeros, y quienes no son caballeros no pueden actuar en política" decía Pepe Arias en 1956 como la figura exclusiva de los teatros Nacional y Tabarís, cuando la compañera de cartel era la inalcanzable Nélida Roca. Asentado el hombre de “los hombres que las mujeres solamente besan en la mejilla" con la inseparable Petrona Bustos en Pinamar, iba y venía de Buenos Aires para los últimos espectáculos de revistas como “Operación Bikini” de Carlos A. Petit. Alternaba esas noches con las hermanas Pons y la Rojo, y otras leyendas de la risa, Adolfo Stray, Marrone y Diana Maggi, con paquetas reuniones en el Hotel Alvear; a Pepe de los últimos telones en realidad le gustaba más este ambiente aristocrático y patricio que las veladas sin luna de sabiondos y suicidas. A la prensa de principios de 1967 declaraba,  “Se vienen tiempos muy duros y tristes en la Argentina. Suerte que yo no voy a estar vivo para presenciarlos", afectado el actor por el asma y el cansancio; quien algunos se atreven a ponerlo como precursor del stand up, sabiendo poco de sus raíces de teatro criollo con olor a circo. Un 23 de febrero de 1967 Pepe Arias dijo "No salgo de esta" y  a las cinco de la tarde murió mientras dormía. Uno de los artistas que mejor rasgó las vestiduras de la Argentina. ¿Hablaba de él o del país?

Pepe Arias

Monólogo de Pepe Arias en “Operación Bikini”, 1966

“Aquí donde ustedes me ven, con estos entorchados y galones, hace 40 años que trabajo de ordenanza en la Casa Rosada ¡Cuarenta años! ¡Diecisiete presidentes! Siete constitucionales, diez de prepo…Juan Domingo, que estaba con el bombo en la puerta de Trabajo y Previsión, cazó la mandolina y once años de sinfonía…el Macho era un pericón Balanceo, a la voz de ¡ahura! y el país entero a chupar las medias…al final, los de la Libertadora se ganaron el odio del pueblo. Tenían muchas pretensiones: querían que la gente laburara…mi presidente ideal debería tener la presencia de Alvear, la elegancia de Aramburu, la calma de Illia, la honradez de Yrigoyen, la facilidad de engrupir a la gente del loco…Claro, a menos que apareciera Álvaro Alsogaray por la Casa de Gobierno ¡Es un campeón de la tarta!...cada vez que habla, el país pierde diez mangos ¡Estuvo con Perón! Estuvo con la Libertadora también ¡Con Frondizi fue estrella!...parece que va de embajador a Norteamérica ¡Bien hecho! Estos norteamericanos se lo merecen” o como Pepe Arias encuentra huevos serpientes en los últimos setenta años.

 

AgradecimientoGrandes de la Escena Nacional.

Fuentes: varias dispersas e incompletas de semejante Tesoro Nacional, sigue siendo insustituible y única “Queridos Filipipones, una bio-filmo-radiografía afectiva de Pepe Arias” (Corregidor.1989) del periodista y crítico Carlos Inzillo.

Imagenes: Télam Grandes de la Escena Nacional.

Fecha de Publicación: 17/01/2022

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